Sinaloa, el crimen oscuro


Por Julián Andrade, publicado en La Razón

El asesinato del periodista Humberto Millán revela lo más oscuro de la violencia que corroe Sinaloa y que tiene una de sus expresiones en el ataque a la prensa.

El diputado Manuel Clouthier ha insistido en la grave situación que impera en el estado desde hace tiempo y que por momentos parece olvidada por las autoridades.

Los móviles son diversos, pero las acciones criminales ocurren por la enorme impunidad que suele imperar en estos casos.

Millán era un periodista de polémicas, tenía influencia y le gente lo quería. Quienes lo conocieron señalan que su trabajo generaba disgustos y que sus enemigos no eran pocos.

En un comunicado del Observatorio de los procesos de comunicación pública de la violencia se señala: “Humberto Millán, director del diario digital A Discusión y colaborador de Radio Fórmula, era un periodista con más de treinta años de trayectoria profesional, la cual desempeñó de manera crítica y frontal al cubrir temas políticos”.

Es pronto para aventurar hipótesis, pero la muerte de Millán tiene todos los componentes necesarios para generar una crisis si no se actúa con prontitud y eficacia.

Para el gobierno de Mario López Valdez la búsqueda de los responsables se va a convertir en una de las más grandes exigencias.

Sólo con los culpables detenidos se mandará un mensaje claro para los que delincan y más aún en casos de alto impacto.

Es un golpe duro y así deberían evaluarlo en las dependencias encargadas de las investigaciones.

El contexto no puede ser más delicado. El también periodista Luis Enrique Ramírez decidió abandonar el estado. “Preferimos callar, poner distancia de por medio, y hacer lo posible por vivir”, escribió en su blog Fuentes Fidedignas.

Ramírez explica, en su última entrega, que por primera vez tiene evidencias para pensar que está en riesgo de muerte.

Ramírez es un periodista profesional. Trabajó en El Debate y en varios diarios de la ciudad de México.

No es posible que cosas así continúen ocurriendo. La prensa requiere de condiciones mínimas para hacer su trabajo. La muerte o el exilio silencioso no pueden convertirse en el futuro, ya que esto sería terrible.

Hace unas semanas se lamentaba la muerte de periodistas veracruzanos y ahora ocurre lo de Millán.

Cualquier discurso queda vacío si los reporteros no pueden hacer su trabajo. No se trata de salvoconductos gremiales, sino más bien de recordar que la libertad de expresión es una de las bases de cualquier democracia.

Hay que insistir en la necesidad de establecer las condiciones de protección que requiere el trabajo en lugares de alta violencia.

Se deben condenar, sin duda, los ataques a la prensa, pero más vale que se vayan tomando cartas en el asunto, para evitar que la muerte de Millán sea sólo una más, en este macabro conteo.

julian.andrade@razon.com.mx

Twitter: @jandradej

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