Enterrar enemigos es sembrar conflictos
Tuve oportunidad, hace unos meses, de tener una conversación interesantísima con Joaquín Villalobos. El Sr. Villalobos fue fundador del Ejército Revolucionario del Pueblo, en El Salvador, y fue uno de los mayores líderes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Considerado el mayor estratega militar del Frente, fue uno de los signatarios de los acuerdos de paz en su país, siendo un elemento fundamental en la transición salvadoreña de las armas a la democracia. Desde la segunda mitad de los 90 vive en Gran Bretaña, donde es un investigador de la Universidad de Oxford. Crítico de la izquierda latinoamericana y en específico de sus movimientos radicales, ha sido también consultor en los procesos de pacificación en Colombia, Bosnia, e Irlanda del Norte, entre otros. En esta ocasión, hablamos sobre la lucha contra el crimen organizado en México. La entrevista está grabada, y cuento con su autorización para reproducirla. A continuación algunos fragmentos, de interés especial en estos tiempos. Las palabras de Villalobos son textuales.
VB: México le ha declarado la guerra al crimen organizado, en un esfuerzo sin precedentes. Como asesor en temas de seguridad y conflictos, ¿cuál es tu opinión respecto a estas medidas?
JV: México está haciendo lo correcto. No puede darse sino guerra a los narcotraficantes, aún si es una guerra unilateral, como en el caso de México.
VB: ¿Guerra unilateral?
JV: Sí, puesto que el narco no está dando la guerra frontal al Estado Mexicano. Sabe que no le conviene, no puede arriesgarse a perder su base social. Además, no le interesa.
VB: Entonces, ¿qué tipo de lucha está dando el narcotráfico ante la guerra desplegada por México?
JV: La presencia del narco es básicamente intimidatoria, para disuadir reacciones dentro del área geográfica en que ellos se mueven, la plaza que a ellos les interesa, la ruta que a ellos les interesa. Ellos crean ahí un poder intimidatorio, y mucho del poder armado y estructuras que generan no son esencialmente de combate, son básicamente para intimidar. Por eso es que no hay una correspondencia entre el poder de fuego y el poder, digamos, militar, entre comillas, que crean, y los combates que se generan. El narcotráfico está mucho más armado de lo que en realidad combate. Normalmente evaden el combate con el Estado, a menos que estén en una situación extrema, arrinconado. Básicamente, el ciclo de violencia del narcotráfico es un ciclo de traición- venganza, y lucha por plazas. En ese círculo es en el que se están moviendo constantemente su violencia, y eso tiene que ver con los elementos que lo mueven, o sea que lo han asociado con ese delito, que es básicamente el narcotráfico es un delito vinculado a la codicia, no a la pobreza.
VB: Es interesante, porque involucra un esquema de lucha diferente, una guerra a un enemigo atípico y con reglas diferentes.
JV: Mira. Hasta antes de que concluyera la guerra fría, la idea que se tenía de la guerra eran patrones muy clásicos, incluso las insurgentes, que eran grupos que luchaban por derrocar gobiernos, etc., o guerras internacionales. Pero a partir de lo que algunos estudiosos hicieron, básicamente de lo que ocurrió en Bosnia, que fue la fragmentación de la ex Yugoslavia, se vio que había emergido otro fenómeno, que estaba vinculado a los nacionalismos, a la cuestión religiosa, a la cuestión étnica. Y se vio que apareció lo que algunos, le llaman de distintas maneras, llamaron guerras postmodernas, donde la tendencia es a fragmentar a la sociedad y a disputarle al estado el monopolio de la fuerza. El narcotráfico se parece bastante a esto. Es en realidad, dentro de nuevas acepciones acerca del fenómeno guerra, guerras asimétricas, etc. etc., pues está dentro de esa categoría. Si se lo ve dentro de las categorías que se explicaban las guerras hasta antes del fin de la guerra fría, entonces no encaja. Pero dentro de este fenómeno, que tiende a quitarle al Estado el monopolio de la fuerza parcialmente en una región en concreto, pues sí encaja.
VB: ¿Cómo se puede evitar una situación así en México? ¿Qué es lo que tenemos que hacer para evitar que el Estado pierda el poder coercitivo?
JV: Lo que se ha hecho hasta hoy es lo correcto. Si se tomaba más tiempo, la fuerza económica de este fenómeno del narcotráfico es… tiene un poder enorme. Tiene una capacidad de competirle al Estado a nivel local, en el caso de México, que lo primero que había que hacer, y es lo que se ha hecho, para devolverle la tranquilidad a los mexicanos había que quitarle la tranquilidad al narcotráfico. Y es lo que se ha hecho. Pero luego viene una fase más complicada, que es que hay que reconstruir esas plazas. Hay que reconstruirles su institucionalidad, hay que reconstruirle su poder coercitivo, mucho más fuerte, en algunos casos, que el que tenían. Mucho más fuerte. Mucho más profesional.
VB: ¿Cómo se reconstruye una sociedad en la que el narco comienza a ser un modelo a seguir? ¿Una sociedad que no cree en el Estado? ¿Una sociedad en la que para los jóvenes, el ejemplo a seguir, es el del narcotraficante?
JV: Algo se ha avanzado en ese terreno. Cuando digo algo es que se le ha creado una condición objetiva que ya no reproduce el fenómeno. Elementos de carácter cultural toma más tiempo en que se reviertan, pero lo primero que tienes que lograr, es botar ese mito por la vía de que se muestre que no era como la gente pensaba. La acción ofensiva del estado en México ha creado una condición que ya les hizo perder lo que yo llamo el glamour. Porque los narcotraficantes eran unos señores que su poder era evidente, y lo exhibían, y lo mostraban, porque es un delito de la codicia y de la vanidad, etc., y hoy la realidad, si alguien, las sociedades están bajo esa cultura, al poner atención saben que los narcotraficantes están presos. O están muertos. O están bajo persecución. Y eso es pérdida de capacidad de influencia. O sea que ya no es el mismo patrón. Por ejemplo, cuando sucedieron hechos de mucho simbolismo, como la captura de la miss Sinaloa, es un elemento importante, porque se empieza a caer la idea de que viven bien, y es porque el Estado está recuperando su espacio. Entonces, eso contribuye a ponerle un corte a la capacidad de esta cultura de reproducirse. Esa cultura no se puede contrarrestar hasta que no creas una contrapartida de que es mucho mejor vivir en paz.
VB: Es, sin embargo, una lucha desigual desde el momento en que el Estado tiene que luchar respetando la ley, y el narcotraficante no.
JV: Que el Estado tenga limitaciones para usar la fuerza es un componente que le asegura la eficacia. Por qué razón. Alrededor del tema del uso de la fuerza por parte del estado hay toda una mitología que viene del período de formación del estado, cuando el estado era básicamente autoritario. Casi todos los estados pasaron en alguna etapa de ese tipo. Lo tienen como rasgo, aún los más democráticos tienen alguna fase autoritaria. Entonces, si en EEUU hay una discusión acerca de la ventaja que sectores conservadores dicen que tiene el torturar y hacer uso de la fuerza, imagínate cómo puede estar eso en el 3er mundo. Pero, la realidad lo que demuestra es que el uso indiscriminado de la violencia por parte del estado lo que hace es reproducir los conflictos. La limitación que tiene el estado, en su marco legal, de respetar los derechos humanos, de actuar con mucho cuidado, tiene que ver con un instrumento que sirve para asegurarse de que el estado tenga la ventaja moral, la ventaja legal, y sobre todo que mantenga la cohesión social. Tú no puedes ganar una guerra si, de repente, por que crees que tu enemigo domina una comunidad, maltratas a los de esa comunidad, independientemente de que sean base social del enemigo. Tú no ganas esa guerra, porque tú reproduces el fenómeno. Tú multiplicas, generas condiciones para que reclute. Portarte bien te ayuda a ti.
VB: Es necesario, importantísimo, el respeto a los derechos humanos, por parte de las autoridades.
JV: Por supuesto. Por dos razones: una, porque hay una razón legal, ética, de responder a una cosa que es un delito, pero la segunda por una razón del interés del propio ejército, que es que hay una relación directa entre la eficacia para combatir y el respeto al derecho humanitario. Este elemento es esencial: aquellas guerras que se libran violando los derechos humanos, en el mundo actual, se pierden. Porque rompes la cohesión social, multiplicas la violencia, y aumentas en tus filas… conviertes a tus hombres en criminales. Y tú no puedes ganar, en el mundo moderno, una guerra con criminales. Quizá hace 300 años, mientras más malos eran tus soldados, quizás. Pero hoy no. Ya no. Tus soldados deben de ser lo mejor, comportarse como seres humanos y tratar a los demás como seres humanos, porque eso te garantiza tener la victoria.
VB: ¿Y la tentación, ante la aparente lentitud del Estado, de tomar la justicia por mano propia? ¿De crear grupos privados de defensa, al margen de la ley?
JV: La experiencia más clara de cómo la sociedad puede entrar en un estado de deterioro por el empleo de estos recursos es Colombia. En Colombia, el Estado no se quiso hacer cargo (diferentes gobiernos, por eso hablo del Estado en el sentido conceptual), y lo que hicieron fue encomendarle eso, como trabajo sucio, a la creación de fuerzas paramilitares. Entonces, el problema es que la ruptura como política de Estado, de un marco ético que no es el que corresponde a la fuerza que se supone que la gente vota por ellos, y te dice: yo lo autorizo a Vd. para que tenga el monopolio de la violencia, y me proteja usando la fuerza cuando haya una situación extrema, pero si tú vienes y me dices, bueno, yo voy a privatizar esta parte porque a estos bandidos no hay otra manera, entonces yo le delego eso. Y después esos bandidos se te hacen narcotraficantes también. Eso ha ocurrido en Guatemala, ha ocurrido en Colombia, ha ocurrido en Perú, ha ocurrido en México, con los zetas. No que los soldados, que los oficiales y los policías sean buenas personas es una garantía para la sociedad, pero cuando tú los conviertes en homicidas, en torturadores, porque quieres ganar rápido, pues al final tú mismo te creas un problema, o si los conviertes en paramilitares también. Pierdes. Cuando tú olvidas el marco ético como un marco de ventajas y garantías para ganar un conflicto, pues tú estás reproduciendo el conflicto y te estás creando un problema. En definitiva, si tú pagas paramilitares, pues lo que haces es que te regresas el fenómeno, si es que al final la lógica es que, bueno, si yo establezco que para resolver este problema tengo que autorizar a otros para matar, pues genero unos asesinos, y después, quién mata al que mata? Porque va a haber que matarlos también, verdad? Entonces, generas un problema. Es un ciclo que quizá dio resultados hace 200, 100 años, pero mira: enterrar enemigos es sembrar conflictos.
VB: ¿Y enterrarlos a través de la pena de muerte?
JV: Esa es para que los abogados hagan plata. Porque el Estado de derecho, para no cometer el error de aplicarle la pena de muerte a un inocente, es un proceso tan complicado que al final de cuentas se convierte en un proceso carísimo. Es mucho más fácil la cadena perpetua, penas más largas, etc. Es mas eficaz y mejor, además el Estado no tiene por qué ser vengativo. La venganza es la lógica del delincuente, no es la lógica del estado.
VB: Ahora que hablamos de cárcel, ésta, idealmente, tendría una función de readaptación social. ¿Es posible readaptar, reintegrar a la sociedad a la gente que ya estuvo en la violencia?
JV: A unos sí, a otros es muy difícil. Por eso hay que tener penas largas. Es que manejar la readaptación, tener cárceles que sean humanas y que tengan las mejores condiciones posibles para que tú seas humano y no reproduzcas el problema. Si tú, autoridad, estado, no te comportas de esa manera, tú te conviertes en un peligro. México está viviendo la realidad de lo que implica que los policías se los dejara formarse y hacerse a la deriva. Tú no puedes dejar eso silvestremente, y que no importa, cualquiera que sea, porque pagas tú las consecuencias. Cada mexicano debe de pensar cuántas veces, cada vez que pagó una mordida, cada vez que aceptó esa realidad, contribuyó a generar este problema. No solo es la responsabilidad de este gobierno. Hubo una reproducción en la cultura de que el policía así era, y estaba bien. Pues no. Ahí tienen la prueba. Están enfrentando un problema muy grave, igual que en Guatemala. En Guatemala la idea de que… yo lo dije de una manera muy clara, en una ocasión, en un artículo: querían perros bravos, los conservadores, para que los cuidaran, pero un día se les pasaron al otro bando, y hoy no hallan cómo controlarlos. Que sean buenas personas, para decirlo de la manera más sencilla, es una garantía para todos.
VB: Es muy interesante, porque planteas la solución en base a una moral pública, a la ética.
JV: Es lo que Europa ha ido descubriendo después de que hasta vendía personas de color. Y pasaron por las dictaduras más espantosas que ha conocido la humanidad. No se llega a ese camino por una vía suave y tranquila, lo aprendieron. Los alemanes, cuando te pones a pensar en todas las restricciones que tiene el gobierno, y todo, pero no fue fácil.
VB: ¿Cuál es el papel de los medios? En México los narcos se mandan mensajes unos a otros, y al gobierno, a través de mantas. Los periódicos las publican en primera plana. O de repente un narco mata a otro, le corta la cabeza, y aparece en el periódico en primera plana. ¿Cual es la responsabilidad de los medios de comunicación en el conflicto?
JV: Fiscalizar. Pero fiscalizar por fiscalizar al uso de la fuerza del estado yo creo que los medios es un error. Ni el Estado debe de sentirse incómodo ni los medios tampoco por eso. Eso es fundamental, precisamente para preservar todo esto que hemos hablado. ¿Qué sí creo yo que está en el límite de esto de mantenerte de un marco ético? No hacer apología del crimen, porque eso te come a ti mismo, en definitiva. Tienes que separar bien ambas funciones. Cuándo vas a fiscalizar, y cuándo vas a hablar del criminal. Porque cuando se mezclan las dos cosas en determinadas circunstancias, a veces tú exaltas el delito. Por ejemplo. Poniendo una comparación entre dos hechos. En GB hubo un robo por creo que 50 millones de libras, o algo así, mediante el asalto a una empresa de seguridad que transportaba valores, que se quedaba con el dinero en un lugar de seguridad. Secuestraron a la familia del jefe de la compañía, y se llevaron el dinero. Cuando tú mirabas la operación, era como de película. Pero yo no recuerdo haber visto en los medios ninguna expresión, ni nada, que sonara a ¡qué eficaces! ¡qué buenos! ¡qué extraordinario! Cualquier calificativo que pareciera técnicamente correcto. Nunca lo vi. Siempre se mantuvieron en la condena, porque eran un riesgo para la sociedad. Y a tal punto, que la reacción de los medios contribuye a que se les capture, y no ridiculizaron a la policía tampoco. Por ejemplo, ahora, se fugaron cincuenta y pico en Zacatecas. Ridiculizaron al gobierno. Fiscalizar es una cosa. Pero llevar al ridículo contribuye a que los delincuentes, le exaltas la moral al delito. Y reproduces su cultura en la gente. Esos son, creo yo, como las cosas en las que tienen que mantenerse en el límite. Si publicas lo que dice la narcomanta, si pones la foto del decapitado, estás haciendo lo que ellos quieren que se haga. Eso no, pero por fiscalizar, que si la policía no funciona. Es la democracia funcionando, y así es. Incluso la responsabilidad del gobierno de ganar en esas condiciones, no diciéndole a todo mundo que se calle. Si no, pues no tiene sentido. De lo que se trata en última instancia todo esto es de devolverle las libertades a gentes que las han perdido. Los ciudadanos de Ciudad Juárez no eran libres.
VB: ¿Son más libres ahora?
JV: Están en una condición de guerra, digamos. Porque todavía no se ha colocado el problema donde ya en definitiva esté resuelto. Pero, están comenzando a sentir que el Estado les está comenzando a devolver la condición de ser libres, la condición de tener que entenderse con la institucionalidad que está ahí, y no tener que ir a pedirle el favor al capo para decidir si… han habido realidades que tuve la oportunidad de conocer por ejemplo en zonas de Michoacán donde el narcotráfico les dice: nos hemos enterado de que han violado a su hija. No se preocupe. Claro, justicia directa. Y fusilamiento. Ya les resolvimos el problemita. O que si fulano robó. Eso es precisamente la pérdida de autoridad del Estado, que no puedes permitir. Porque además te van generando la idea de El Padrino, porque tú llegas y mire, que fulano, le pides el favor y todo.
VB: En cuanto al tema de la pérdida de autoridad del Estado, ¿se debe de actuar con fuerza en este tipo de situaciones?
JV: Este es un tema importantísimo para todo el continente. En América latina, en la condición democrática han caído varios gobiernos por no saber cómo usar la violencia. Porque lo que tienen son los chips anteriores. Los chips punitivos. Reprimir indiscriminadamente. Ecuador, Bolivia, Argentina, Venezuela. Esos cuatro gobiernos. Venezuela no se sabe exactamente, con el gobierno de Carlos Andrés Pérez, pero fueron más de doscientos muertos, que son los que abren todo este ciclo que llega hasta Chávez. En Bolivia fueron como sesenta muertos. En Argentina fueron como veinte. Fue el gobierno de la Rúa, que cae, y se abre el ciclo este en el que nadie quería ser presidente. Y Ecuador, donde no hubo ni un muerto. Solo una marcha que se fue a meter hasta la casa de gobierno, y al Presidente lo sacaron, pero no hubo poder coercitivo. El problema es que ahí es donde nos movemos, entre, o violas el derecho humanitario, porque dices, es que es la única manera frente a situaciones extremas, que es el pensamiento de los Cheney, Bush, etc., no vamos a andar con unos tipos desalmados, hay que ser más desalmados que ellos para resolver el problema, y enciendes una doctrina de seguridad que es lo que creo que la historia de América Latina le va a tener que reconocer a Uribe y a los generales del ejército colombiano, que con todo y sus errores pero la han venido construyendo, una doctrina de seguridad democrática, que es hacer una relación entre la eficacia, el uso de la fuerza, y el derecho humanitario. No es que no se pueda, es cómo, cuántas, en qué condiciones. Es toda una estrategia. Combinando negociación permanente, usando poder disuasivo, colocándote en superioridad numérica. Empleando o no empleando armas letales.
Europa ha aprendido mucho de eso. Recuerda, por ejemplo, Francia hace dos o tres años, unas revueltas terribles, que se extendieron, si no me equivoco, a otros países de Europa. A Holanda. No cedieron. El Estado, no digo que no cedió en el sentido absoluto, si siempre tienes que tener margen de negociación política, no se trata de ser obstinados y no entender que si tienes una protesta es porque tienen un factor causal, pero en realidad muy eficaces en cómo incluso tienen que soportar determinados costos. Lo que hacen es que encajonan la protesta dentro de determinado marco para irla cansando. Una vez ya desencadenada la violencia no es que la única solución sea reprimir una matanza. No, no. Las protestas, todas, tienen un ciclo de ascenso y caída. Yo lo viví. Lo único es que en mi país había unos militares tan torpes que lo que se les ocurrió es usar la fuerza, y lo que hicieron fue convertir una gran protesta social en una gran guerrilla, incluso en la guerrilla más eficaz que ha habido en el continente, y ellos tuvieron la culpa. Si a esas protestas sociales hubieran aplicado dosis moderadas de fuerza con negociación, persuasión, concesiones, toda una estrategia política, no estaría yo aquí platicando contigo, me habría hecho ingeniero mecánico, que es lo que quería ser. Pero no, se nos fueron encima, y entonces aquello, con muchos muertos y todo, se convirtió. Multiplicaron la violencia y generaron una guerrilla más eficaz que ellos. Esa parte no ha sido perfectamente entendida. El 68 le dejó a México con una secuela de movimientos insurgentes, que llegan hasta cuarenta años después.
VB: En cuanto al tema de las extradiciones, la estrategia que se ha tomado, siguiendo el ejemplo de Colombia, es el darle mucho juego a las extradiciones con EEUU. ¿Qué opinas?
JV: Lo dijo el juez Garzón. Estamos frente a un crimen global. Un delito global. Que, además, los escenarios de guerra donde hay producción y tráfico, le plantean problemas grandes a los estados. Es, entre la extradición y Zacatecas. Así de fácil. Si pudiésemos pensar en un escenario más eficaz; yo lo digo porque no soy parte de un gobierno: si hubiese la posibilidad de crear cárceles globales, bienvenidas sean. A los más peligrosos, a los que han creado redes de corrupción, habría que mandarlos para allá, no sé, China, algún lado donde sean inofensivos. Pagarle pasajes a los parientes para que los vayan a ver. Porque si no, por el tipo de delito, no puedes pelear con fronteras nacionales un delito que no tiene fronteras. Es otra cosa.
VB: ¿Por qué, si no tiene fronteras, no hay detenciones espectaculares de grandes capos en EEUU?
JV: Porque no los hay. El problema del narco tiene cuatro etapas: producción, tráfico, distribución y consumo. La producción y el tráfico se combaten con guerra frontal. La distribución es un problema de seguridad pública, y el consumo de salud pública. El tráfico termina en la frontera de EEUU con México, y la distribución se atomiza por completo y se hace por un millón de bandas y pandilleros, por lo que se combate como lo que es, un problema de seguridad pública. Por eso no se captura a los grandes jefes, porque no hay.
Hasta aquí, por el momento, la entrevista con Joaquín Villalobos, esclarecedora, contundente. Me quedo con una frase que creo que debemos de recordar, especialmente en este momento: Enterrar enemigos es sembrar conflictos.