Los queremos vivos, aún


Por Darío Ramírez y Ricardo González, publicado en El Universal

El 7 de agosto 2010, exactamente hace un año marchábamos por el Paseo de la Reforma, todos bajo el mismo lema “Los queremos vivos”. Eran reporteros, camarógrafos, editores y organizaciones civiles. Ese día el sol quemaba. Pero había que estar ahí. Volteando a cualquier parte, te encontrabas algún colega. Con guiño de saludo, abrazo o un simple apretón de manos, la solidaridad se hacía presente. Importaba poco para qué medio de comunicación trabajabas.

La competencia informativa y comercial de los medios de comunicación, por un momento, se suspendió en el tiempo. Por lo menos para los que estábamos presentes. Vale notar que no estuvieron presentes los dueños o altos ejecutivos de los medios de comunicación. Me aventuro afirmar que su lógica respondía a que la violencia contra su personal no era un tema de la calle. Alrededor de 17 mil personas avanzamos por la céntrica avenida. Llegamos a la Secretaría de Gobernación. No había nadie. Estaba cerrada. Parecía que nadie trabaja ahí. El grito, el reclamo y la exigencia se replicaron en otras ciudades. Ese día se dio la nota. Ese día, los periodistas fueron la nota. Se culminó un largo proceso de alentar la solidaridad y luchar contra la ignominia del desdén solidario entre colegas de profesión. Ese día se compartió un interés traslapado entre los marchantes. Ese fue detener la violencia contra la prensa para salvaguardar el derecho a la libertad de expresión e información. La marcha fue un hito. La marcha rompió anacrónicos paradigmas. Ahora queda, ejercer el periodismo erradicando las punzantes malas prácticas.

El 7 agosto 2011, nadie marchó. Pocos tuiteamos el recuerdo de aquella manifestación. Varios nos limitamos al pírrico señalamiento en las redes sociales. Reforma estuvo vacía. Lo que nos unió, la exigencia de “Los queremos vivos”, no resonó ni en las mismas redacciones. El interés de manifestarse se esfumó. Pero la realidad sigue igual o más violenta que hace un año. Entonces ¿por qué no salimos una vez más? ¿Qué nos faltó? ¿Dónde se fueron las ganas? ¿Qué otras acciones reemplazaron aquel interés de miles de personas? Simplemente este año no hubo la fuerza. Razones habrá varias pero no hay momento para la reflexión inútil. Tenemos que reinventar la marcha. Buscar nuevos mecanismos para forjar la incipiente solidaridad y preocupación por los periodistas que están en serio riesgo. Debemos juntar más voces para hacer oír a las autoridades. Porque lo que sí no logró la marcha del 2010 fue exigir resultados a las autoridades (locales y federal). La violencia contra la prensa se ha arraigado en nuestra sociedad. Las incontables historias de medio de reporteros son cada vez más comunes. Los homicidios de periodistas parecen ser ya una constante dentro de las miles de muertes. Parece como si no alcanzáramos a dimensionar lo que estamos perdiendo. Será hasta dentro de una década donde, tal vez, podamos verificar qué daños estructurales sufrió nuestro periodismo. Nuestra información. Nuestra sociedad. La historia será implacable con la tibieza de autoridades, prensa y sociedad, al momento de hacer el recuento de daños del periodo crucial que vivimos hoy para la consolidación de la democracia. Hoy, periodistas se vuelven taxistas huyendo de la violencia. Hoy, periodistas se desplazan internamente por la violencia que aqueja ciertas regiones. Hoy, parece ser, la violencia está en todas partes, y en todas partes afecta la libertad de prensa.

Se ha dicho todo. El diagnóstico de lo que sufre el periodismo en México está bastante claro para aquel que le interese. Es momento de purgar la misma profesión. Criticar y desterrar las malas prácticas que han promovido la cercanía con los poderes, en detrimento de la información pública. Existe una clara corresponsabilidad de diversos actores para salvaguardar el libre flujo de información y opiniones en nuestro país. Es verdad que la mayor responsabilidad recae en las autoridades quienes con el mantra evasivo achacan los males a los malos (el crimen organizado). Pero de resultados ni hablamos. Como lo dijo el Fiscal de Periodistas en su reciente comparecencia ante el Congreso, a pregunta expresa de cuántos resultados hay, se limitó a decir –“muy pocos”-. El momento que vive la prensa y el derecho a la información es de emergencia. Detenernos a contemplar la ineficacia, corrupción y displicencia de las autoridades no es una opción. Mientras el contexto para ejercer la libertad de prensa no mejore, la prensa seguirá bajo múltiples embates que obstaculizan el derecho a saber de la sociedad. Por ello, “Los Queremos Vivos”, aún. 

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