Inadmisible atentado
Por Editorial, publicado en El Universal
La noche del domingo fue lanzada una granada en contra de las instalaciones del periódico Vanguardia de Saltillo, Coahuila. Se sabe que a últimas fechas había recibido presiones y amenazas de bandas del crimen para obligarle a no publicar nada relacionado con sus actividades. El amago es inadmisible.
Durante 2010, en México se documentaron 155 agresiones en contra de periodistas, trabajadores e instalaciones de medios, informaron los colectivos Artículo 19 y Cencos, en un informe conjunto sobre los agravios a la prensa Por su parte, la CNDH informó a la Cámara de Diputados que de 2005 a la fecha se han registrado 462 expedientes de quejas por agresiones a periodistas o medios de comunicación. El porcentaje de impunidad es casi de 100%, según han comprobado tales instancias.
Ningún periodista es más que un ciudadano común, pero como cualquier ciudadano tiene el derecho de que el Estado -en sus tres niveles de gobierno- garantice tanto su seguridad física como plenas condiciones para ejercer su labor. Y el tema va más allá.
Defender a Vanguardia no es simple solidaridad gremial, sino un básico instinto de sobrevivencia de la democracia en el país. Callar a los medios es la puerta para el autoritarismo. Los amagos a la libertad de expresión del crimen organizado se multiplican, principalmente en el norte y centro del país, sin que haya detenidos y mucho menos consignados.
Tiene razón Gonzalo Marroquín, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), cuando pide al gobierno una investigación expedita para evitar que hechos salvajes como éstos sigan minando la libertad de prensa y que adopte medidas de seguridad para el personal del diario. “Si los responsables no son castigados se corre el riesgo de que los violentos cumplan con su objetivo de intimidar a los medios, que éstos se autocensuren y que se siga minando la libertad de prensa y el derecho del público a estar informado”.
Dejar que los delincuentes controlen lo que se dice o no equivale a haber perdido el control de zonas del país, donde hay poderes superiores a los del Estado.
Como señores feudales decidiría el crimen quiénes viven y quiénes mueren, quiénes hablan y quiénes no.
Coahuila es un estado con probadas grandezas, con una sociedad y economía pujantes, que no merece vivir en tal asedio. Urge que éste sea el primero de muchos casos resueltos de agresiones a la prensa.