Los capos convertidos en estrellas mediáticas

Por Ricardo Homs, publicado en El Universal

César Gaviria, -ex presidente de Colombia-, criticó a las autoridades mexicanas encargadas del combate al narcotráfico por presentar en TV a los capos que son capturados como si fuese un show mediático.

Ésto refleja la falta de estrategia en la comunicación del gobierno federal. Hay mucha improvisación y falta de criterio en el manejo mediático.

Además puso en evidencia también la falta de estrategias de inteligencia y contrainteligencia.

Debemos recordar que este presidente combatió al narcotráfico en la época más problemática de Colombia. Además fue Secretario General de la Organización de los Estados Americanos, OEA, lo cual habla de conocimiento y experiencia.

El ex presidente Gaviria criticó el glamour de rockstar con el que fue presentado el JJ ante la TV, -pues ésto no sólo ha logrado que mucha gente joven empiece a usar la famosa camisa Polo con un número en la manga-, sino que presente a ellos como empresarios exitosos y carismáticos, casi un modelo a seguir para los jóvenes que no ven futuro en sus vidas.

El manejo mediático puso en evidencia los errores en la comunicación gubernamental, al explicar el ex presidente Gaviria que en otros países los presentan a la prensa con el uniforme de la prisión, rapados y esposados, evidenciándose el éxito de las acciones del estado sobre sus enemigos, lo cual lanza un mensaje disuasivo a todo el país.

El manejo de la comunicación en el combate al crimen organizado hoy es improvisado, pues no se evalúa el impacto de las comunicaciones públicas en el inconsciente colectivo, y ello provoca reacciones inesperadas. Se idealiza la imagen del capo, y de este modo se convierte en un modelo a seguir.

La comunicación pública debe ser mucho más que el trabajo de un vocero que informa de las detenciones de los capos.

La comunicación eficiente y efectiva no sólo se logra mostrando el mensaje evidente, sino que los contenidos inconscientes del contexto deben dar el significado correcto.

Estamos viendo a una delincuencia organizada que genera empatía e incluso simpatía, asumiendo éstos el rol de luchadores sociales que capitalizan la antipatía que tradicionalmente despierta la policía en México, pues los miembros de estas corporaciones no representan lo mejor de la sociedad, ya que ni siquiera responden a una misión de beneficio social, como debiese ser la protección de la integridad física del ciudadano y su patrimonio.

Ante una policía antipática, -caracterizada por el abuso del poder y la corrupción-, funcionarios públicos sin credibilidad, -y un estado cuyas instituciones son percibidas como botín de los políticos-, no es de extrañar que el ciudadano se ponga del lado del delincuente y suceda lo que hemos visto en Michoacán respecto al cártel La Familia Michoacana, que ha logrado presentarse públicamente como benefactor de la sociedad.

En el inconsciente del mexicano está presente la admiración por el mítico asaltante del Siglo XIX Chucho el Roto, así como por Jesús Malverde, el salteador de caminos de Sinaloa que robaba a los ricos para beneficiar a los pobres durante el porfiriato, y que hoy es percibido como un santo en muchas comunidades del norte de nuestro país.

El efecto en la opinión pública puede no darse en el sentido en que las autoridades pretenden si no se considera el contexto social del momento, las actitudes encubiertas, prejuicios y aversiones inconscientes, así como códigos culturales, sólo por mencionar algunas de las variables que guían la percepción y la conducta pública.

Tradicionalmente en México se ha minimizado la importancia de la comunicación y con actitud simplista se supone que el sentido común capacita a cualquier persona para convertirse en un profesional. Hoy vemos en los resultados del gobierno federal, -que aún instrumentando las estrategias correctas-, el manejo incorrecto de la comunicación lleva a la ciudadanía a percepciones equivocadas.

Si la percepción pública define la aceptación o rechazo de la ciudadanía, -respecto a las acciones gubernamentales-, entonces éste es el momento oportuno para profesionalizar esta actividad.

Comentario al margen

El caso Kalimba nos muestra una realidad cotidiana… el público lo juzgó y lo absolvió, y el juez simplemente ratificó la sentencia.

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