Rating y la guerra del narcocorrido

Mauricio Flores, Milenio

 

Con la pena, pero no puedo estar de acuerdo con Jesús Corona, líder del Grupo Exterminador, cuando dice que las historias que dice en sus narcocorridos son equivalentes al trabajo periodístico de reportar lo que sucede en la realidad y que atienden a lo que la gente le solicita en sus recitales. Si la “guerra contra el crimen organizado” que pregona Felipe Calderón es cosa seria, no es admisible la propaganda enemiga en terreno propio. Desde los diseños de psicología social del siglo pasado de Walter Lippman y Edwards Bernays —sobrino de Sigmund Freud— pasando por los de Joseph Goebbels, ningún estado nacional en una guerra ha cedido sus espacios de difusión.

 

Ciertamente que a Exterminador como a otros muchos grupos les debe resultar un negocio atractivo un género demandado desde el núcleo mismo de una sociedad que percibe en la impunidad una forma legítima de vida. Y en medio de la pobreza y la recesión es fácil acusar al gobierno de represor y violador de la libertad de expresión cuando RTC, a cargo de Álvaro Luis Lozano, ha sancionado a 71 empresas radiofónicas de 2001 a la fecha por esas transmisiones de narcocorridos. Sus autores podrán seguir cantándolos, pero su transmisión radial ya tampoco es aceptada por empresarios como Julián Orozco, Emilio Azcárraga de Televisa Radio, los de Radio Triunfos o AlRey por más rating que les pueda aportar.

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