News of the World: las cifras, aciertos y resbalones del periodismo sensacionalista


Por Mireya Márquez

Académica del Departamento de Comunicación, Universidad Iberoamericana

El poderoso conglomerado mediático de Rupert Murdoch, uno de los más grandes del mundo, ha visto su reputación severamente dañada en uno de sus bastiones clave: Reino Unido. Las escuchas ilegales por parte de  sus diarios tabloides en el país y la red de complicidades y corrupción de funcionarios de alto rango que se fue tejiendo para hacerse de información exclusiva se han convertido en el mayor escándalo de su historia y quizás también para el gobierno que encabeza David Cameron.

El caso del espionaje telefónico primero a miembros de la realeza, luego a celebridades y políticos, y finalmente a víctimas de crímenes y ‘ciudadanos de a pie’, ha revitalizado viejos debates sobre ética periodística y criterios editoriales y también está manchando como nunca la imagen del partido conservador, la policía, y todos los políticos que sucumbieron a los chantajes y presiones del grupo o bien, quienes lo utilizaron para su beneficio personal. A News International, brazo editorial de Murdoch en Reino Unido, le ha significado no sólo la crítica mundial, sino el retiro masivo de anunciante de sus títulos.

En tanto poseedor de los diarios con mayor tiraje en el país, el poder e influencia de Murdoch en la política local son inconmensurables, especialmente en medios impresos. Ante la política de aparente neutralidad y la orientación de servicio público de la televisora de estado BBC, es en los diarios donde comúnmente se libran las batallas ideológicas y partidistas en Reino Unido, y donde los expertos creen que se ganan o pierden las elecciones. Ocurre distinto en otros países, donde las filias y fobias partidistas del imperio Murdoch se manifiestan a través de sus canales de televisión como Fox News o Sky.

Los diarios de Murdoch en cifras

Primero, hay que entender el escándalo desde la crisis actual por la que atraviesan los periódicos. La mala noticia para Murdoch es que la tendencia en países industrializados de estrepitosa caída de ventas ha afectado a sus periódicos igual que a cualquier otro. La buena es que sus títulos, sobre todo los tabloides, siguen vendiendo más ejemplares que su competencia. Veamos comparativamente las cifras de la Oficina de Auditoría de Circulación (ABC) que publica la circulación promedio de todos los periódicos nacionales de Reino Unido durante el mes de enero de cada año.

De entre los llamados periódicos ‘serios’ o ‘de calidad’ –categoría que se usa como antítesis de ‘tabloide’ o ‘sensacionalista’— la compañía de Murdoch es propietaria de The Times, el emblemático diario publicado en Londres desde 1785 que en su categoría, ha sido consistentemente el segundo con mayor tiraje del país. Su circulación promedio en enero de 2011 fue de 457,250 ejemplares diarios, pero ha resentido una importante caída de poco más de 37 por ciento en comparación con el mismo periodo del 2000. Por su parte, su publicación hermana dominical, el Sunday Times, ha sido el líder de los periódicos dominicales ‘serios’ con una circulación promedio para inicios de año poco mayor al millón de ejemplares pero que representa una caída de casi 25 por ciento respecto al mismo periodo del 2000. Al Times le ha ido un poco mejor en domingo que entre semana.

Vayamos ahora a la categoría sensacionalista. El emblemático tabloide The Sun es, por mucho, el diario más leído en Reino Unido. Su circulación promedio a principios de este año era de poco más de 3 millones de ejemplares diarios, con caídas de alrededor 16 por ciento respecto del mismo período del año 2000. De cualquier forma, tres millones de ejemplares al día es casi tres veces más que la circulación combinada tres diarios prestigiados como el propio The Times, The Guardian o The Financial Times.

El panorama había sido más desfavorable para la publicación hermana de The Sun, el dominical News of the World (NotW), fundado en 1843 y desaparecido el domingo 10 de julio. Para el primes mes de 2011, se había colocado en la cima de su categoría al vender en promedio más de 2.7 millones de ejemplares por edición, casi un millón más que su más cercano competidor, The Mail on Sunday. Indudablemente, NotW venía siendo el líder absoluto de circulación dominical en los últimos cincuenta años y uno de los más leídos en idioma inglés, pero sus circulación ya no era la de 8 millones de ejemplares que vendía después de la Segunda Guerra Mundial, o los 5 millones que vendía al inicio de la administración de Margaret Thatcher. Tan sólo en los últimos diez años, en comparación con el mismo período del año 2000, su circulación promedio cayó 33 por ciento, casi lo doble que su más cercano competidor.

Aunque las cifras deben verse en el contexto de una creciente preocupación por el futuro de los periódicos en el mundo y de incesante cambio tecnológico, comercialización y competencia, los tabloides siguen siendo por mucho los diarios más leídos del Reino Unido y los que tienen más posibilidades de subsistir. Para poner en perspectiva la penetración de los diarios sensacionalistas en el mercado, la circulación combinada de los seis principales tabloides del país a principios de 2011 era de alrededor 8 millones de ejemplares, mientras que la de los diarios ‘serios’ fue de menos de 2 millones. Lo mismo en la competencia dominical: la circulación combinada de los ocho tabloides dominicales que se publican en el país fue de  poco más de 7.5 millones de ejemplares, mientras que la circulación combinada de los cuatro dominicales ‘serios’ fue de poco más de dos millones de ejemplares.

Las cifras son claras: en cuanto a circulación promedio, los periódicos de Murdoch son líderes en tres categorías tabloide diario, tabloide dominical, y ‘serio’ dominical, y sub-líder en una: diario ‘serio’. Pero en cuanto a caída respecto a sus competidores las cifras ya no le son tan favorables. Aunque ‘The Sun’ vende más diarios que su más cercano competidor el ‘Daily Mail’, este último tiene 6.4 por ciento menos disminución de circulación que The Sun. Es decir, la competencia está perdiendo menos lectores y siendo más consistente y a largo plazo puede destronarlos de la cima.

En la categoría de tabloides dominicales, los cuatro punteros han disminuido su circulación en 34.5 respecto del mismo periodo de 2000, pero de entre ellos, la más cercana competencia de Murdoch, el Mail on Sunday, es el que ha salido relativamente mejor librado, con pérdidas de sólo 15 por ciento, menos de la mitad que News of the World.

Es esta cascada de cifras y comparaciones la que proporciona un importante punto de contexto para entender las dudosas prácticas periodísticas en las que han caído sus diarios tabloides. Pareciera que en los últimos diez años, justo cuando las acusaciones y reclamos hacia sus métodos de obtención de información se han intensificado, su grupo hubiera tenido que implementar medidas radicales –e ilegales—para obtener las historias exclusivas que le permitan seguir conservando su liderazgo pero sin perder más lectores que su competencia. Es decir, la obtención del escándalo a cualquier precio sería no sólo una estrategia estilística y comercial, sino su llave de entrada para su supervivencia.

 

Tabloides: ¿en favor del ciudadano “de a pie” y contra los “famosos”?

A los tabloides con frecuencia se les reclama su cobertura maniquea y descontextualizada, su narrativa melodramática, su lenguaje excesivo, su escandalosa propuesta estilística y la explotación del drama y la tragedia con fines de lucro. La cobertura que hacen los diarios tabloides británicos a casi todos sus temas lleva como eje rector la construcción de una empatía con su lector y su realidad, desde la cual el periódico habla. Servirían de catalizadores para manifestar y defender los códigos morales socialmente aceptados por la clase trabajadora y el británico ‘de a pie’, así como su conjunto de valores, creencias –y con frecuencia prejuicios— que facilitan su convivencia. El común denominador parece ser la protección de la moral social y la condena de su transgresión, especialmente por parte de los famosos.

Por ello, los tabloides son los periódicos más demandados y llevados a corte debido a la veracidad y dudosos métodos de obtención de su información, y su incesante intromisión en la vida privada de personajes públicos: escándalos sexuales y relaciones extramaritales de los famosos, consumo de drogas de personajes públicos, actos de corrupción, o los sórdidos detalles de sus dobles vidas. Todos los tabloides, especialmente los de Rupert Murdoch, han sido acusados innumerables veces ante organismos vigilantes de la prensa de fabricar historias, publicar injurias y calumnias, o dar a conocer información falsa y sin evidencia.

Ha tenido que imprimir innumerables disculpas y fe de erratas, y pagar cuantiosas cifras por reparación de daños a sus ‘víctimas’. Por ello, ante los altos costos de las demandas judiciales, no es de extrañarse que el periódico se haya hecho, a través de sobornos y chantajes, de una red de informantes confiables que le fungiera como fuente constante de historias irrefutables, como Scotland Yard.

Además, el periodismo sensacionalista es acusado desde la academia de omitir el valioso contexto de la información tan necesario para formarse un juicio, de perpetuar estereotipos, alentar el racismo y la xenofobia hacia inmigrantes y provocar miedo y confusión con información no verificable. Se les reclama por desinformar y manipular información y por crear una cultura del ‘corre, ve y dile’ para hacer dinero fácil.

Además, los millones no sólo circulan para los diarios. Es a través de los tabloides que se ha tejido como en ningún otro país una importante industria mediadora entre los diarios y su público: un ejército de publirrelacionistas al que acuden cientos de personas en busca de fama y fortuna inmediatas para ‘vender su historia’ a los diarios al mejor precio: desde modelos y  famosos de categoría menor que cuentan sus aventuras con los famosos, mujeres con enfermedades raras, o adolescentes que se convierten en los padres más jóvenes del país.

 

En defensa de los tabloides: lo público, lo privado y lo alternativo

Ante todas estas críticas, la línea de defensa de los tabloides ha sido reiterada: los personajes públicos –sean celebridades, deportistas y principalmente políticos—amasan inmensas fortunas, fama y poder a través de la construcción y explotación de una imagen pública que es del interés público verificar. Después de todo, un futbolista británico se hace de millones en contratos de publicidad por su cuidada imagen de hombre de familia, pese a su doble vida; una súper modelo o celebridad es empoderada por adolescentes que le posicionan como “modelo aspiracional”,  pese a su consumo de cocaína; y un político es un servidor público al que los ciudadanos han encomendado su confianza. En esta línea, se asume que las celebridades, deportistas, políticos y miembros de la casa real pierden su derecho a la privacidad en tanto lucran y se benefician económicamente del capital social y simbólico que les confiere su imagen y la preferencia, consumo o voto del público. Por ello, los lectores tienen derecho a saber qué pasa con ellos y cuestionar sus decisiones si éstas contradicen su imagen. Respecto de las vidas privadas de personajes comunes cuyas historias explotan, la excusa de los tabloides de Murdoch es que es la propia gente la que está ávida de fama y fortuna y vende su privacidad con tal de lograrlo.

Por su parte, los estudiosos del periodismo tabloide en tanto fenómeno de cultural popular han defendido el hecho de que estos periódicos fungirían como una esfera pública alternativa desde donde se discuten los verdaderos intereses del ciudadano de a pie. No la política y sus discursos abstractos desde donde la ‘clase media’ pretende dictar e imponer una agenda de interés a todos, sino los dramas de la vida real con quienes los lectores realmente se identifican. El interés humano que producen la caída en desgracia, la tragedia, la indignación pública, el miedo y toda la gama de emociones y sensibilidades, conectaría con la sociedad y su concepción de ‘lo político’ más efectivamente que cualquiera de los llamados ‘diarios serios’.

 

Otra línea de defensa hacia los tabloides es que revitalizan permanentemente el viejo debate de si para llegar hasta el fondo de los hechos y conducir investigaciones periodísticas que permitan destapar cloacas y hacer rodar cabezas, se necesita algo más que un tibio distanciamiento editorial y simple presentación de hechos como pregonan los ‘diarios serios’ y su modelo profesional de objetividad. Para vigilar a los actores públicos, se insiste, el periodismo de investigación necesitaría echar mano de métodos más drásticos como intervenciones telefónicas, espionaje o reporteros encubiertos. Sólo así, con iniciativa y cooperación,  se descubren los casos de corrupción y se lleva a juicio a los corruptos. El reciente caso de jugadores de cricket  pakistaníes que se coludían con grupos de apostadores para arreglar resultados de partidos internacionales fue uno de los más grandes descubrimientos sobre la corrupción en deporte que se haya hecho hasta ahora. La exclusiva la logró el News of The World tras varios meses de investigación y algunos reporteros encubiertos. La población se aprestó a condenar a los deportistas, la policía a enjuiciarlos, y el dominical a recibir palmadas en la espalda por su buen trabajo. Nadie reclamó entonces por métodos dudosos.

 

La delgada línea de lo admisible: de espiar famosos a espiar ciudadanos

Sin duda la debacle del diario, su eventual clausura, y la enorme presión que hay no sólo hacia el interior de la compañía editora News International sino en el seno del partido conservador y la red de funcionarios y policías que le solapaba no se debe a una simple historia o a otro espionaje más. El caso que aceleró la crisis del grupo no fue el de haber intervenido los teléfonos de la realeza, como en anteriores ocasiones, o el de futbolistas o políticos caídos en desgracia. Se trató esta vez de una víctima de asesinato cuyo dramático final había sido abrazado con empatía colectiva: Milly Dowler, la niña que desapareció en 2002 y fue hallada muerta seis meses después. En esta ocasión, el acto de espionaje e intervención ilegal fue a teléfonos de la víctima y sus padres, con lo que se obstruyeron las investigaciones y la impartición de justicia. También se trata del espionaje a cientos (y posiblemente miles) de víctimas de ataques terroristas en Reino Unido y Estados Unidos, a familiares de soldados muertos en guerra y a otros ciudadanos comunes víctimas de tragedias que nunca autorizaron ser espiados ni vendieron su historia a los tabloides, y ni siquiera eran lectores del diario. En suma, se trata de una crisis no sólo de credibilidad, sino de la caída de la confianza del público con su periódico.

 

News of the World sobrepasó la línea de cazar historias de corrupción a convertirse él mismo en el corrupto, de perseguir historias a convertirse en la historia, de espiar a los malos del cuento (políticos, miembros de la realeza y celebridades) a espiar a los ciudadanos, de linchar a celebridades en desgracia a ser el linchado. Quizá las agresivas estrategias para revertir la consistente caída de lectores  le será contraproducente en el largo plazo y terminará por agudizarse por esos mismos métodos que un día acrecentaron las ventas.

En las últimas semanas no ha habido un día sin que salgan a la luz nuevos detalles de los dudosos procedimientos de los reporteros para obtener su información, de los editores para lucrar con información, de los ejecutivos del conglomerado de Rupert Murdoch por traficar con influencias y chantajear a cambio de favores, y principalmente, de políticos y policías que colaboraron con el diario a pesar de violar la ley, todo a cambio de dinero.

La cloaca se ha destapado y aún queda mucho por descubrir. Como pieza de dominó están cayendo no sólo ejecutivos, sino funcionarios de alto rango: desde la entonces editora del diario y hoy alta ejecutiva del conglomerado, hasta el Jefe de la Policía de Londres. Falta ver qué personajes caerán del partido conservador –al que apoyaron los diarios de Murdoch en la pasada elección—si el primer ministro David Cameron soportará la presión, y qué tan profunda es la colusión y la utilización mutua entre diario y partido.

Pero quizá lo más importante sea saber si a partir de este caso las prácticas periodísticas de los tabloides serán cuestionadas por sus propios lectores, si la caída de ventas para Rupert Murdoch continuará, o si, por el contrario, asistimos a la configuración de una nueva generación de editores, reporteros y lectores de los  tabloides del futuro para quienes todo es admisible.

2 Replies to “News of the World: las cifras, aciertos y resbalones del periodismo sensacionalista”

  1. Excelente disertación… lo cierto es que la voracidad de los dueños de los medios es cada día más lacerante en todos sentidos, no sólo afectando a sus lectores, sino a su propio personal.

    Las cargas de trabajo al interior de los diarios en todo el mundo se ha incrementado a niveles inimaginables, editores y reporteros trabajan horas extras con la excusa de que la industria editorial se está yendo a pique y que se necesita redoblar esfuerzos para llenar de información no sólo los productos impresos, sino ahora se exige que la misma plantilla de trabajadores haga una doble labor para elaborar las ediciones electrónicas a costa de lo que sea, incluso de la propia verdad…

    No cabe duda que estamos viviendo un tiempo coyuntural para los medios en todo el mundo.

  2. Gracias por tu comentario.

    Es verdad, desde los años 90s con la liberalización de mercados trasnacionales ésa ha sido la dinámica más documentada en el mundo: más medios en convergencia que supone redacciones integradas y multimedia, más periodistas que deben trabajar para varios medios al mismo tiempo por el mismo o menos sueldo, nuevos ambientes donde las divisiones de noticias dejan de ser la sección central y se convierten en un eslabón más de un conglomerado, y por ende, deben supeditarse ya no a un editor o su otrora personalidad editorial, sino al presidente de un corporativo de medios más grande desde donde se establece a contentillo la política editorial.

    En este contexto de pérdida gradual de autonomía profesional (en países donde sí la hubo), el medio informativo se convierte en una propiedad más, la noticia en mercancía, el espectador en consumidor, y el periodista en obrero. Así es el escenario de los grandes corporativos mediáticos como el de Murdoch. Y donde no hubo tanta autonomía profesional y nunca se vio al espectador como ciudadano, pues los sistemas de medios (primordialmente la TV) pasaron directamente de cultura autoritarios a lógica comercial como en México, la situación es mucho peor.

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