Por Epigmenio Carlos Ibarra publicado en Milenio
Me ha tocado en suerte sobrevivir en combates y enfrentamientos que costaron la vida a otros compañeros periodistas. He visto, en El Salvador, al soldado, que emerge de pronto tras una barda, levantar el fusil sobre su cabeza y disparar, sin siquiera apuntar, una ráfaga que casi arrancó de cuajo la cabeza a un compañero fotógrafo salvadoreño que caminaba apenas unos dos metros delante de mí. También vi los cuerpos deshechos de los 4 periodistas holandeses asesinados por el ejército salvadoreño cuando intentaban entrar en una zona bajo control guerrillero. “Vine –nos dijo, en el colmo del cinismo, el entonces presidente José Napoleón Duarte a casi un centenar de reporteros indignados por la masacre– porque me enteré que tenían algunos problemas”. Sigue leyendo