El escándalo de Torreón


Por Héctor Aguilar Camín, publicado en Milenio

Han pasado cinco días desde el momento en que un tiroteo nutrido a las afueras del estadio TSM (Territorio Santos Modelo), de la ciudad de Torreón, produjera el pánico de jugadores y público en un partido de futbol de la primera división.

La televisión abierta transmitía el partido en cadena nacional. De pronto se oyeron los tiros, vimos a los jugadores echarse al suelo, luego correr hacia los vestidores, vimos al público agazapado en sus butacas, luego emigrando con insólito orden hacia la parte del estadio opuesta al lugar del tiroteo.

El canal de televisión abierta que transmitía el juego interrumpió la señal. Los comentaristas que quedaron al aire construyeron en su propio desconcierto la hipótesis de que había habido tiros dentro del estadio.

A partir de ese momento todo han sido aclaraciones de lo que sucedió y es la hora, después de no sé cuántas líneas impresas y no sé cuantas horas dedicadas al tema en todos los medios, en que no sabemos a ciencia cierta lo que sucedió, cómo se desencadenó el tiroteo, de quiénes contra quiénes y por qué motivos.

No sabemos nada de las razones. Como casi todos los que reporta la prensa, el de Torreón queda en la opinión pública como un hecho fortuito, que carece de lógica e intención, y cuya suerte mortal puede tocarle a cualquiera.

Esta ignorancia de las razones de lo sucedido añade al hecho un componente histérico, pues deja a la gente a ciegas, inerme, a merced del azar violento, como si el país jugara a una involuntaria y gigantesca ruleta rusa.

La impresión nacional es que hay un ejército de vándalos disparando al gusto y que sus balas son caprichosas, que pueden tocarle a cualquiera. Evidentemente no es así, hay una lógica en la violencia. Tiene aspectos azarosos y cobra víctimas inesperadas, pero se ejerce con un propósito claro de ajuste de cuentas y amedrentamiento de bandas contra bandas y bandas contra soldados y policías.

El escándalo de Torreón se multiplica por la absoluta ignorancia pública de por qué sucedió, cuál es su lógica criminal y qué se buscaba con ello.

Si se buscaba difusión e histeria, los criminales nos han ganado la partida una vez más. Con muy bajo costo para ellos han vuelto a poner al país en vilo.

La peor explicación que puede darse del hecho es la que dio ayer a Ciro Gómez Leyva el jefe de la policía de Torreón, Adelaido Flores: “Fue un hecho fortuito”. Un auténtico pecado de ignorancia de lo sucedido.

Este es el verdadero escándalo de Torreón, un escándalo de ignorancia. De los tiros, las autoridades y los medios no son culpables; de la ignorancia colectiva sí.

acamin@milenio.com

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