Crimen decapita la ética periodística


Por Ricardo Alemán en su blog La Otra Opinión

Ayer, el Valle de México fue testigo de un nivel de violencia sin precedentes en la región.

En los alrededores del Hospital Ángeles –en Huixquilucan, Estado de México –, apareció colgado y decapitado un supuesto delincuente que –según el mensaje que lo acompañaba –, respondía al nombre de “Pancho”.

De acuerdo con fuentes oficiales, “El Compayito” –presunto líder de la organización criminal “La mano con ojos” –, dejó instrucciones de desmembrar y exhibir a “Pancho” luego de ser detenido.

Este crimen ratifica la advertencia de muchos de que sólo era cuestión de tiempo para que estos extremos de violencia empezaran a aparecer en el Valle de México.

Sin embargo, acaso es más lamentable que algunos diarios como La Prensa, El Gráfico e Impacto –en un amarillismo que repugna y que además debía de haber sido superado en una democracia como la mexicana –, difundieron en primera plana las imágenes en donde aparece el cuerpo decapitado de un hombre que de manera grotesca cuelga de un puente.

La exhibición de la imagen en una sección periodística como la primera plana nos remite a tendencias obscenas ya superadas incluso en tiempos del priísmo autoritario y de la “prensa vendida”.

Hace décadas, los gobiernos priístas censuraron medios impresos como “Alarma”, que se especializaban en el amarillismo y la violencia criminal.

Nada justificaba en aquellos tiempos la censura, pero en el fondo buena parte de la sociedad aplaudió que desapareciera esta expresión del periodismo decimonónico.

Lo lamentable es que en tiempos de democracia, de libertades, de derechos humanos, de alternancia y de esfuerzos mediáticos por autorregular la difusión de la violencia, aparezcan estas imágenes en Diarios como La Prensa, Impacto y El Gráfico.

Todos saben que las empresas de la comunicación son posibles gracias a las leyes del mercado. No obstante, habría que poner en un lado de la balanza a la empresa y su rentabilidad y del otro la responsabilidad social y ética de los medios.

Por eso la pregunta, ¿Optarán estos medios por convertirse en megáfonos del terror o cumplirán con su deber de informar desde la consciencia y responsabilidad inherentes a su labor..?

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