Por Regina Santiago Núñez, académica de la UIA
Especial para el Observatorio de medios de la Universidad Iberoamericana
Es una desgracia que hayamos permitido que la relación México-Estados Unidos siga narcotizada. Es una desgracia que las estrategias de propaganda del terror marquen el tono de nuestra plática cotidiana sin que haya una respuesta clara para contrarrestar el discurso del odio. Es una desgracia que a México se le catalogue como un “estado fallido”; como un país amenazado por la “narco-insurgencia”; como una sociedad dominada por la corrupción. ¿Qué hizo posible este estado de cosas? ¿Es un problema real o es un manejo de percepciones? ¿Qué podemos hacer para modificar esta situación?
