Por Héctor Aguilar Camín, publicado en Milenio
Los ánimos nacionales no andan muy encendidos que digamos. O, por lo menos, es lo que parece cuando echas un vistazo a las columnas de los diarios o lees las cartas de los lectores o miras los inquietantes informativos de la tele o te sumerges en los espacios de la internet”. Román Revueltas: “¿Qué tan mal está México?”. MILENIO, ayer.
Me pasa lo mismo que al siempre legible Román. Será que la prensa y la comentocracia formamos un país aparte. Un país estridente, oposicionista. Ni la detención quirúrgica de un criminal como La Barbie pudimos reconocerle cabalmente al gobierno. Será que extrañamos los degollados de La Barbie colgando de puentes en medio de nuestras ciudades.
No nos gustan los logros. Nos gustan los errores. Informamos de lo que sucede por no dejar, pero lo nuestro, lo nuestro, es regatear.
Somos espejos y micrófonos del país que no sirve, del país que falla, mata, corrompe. Ese es el país que llena nuestros diarios y noticiarios, que satura nuestras columnas de opinión: el país de los desacuerdos, los tiros, los errores, lo grotesco.
A exhibir ese país le llamamos libertad de prensa, independencia periodística, espíritu crítico. Y hay todo eso en nuestro diario proceder, qué duda cabe. Nunca hemos tenido una prensa más libre, más independiente, más crítica.
Pero al final del día no somos tan libres ni tan independientes ni tan críticos. Nadie nos esclaviza, ni nos somete, salvo nosotros mismos. Nos hemos puesto rejas y anteojeras que no nos dejan ver sino nuestras miserias.
Somos esclavos del qué dirán si no nos mostramos duros. Somos dependientes del público que nos exige alzar la voz. Y nuestra crítica suena más a rutina y a comercio que a convicción.
No nos gusta el gobierno, pero tampoco la oposición: debemos ser independientes en nuestras diatribas y repartirlas por igual.
No nos gustan los políticos, ni la política, aunque dediquemos a sus dichos y fallas la mejor parte de nuestros afanes.
Y como con la política, con lo demás. Servimos al país que no sirve. Le damos aire, para darle palos, al país que no funciona, y acabamos creando nuestro propio país selectivo: un país inepto, violento, corrupto, ridículo, improductivo.
Y todavía tenemos la salida de decir: no invento nada, soy sólo el mensajero, no culpen al mensajero culpen a la realidad.
Advertirán que como buen miembro del país de la prensa que critico, cargo las tintas, subrayo lo que no sirve, descargo de más. Es la querencia.