La cobertura de la violencia en México: lo que está en juego


Manuel de Santiago Freda[1]

Colaboración especial para el Observatorio de Medios de la Universidad Iberoamericana 

*Comparte la reflexión. Deja un comentario. Ayúdanos a formar audiencias críticas

No es nueva la necesidad de los medios mexicanos de proteger el ejercicio periodístico de los ataques de la delincuencia organizada, particularmente del narcotráfico. A finales de los noventa, mientras en la capital de la república se vivía un clima de mayor libertad informativa, luego de que la misma estuviera severamente limitada por el poder político, en el norte del país los periodistas aprendían dolorosamente una lección: la nota o la vida.

La autocensura, indeseable ante el poder político y empresarial, frente al poder de las armas se convirtió en un medio legítimo para garantizar la supervivencia física. No se pude reprochar a los reporteros el silencio en un país en el que no existen las condiciones para el desempeño de su labor con seguridad e independencia. Parecen lejanos los nombres de Alfredo Jiménez Mota, reportero de El Imparcial, desaparecido en 2005, o de Guadalupe García Escamilla, periodista radiofónica tamaulipeca, asesinada en ese mismo año, entre otros.

Muchos años antes de la cruzada del gobierno calderonista contra el crimen organizado, los ataques y las desapariciones de periodistas prefiguraban una amenaza de enormes proporciones a la libertad de información. Pocos imaginaron que los atentados a medios como el semanario Zeta, de Tijuana, se extenderían a otros estados del país e incluso, llegarían a tocar al gigante de la televisión de habla hispana, Televisa.

En los últimos meses de la presidencia de Vicente Fox escalaron las agresiones contra medios y periodistas, sin embargo, el ambiente de enorme confrontación política, con miras a la elección presidencial de 2006, relegó la discusión de lo que sucedía con la cobertura periodística en los estados en que el narcotráfico se apoderaba rápidamente de la vida pública. La llegada al poder de Felipe Calderón, en medio de cuestionamientos y de una polarización social y mediática, aunada a la decisión de lanzar una ofensiva contra el narcotráfico, mantuvo aparcado el debate.

Para la segunda mitad de 2009, y con más de 25 mil muertos como saldo de la estrategia fallida, la revisión del papel de los medios frente al crimen organizado comenzó a tomar forma. Tras el asesinato de Arturo Beltrán Leyva, la publicación de las fotografías de su cadáver y el posterior asesinato de la familia del marino que murió en el operativo, los profesionales de la información han intensificado la reflexión sobre sus decisiones editoriales. A través de sus propios medios, y de redes sociales como Facebook o Twitter, esas decisiones han sido duramente cuestionadas por sus pares, lo que ha acentuado las tensiones en el gremio.

La difusión, hace unos días, de una nueva fotografía de Diego Fernández de Cevallos, secuestrado en mayo de 2010, así como de una carta supuestamente escrita por él, y un comunicado atribuido a sus captores, enfrentó como pocas veces a los informadores.

Poco después, el secuestro y liberación de cuatro reporteros en Durango, dos de ellos de Televisa, uno de Multimedios –propietaria de Milenio– y otro del diario local El Vespertino, han crecido las voces que piden revisar la cobertura de los medios en cuanto al narcotráfico se refiere. También Felipe Calderón y la agencia de noticias gubernamental Notimex, se han pronunciado al respecto.

Resulta evidente -y no por ello mezquino-, que ha sido el peso de las empresas detrás de los reporteros secuestrados el factor determinante para que el postergado tema haya cobrado tanta relevancia. No obstante, se trata de un avance que esté en la mesa de la discusión. Si apenas unos días atrás, con el caso Fernández de Cevallos, la reacción fue una vehemente defensa de los criterios editoriales de cada medio, hoy algunos hablan incluso, de la adopción de un acuerdo entre los medios, como el colombiano de 1999.

Las posturas que suscita una propuesta de esta índole son diversas, pero sobresalen dos posiciones claramente definidas. La primera de ellas sostiene la existencia de un territorio informativo que debe permanecer en la oscuridad, ya sea con el fin de no contribuir con las estrategias de comunicación del crimen organizado, o bien, para proteger la vida, la seguridad y la dignidad de reporteros y víctimas. La segunda posición, por el contrario, considera que las actividades del crimen organizado constituyen materia informativa de evidente interés público y que callar al respecto es obstaculizar el derecho a la información de la sociedad; por tanto, es mejor la difusión contextualizada y crítica de la información. Sobra decir que ambas visiones no representan absolutos, sino que son perfectamente matizables.

Desde una perspectiva estrictamente iusinformativa, existen tres tipos de excepciones legítimas para limitar el acceso a la información: la afectación a la seguridad nacional, a la aplicación de leyes y a derechos privados. En esos casos la publicación de la información depende de la ponderación del interés público de conocerla, frente al daño probable derivado de su difusión. José María Desantes, considerado el padre del Derecho de la Información en España, señaló, bajo el principio in dubio pro communicatione, que en caso de duda se debe privilegiar la información. En la práctica periodística, indispensable para satisfacer el derecho a saber de la población, los límites no parecen tan claros como en la teoría.

Respecto de la primera posición se pude preguntar: ¿es deseable y responsable ocultar ciertas informaciones? Dado que la violencia es una realidad nacional ¿la supresión de algunos detalles de ésta puede contribuir a minimizar los efectos de una guerra cruenta?, ¿podría modificar la percepción social de la violencia? En el entendido de que para algunos actores la violencia se reduce a una cuestión de percepciones alimentadas desde los medios. Entonces ¿dejaría de hacerle el juego a la delincuencia para hacérselo a la estrategia del gobierno?

En relación con la segunda postura también se puede cuestionar: ¿contextualizar la información que se ofrece es suficiente para no ayudar a que se cumplan los propósitos del crimen organizado?, ¿qué hay de los derechos de las víctimas?, ¿desde dónde y hacia dónde ejercer la crítica?, ¿cómo se debe informar de una narcomanta, un cadáver, un secuestro, etc?

De la manera en que se responda a estas preguntas y de la capacidad para conciliar ambas posiciones dependen las soluciones generales y particulares que adopten los medios en torno a la cobertura de la violencia. Si se plantea un acuerdo, sería importante precisar quienes tienen la legitimidad para promoverlo, si los propios periodistas, el gobierno, los académicos, la sociedad civil organizada, etc. Igualmente clarificar sus alcances, bajo el supuesto de que un acuerdo muy general corre el riesgo de ser difuso y uno excesivamente específico el de ser muy restrictivo. De igual manera si las universidades o algún organismo de la sociedad vigilarán su cumplimiento, y si se establecerán sanciones morales.

Se trata, en definitiva, de un tema complejo que precisa de la reflexión profunda y reposada. Sin embargo, lleve el tiempo que lleve la discusión, es necesario empezarla lo más pronto posible, porque está en juego el ejercicio de un derecho humano fundamental y el futuro de una profesión. No poca cosa.


[1] Manuel de Santiago Freda es periodista e investigador de la Universidad Complutense de Madrid (UCM), especializado en Derecho de la Información. Es director de la revista electrónica Derecom y secretario ejecutivo del grupo de investigación “Transparencia, Buena Gobernanza y Comunicación”, de la UCM.

Anuncios

4 Replies to “La cobertura de la violencia en México: lo que está en juego”

  1. La reflexión en términos jurídicos es importante, por ejemplo mediante los conceptos de derechos de la sociedad y seguridad nacional. Sin embargo, también es escencial ampliarla con relación a la naturaleza del crimen. Lo criminal no es algo que está fuera de la sociedad ni de lo humano. Por el contrario, se debe a un proceso de creación de la propia sociedad, que si conoce su naturaleza, el destino del fenómeno será reproducirse. Los criminales tratan a sus víctimas, como los han tratado a ellos. ¿Es sostenible lo criminal en oposición a lo social? ¿O en lo que se entiende como lo social ya existe lo criminal sin nombrarse? Esta última pregunta se plantea no sólo porque muchas de las acciones criminales no se denuncian, sino porque muchas conductas que no son tipificadas como tales, son causa de los crimenes.

    Me gustaría añadir que como consecuencia de mantenerse la discusión en el marco señalado, los delincuentes quedan por tanto fuera de lo humano y lo social. Como seres sin derechos, sin que nadie pueda dar cuenta de ellos o responder por ellos. Son homo sacer, hombres destinados a ser sacrificados en nombre de sus víctimas, sin entenderse que ellos fueron a su vez víctimas de alguien que permanece en la impunidad, ya sea en la forma de personas o de hechos sociales como la pobreza.

    Para cerrar es importante destacar que tampoco se trata entonces de abolir la responsabilidad criminal, sino ampliar la reflexión y encaminarla sumando a otros pensadores como Sigmund Freud, Michel Focault y Giorgio Agamben, quienes muestran que el mundo de los buenos y los malos, cuando menos no es tan simple.

    Saludos y felicitaciones por este foro.

  2. José, agradezco mucho tu comentario. Coincido contigo en que la perspectiva iusinformativa no agota la discusión sobre la cobertura mediática de la violencia en México. He insistido en que se trata de un asunto complejo, que merece ser abordado desde distintos ángulos. Tu aportación, sin duda, contribuye al debate. Medios y periodistas, en medio del miedo y el caos que produce la violencia, tampoco deben olvidar ni los origenes del fenómeno, ni las condiciones han favorecido su expansión. Recibe un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s