Prensa y violencia

 

Por Héctor Aguilar Camín, publicado en Milenio

La libertad de los medios ha potenciado su poder y, por lo tanto, el poder de la sociedad para darse malas noticias, pues las malas noticias son el negocio de las noticias.

 

Una prensa libre y poderosa es garantía para su sociedad de que no faltará en su mesa, cada día, el registro de las malas cosas que suceden o pueden suceder en su ciudad, su país o el mundo. También de las cosas inesperadas, sorprendentes, aun maravillosas que suceden cerca o lejos, y las reflexiones que las explican, las combaten, las matizan o las multiplican.

A todo eso hay que añadir la pasión y el partidarismo de editores y diaristas, pasión que se refiere no sólo a la sección de política de los diarios sino a la querella de preferencias, opiniones, ataques y tomas de partido que hay en todas y cada una de las secciones de un diario, querella de las que están exentas sólo las cifras de resultados deportivos y las cotizaciones de la bolsa.

La prensa, en suma, es un bien tóxico, es catastrofista y crítica por naturaleza, la vesícula biliar de los países, como dice un amigo. Resulta ocioso pedirle objetividad y mesura porque su tarea no es callarse o bajar la voz, sino vocear las malas nuevas y discutirlas a voz en cuello.

Como nunca, hemos visto cumplirse en México esta tarea histórica de la prensa, esta agitación de la plaza pública que Alexis de Tocqueville apreciaba más “por los males que evita que por los bienes que procura”.

El bullicio incesante de la prensa nos aturde y a veces nos desmoraliza, pero impide cruzarse de brazos a los responsables y cerrar nuestra conciencia a la cavilación de nuestros males. Nos irrita pero nos desahoga y nos informa, aunque sea a gritos, de los males que hemos de atender.

Tan ociosa o vacía como la petición de mesura a la prensa, es la pretensión de la prensa de no estar haciendo otra cosa que reflejar la realidad. No hay más que comparar dos diarios del mismo día para constatar hasta qué punto el reflejo de la realidad y la realidad reflejada en el diario son, en gran medida, construcción de los editores: su versión de la realidad.

Hay algo que pensar para la prensa mexicana de hoy en la manera como eligen todos los días reflejar la violencia asociada al narcotráfico. He oído la sugerencia que en esta materia dio el presidente Uribe hace unos años a la prensa colombiana. “No quiero que se callen nada de esos muertos”, les dijo. “Pero quiero que los pongan donde van: no en las primeras planas, sino en la nota roja”.

Yo, como lector, voy queriendo eso también.

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