Si no se toma en cuenta a los ciudadanos, la ética no funciona (Carmen García Bermejo-El Financiero/México)


Por Carmen García Bermejo, publicado en El Financiero

México: un lugar peligroso para ejercer la prensa.

México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo: 62 asesinatos y diez desaparecidos se han registrado en la última década sin que, a la fecha, se haya arrestado o identificado a los culpables. Aunado a esto, en el país se realiza un periodismo alejado de las necesidades informativas de la población, donde la ética pasa a segundo plano.

En la conmemoración del Día Internacional de la Libertad de Prensa (3 de mayo) las cifras salen a flote a través de distintas instancias. La realidad es inobjetable: México está en el rango de países más peligrosos de América para ejercer la libertad de prensa. En el reporte difundido el lunes por la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) apunta que, de 1999 a la fecha, esta instancia abrió 594 expedientes por quejas de agravios contra comunicadores, 62 de los cuales fueron asesinados en la última década: cuatro en lo que va de 2010, 12 en 2009 y diez en 2008. Además, a partir de 2005, tiene registradas diez desapariciones de periodistas. Todos, casos sin resolver por el Estado mexicano.

El organismo internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF) también destaca en su informe esta situación, agregando que el asunto ha empeorado desde que Felipe Calderón puso en marcha la estrategia de combate contra el narcotráfico: “La policía y el Ejército -precisa- se han visto envueltos en violaciones a los derechos a humanos y a la libertad de expresión como saldo de esta lucha… Asimismo, media docena de cárteles sostiene una guerra sin cuartel por el control del tráfico de drogas en las regiones fronterizas de México con Estados Unidos. Para lograr su objetivo, los traficantes no dudan en verse involucrados con los políticos corruptos a la hora de imponer su ley.”

Desde el año pasado RSF ya advertía que la instauración, en febrero de 2006, de una Fiscalía Especial de Atención a los Delitos cometidos contra Periodistas (FEADP) no ha cambiado nada a esta situación, ni tampoco ha permitido que la impunidad retroceda.

“La pasividad -añade RSF-, la negligencia o la neutralización mutua de instituciones dedicadas a la defensa de la libertad de prensa en todos los niveles del poder (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) no son las únicas en tela de juicio en la perpetuación del calvario de la prensa mexicana. Las autoridades también se han convertido en cóm- plices e incluso responsables de graves violaciones de los derechos humanos, como el de informar. La amplitud del drama viene no solamente de la infiltración del crimen organizado en algunos engranajes del poder, sino también en la escalada de la seguridad pública alimentada por la ofensiva militar contra los cárteles de la droga, lanzada en México desde diciembre de 2006.

Otro de los organismos internacionales preocupados por la situación que se vive en México es la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) que, junto con la UNAM, dio inicio al diplomado virtual “Los alcances del crimen organizado / El ejercicio del periodismo frente a la violencia”, seminario -que se realiza del 3 de mayo al 5 de agosto- cuya misión es generar protección y prevenir ataques contra periodistas brindándoles a los comunicadores nuevas herramientas que los ayuden a ser mejores profesionistas. Pero la SIP también continuará su gestión frente al Estado mexicano para que genere los cambios legales y jurídicos que permitan blindar la libertad de prensa y de expresión.

Responsabilidad social

Sin embargo, la actitud de la sociedad no es la misma que la asumida por los organismos dedicados a la defensa de los periodistas. Por ello, desde la academia y con periodistas en activo, también se discute la situación actual del ejercicio periodístico y su responsabilidad social, un aspecto trastocado debido a la tergiversación de este oficio inmerso en la producción mercantilista; es decir, el periodismo como espectáculo y entretenimiento, y no como mecanismo de información.

Al respecto Óscar Casillas -profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM- organizó el Primer Seminario sobre Ética Periodística en días pasados. Pero, desde hace dos años, diseñó esta asignatura especialmente para la carrera de ciencias de la comunicación, convencido de que los estudiantes necesitan comprender que la ética tiene un sustento social. Considera que la visión de la ética en el periodismo y en los medios de comunicación se circunscribe a unas normas más o menos adecuadas con las cuales se quiere imponer una visión sobre lo que es bueno y lo que es malo dentro de los medios.

Sin embargo, con la asignatura de ética periodística moderna se busca despojar de esa investidura a la ética para dotarla de una proyección actual y de mayor utilidad: entenderla en los medios de comunicación como una forma revolucionaria que se fundamenta en la búsqueda continua del mejoramiento de las formas democráticas de convivencia social y en el ensanchamiento de las libertades de los ciudadanos.

-La ética periodística -explica Casillas- trasciende las normas. Se trata de una reflexión filosófica sobre el qué hacer para hacerlo bien. Los códigos deontológicos (la norma) son los instrumentos que nos ayudan a que esa reflexión pueda llevarse a cabo, pero no son la ética. Para mí la ética en el periodismo son los ciudadanos; esto es, tiene que establecerse para que el periodismo funcione y sea útil a la sociedad. Éste es el principio sobre el cual se debe fundamentar la ética hoy en día. Sin tomar en cuenta a los ciudadanos no se podría construir ni una guía ni un código deontológico, nada.

El catedrático agrega que la salida a la crisis en la que está sumergido el periodismo radica en que los medios de comunicación se vuelvan entes absolutamente creíbles y confiables. Así, la sociedad sabrá que allí va a encontrar información que requiere para la toma de decisiones: “Cuando esto ocurra, el periodismo se va a volver mucho más rentable porque va a haber gente que recurrirá a ellos y pague por tener esa información. Debemos comprender que ética y periodismo no sólo es asunto para especialistas, sino un tema que atañe a la sociedad.”

En el seminario referido sobre la ética periodística también se expuso lo que ocurre en España. Elena del Real -profesora de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid- expresó que en esta guerra donde los periodistas y los medios de comunicación se han convertido en parte interesada y en vocingleros de los discursos que quieren trasladar al escenario políticos y empresarios, se ha dejado de lado lo que es el trabajo de compromiso con la ciudadanía, donde el interés general ha quedado en segundo plano. Lamenta que, a nivel global, los medios de comunicación hayan claudicado a los intereses particulares de los poderes fácticos, ajenos a lo que es el ideal periodístico, y no respondan a lo que en su día fue el motivo por el cual surgieron: ser un mecanismo necesario para los ciudadanos.

Del Real subraya que al periodismo lo aquejan grandes males, como la revoltura de comunicación, donde se mezcla el periodismo con propaganda, relaciones públicas, marketing político y entretenimiento, este último más dado a lo que es la rentabilidad económica y política, dejando de lado incluso los aspectos éticos de la profesión. También menciona que la concentración mediática es otro de los males porque va en contra de lo que debería ser el pluralismo informativo.

Un aspecto que también resalta como nocivo para el periodismo es, en cierta medida, la tecnología, ya que ha propiciado que las redacciones de los medios de comunicación cada vez tengan menos efectivos humanos o que la empresa establezca el modelo del “periodista orquesta”, donde aquellas compañías que tienen tanto canales de televisión, cadenas de radio, periodismo digital en la Internet y periódico impreso asignan a un solo periodista para reportar en todos estos medios, lo cual disminuye el número de profesionistas contratados y propicia el detrimento de la calidad informativa: “En la crisis actual -dijo Del Real-, donde en España el 20 por ciento de la población está desempleada, la prensa es una de las más tocadas y los magnates de los medios lo que hacen es reducir plantillas, no sólo porque un periodista les puede valer para muchas cosas sino porque prefieren ahorrar gastos a costa de la calidad periodística. Así, nos hemos convertido en profesionales del corta y pega información.”

Del Real expuso que el periodismo está más definido por la actividad que por la profesión; es decir, un periodista es quien ejerce el periodismo, vive de éste, escribe en los medios de comunicación electrónicos, impresos o digitales, habla en la radio, sale en la televisión, cuelga sus mensajes en la Internet, sin al parecer dar importancia a una relación contractual con la empresa.

-Pero este periodismo-actividad -advirtió- tiene una trampa: es la empresa la que hace la selección de quién es o no periodista, es la que abre o cierra la posibilidad de poder ser investido como periodista. En cambio, el periodista-profesión (el que está facultado para ejercer esa profesión) es una universidad o una institución académica la que le expide el título. Pero esto la empresa lo ve con malos ojos porque entonces tendrá una bolsa de titulados en periodismo para que pueda contratar y ya no le dejen hacer y deshacer a su antojo. En España, por ejemplo, casi el 80 por ciento de quienes ejercen el periodismo tienen un título.

Aunque la académica reconoció que no se puede garantizar que a través de un título un periodista vaya a ser honesto y veraz: “Esto ocurre en el periodismo y en cualquier otra profesión. La ética se puede y debe enseñar. Pero hay una parte de decisión personal, de compromiso de cada uno de los ideales del periodismo que la hace o no funcionar. La única arma de la ética es con argumentos, tratando de persuadir para hacerles ver que si quieren desempeñar una función social tienes que estar a la altura de las expectativas y de lo que se les pide, por parte de los ciudadanos, que son finalmente los receptores que se van a beneficiarse del trabajo de los periodistas.”

Mediocre y manipulado

En tanto, Virgilio Caballero -director de Canal 21, la televisión de la Ciudad de México- señaló que diariamente se editan mil 400 periódicos en toda la República Mexicana, incluso revela que hay entidades como Chiapas o Guerrero donde se publican de 30 a 35 periódicos diarios.

-¿Cómo es posible que en un país con esa cantidad de periódicos tenga una sociedad tan pésimamente informada? -se preguntó en el seminario de marras-. En México tenemos un periodismo mediocre, barato: falta de investigación, ayuno de análisis. Los reporteros (como primer instrumento de comuni- cación o de búsqueda de ésta con la sociedad) suelen trabajar de manera superficial. Tan vana que un lector tiene que acudir a, por lo menos, tres medios distintos para enterarse de lo que ocurrió en algún lugar, ya que casi es imposible encontrar el relato verdadero de los hechos en un solo medio.

Caballero reiteró que este ejercicio profesional en México se desarrolla de una manera mediocre, a pesar de que en los últimos 25 años a los periodistas que se les llamaba hechos en el ejercicio de la actividad fueron dejando su lugar a jóvenes egre- sados de las escuelas de periodismo, de las universidades y de otros colegios. En ese sentido el periodismo se ha profesionalizado, pero no mejorado su actividad, aunque tampoco se atrevió a decir que la ha afectado de manera negativa.

-Como responsable de dirigir medios de comunicación de radio y televisión en los últimos 30 años -ar- gumentó-, he recibido con frecuencia a jóvenes que no saben redactar o que escriben con faltas de ortografía, ya no digamos que desconocen la metodología indispensable para la investigación periodística, sino no manejan siquiera los recursos básicos de la comunicación. Estamos ante un problema muy serio que, por encima de los planteamientos sobre la profesionalización, es un problema ético. ¿Quién debe ser considerado periodista y qué es el periodismo? ¿A quién se sirve o qué es lo que se sirve en el ejercicio de la actividad o de la profesión? Si no se toma en cuenta, en principio y al final, a la sociedad no puede haber ejercicio periodístico al que pueda considerársele propiamente así: ni profesional, ni como actividad. Si el periodista no pone como su razón de ser el servicio a la sociedad, no hay entonces una actividad personal que pueda responder a las necesidades mínimas de la ética.

Caballero alertó que en México la actividad periodística está muy influida, casi determinada, por el llamado periodismo televisivo o electrónico, el cual se ha impuesto formas de comportamiento profesional deleznables y convertido el periodismo en una “basura”.

-Lo que la televisión da como información -aseguró- no tiene nada que ver con las necesidades de la sociedad y, por este estilo, actúa la inmensa mayoría de las radiodifusoras. La sociedad mexicana define lo que es el país y el mundo a partir de lo que ve en la televisión. Muy poca gente lee periódicos: tan sólo para una población de más de cien millones de habitantes los índices de tiraje son verdaderamente vergonzosos: el periódico que más tira llega a los 120 mil ejemplares diarios, lo cual no significa que todos se vendan y se lean. La lectura de periódicos es un ejercicio practicado por una minoría de la sociedad porque en ellos se puede encontrar más información de fondo (esto es verdad, con todo y la mediocridad en la que se mueve el periodismo) que en la televisión y en la radio.

Caballero expresó que la enorme facultad que ejerce la televisión para definir lo que los ciudadanos tienen que pensar y decidir y el tipo de periodismo que se hace en los medios electrónicos es hoy en día abrumadora: “Considero que sólo con medios electrónicos democráticos en franca oposición a ese periodismo televisivo abusivo y despótico se podría lograr un equilibrio en algún momento en México respecto a la comunicación.”

Relación con el poder

En su turno dentro del Primer Seminario sobre Ética Periodística, Jacinto Rodríguez Munguía -integrante de la Asociación de Prensa y Democracia (Pren- de) y coordinador de un programa para la actualización profesional de periodistas en la Universidad Iberoamericana- manifestó su preocupación por que, hasta hace dos años, el tema de la ética en la universidad más importante de América Latina, la UNAM, estuvo excluida de la carrera de ciencias de la comunicación. Consideró que pocas profesiones tienen esa responsabilidad con las preguntas, con la duda, con el otro, como lo es el periodismo y quienes trabajan en los medios de comunicación impresos y electrónicos.

-Pocas profesiones van a estar en constante choque de valores culturales, de principios, de evaluaciones, como el periodismo. ¿Con qué herramientas del conocimiento un periodista resuelve las dudas, las preguntas e interrogantes que se le presentan? Hace poco una portada en una revista [Proceso] provocó toda una reflexión ética para la cual todos elaboraron respuestas. Me preocupa que desde la academia, desde el área del conocimiento, no se esté construyendo una serie de cadenas o de ideas que ayuden al periodista a resolver esos choques a los que tarde o temprano se van a enfrentar. ¿Qué hago ante el otro, qué hago ante mi responsabilidad con el otro? Es aquí donde entra el elemento de la ciudadanía.

El también fundador de la revista Emeequix comentó que tuvo la fortuna de mirar los archivos del pasado político mexicano, a través de los cuales le dio forma a su libro La otra guerra secreta, relacionado con la prensa y el poder durante los años sesenta y setenta, épocas de los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y parte de José López Portillo, información que le generó un gran conflicto ético desde el principio.

-Yo me formé -apuntó- en la UAM, donde el asunto de la ética lo vimos cuando pudimos. ¿Y qué pasó? Que cuando eres profesionista te enfrentas con documentos que desmienten toda una parte de la historia de la relación prensa-poder. ¿Qué pasa cuando muchos de esos “héroes” o “ídolos” resulta que no lo fueron tanto o no lo fueron nada y que terminaron haciendo lo mismo que cuestionaban de otros medios? Me queda claro que no puede haber una responsabilidad del periodista, reportero o del medio de comunicación, del directivo, del editor, del redactor, de toda la cadena por la que va a cruzar una noticia, un reportaje, una crónica, con el ciudadano porque nunca la hubo. No hay una cultura, una raíz de donde echemos mano y digamos: “¡Claro, hay un periodismo, una tradición de compromiso con el ciudadano!” La gran preocupación del periodismo que conoció muy bien el maestro Juan María Alponte con Echeverría fue la relación con el poder. Lo que sí tenemos es una legitimidad permanente entre periodistas y poder, no una legitimidad entre periodistas, medios y ciudadanos.

Para Rodríguez Munguía, las consecuencias de esa disociación entre periodismo y sociedad las reciben quienes trabajan en los medios de comunicación: “El crimen organizado puede seguir matando a periodistas, que quie- nes menos levantarán la mano para denunciarlo son los ciudadanos. En México a éstos les importa un comino que estén matando a periodistas, aunque en ello les vaya el asunto de la libertad de expresión, aunque en ello se esté jugando una de las libertades más importantes que tenemos: el derecho a la información. ¿Cómo van a respaldar a los periodistas que siempre han estado de espaldas a la sociedad?”

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