¿Cómo cubrir al narco?


Por Mario Campos, publicado en El Universal

¿Qué obligación tenemos los medios en el momento que vive el país? La pregunta cada vez se escucha con más intensidad en universidades, revistas especializadas en medios y en una que otra redacción. Interrogante que nace de reconocer que la respuesta “informar”, no es suficiente. Porque dar noticias lo hace casi cualquier medio, de tal suerte que la pregunta es con qué intencionalidad se hace.

Porque como ya hemos comentado antes en este espacio los medios no somos un espejo de la realidad sino en el mejor de los casos una interpretación de la misma a partir de la selección y jerarquización de aquello que los periodistas consideramos relevante para nuestros públicos y que contamos a partir de la selección de ciertos lenguajes visuales o auditivos. De tal forma que lo fundamental es saber con qué criterios es que hacemos esa selección. Por ello vale la pena preguntarse qué elementos estamos tomando en cuenta y si con ellos estamos realmente sirviendo de la mejor forma a nuestros lectores, radioescuchas o televidentes.

Por ello comparto con ustedes algunos de los puntos que luego de lecturas, entrevistas con expertos y experiencias personales he encontrado de utilidad a la hora de cubrir estos temas.

Descentralizar la agenda. Si bien es de utilidad destacar la relevancia que tiene la violencia dentro de la sociedad, es un error convertir ese tema en el único de la agenda. Hacerlo no sólo puede terminar por trivializar el tema dada la sobreexposición al mismo, sino que puede quitar atención a otros aspectos que también requieren atención.

No ser sensacionalistas. La violencia por sí misma impacta a los sentidos, la imagen de un decapitado, ver un cuerpo colgado, etc. Sin embargo -como explica el Maestro en ética periodística, Javier Darío Restrepo- la labor de los medios es estimular la razón, no la emoción. Los medios debemos resistir la tentación del recurso fácil que proporciona la exposición de la violencia.

Explicar las múltiples causas y consecuencias de los hechos. ¿Hasta dónde los medios hemos sido capaces de contar las múltiples dimensiones que tiene el fenómeno de la violencia? Como todos sabemos, la numeralia está presente, los recuentos de muertos, heridos y decomisos forman parte de la cotidianidad informativa, sin embargo, no ha sido hasta hace poco que se ha contado, por ejemplo, el efecto de estos temas en otros sectores como el económico, sus impactos en la calidad de vida de millones de personas, etc.

Dar voz a todos. Consecuencia del punto anterior ha sido la pérdida de las voces en medio de esta cobertura, de tal suerte que sólo nos hemos quedado con la información de los cárteles por un lado, y de las autoridades por el otro. Situación que ha dejado fuera de esta historia a las víctimas e incluso a actores clave como las familias de los propios participantes en el crimen organizado. Es necesario ampliar el espectro de las fuentes.

Mostrar luz sobre lo que sí funciona. La exposición permanente de lo que está mal es una tarea central para la prensa pero si eso no está acompañado de la cobertura de los éxitos, de las historias que dentro y fuera del país muestran que sí es posible salir de esta crisis, el único efecto que se genera es el de la parálisis y el crecimiento del cinismo dentro de la sociedad.

Respetar la dignidad. Ya sea que se trate de las víctimas o incluso de los propios victimarios, los periodistas no podemos perder de vista el respeto a los derechos humanos. La pérdida de estos referentes se ve de manera cotidiana en la cobertura del tema.

Cuidar el lenguaje. No sólo se trata de un uso adecuado del idioma, lo que sería indispensable para cualquier medio, sino de tener consciencia de que cada palabra tiene consecuencias, de tal forma -por ejemplo- que hablar de “levantones” como sinónimo de secuestro es hacer una reproduccíon acrítica de ciertos marcos de pensamiento que son ajenos a los propios medios.

No ser ingenuas cajas de resonancia. ¿A quién servimos con la publicación de una nota? Esa pregunta tiene que guiar nuestra toma de decisiones. Al mostrar la imagen de una persona colgada, ¿realmente estamos informando mejor o estamos siendo parte de una campaña de terror? ¿Cuando cubrimos en vivo la presentación del presunto responsable de un delito lo hacemos con las debidas distancias, explicando que falta un juicio de por medio o damos por hecho que cada detenido es en automático el culpable de aquello que se le imputa? Distinguir entre información y propaganda es otro reto central.

Alianza con ciudadanos. Y finalmente, hay que preguntarse hasta dónde en todo este proceso los medios de comunicación tenemos claro para quién estamos trabajando. Elemento clave para dejar de hacer periodismo para los políticos, para nuestros competidores o peor, para el crimen organizado.

Se trata de recomendaciones que se desprenden de diversas experiencias internacionales en las que ha quedado claro el papel tan relevante que juegan los medios de comunicación en momentos clave como los que hoy vive nuestro país. Quedan para la reflexión de periodistas y de los consumidores de información.

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