Casino Royale, la tragedia y los medios


Por Gabriel Sosa Plata, publicado en El Universal

Mi familia vive en Monterrey y, como muchos mexicanos, sigo impactado, consternado y triste de los hechos ocurridos la semana pasada en el casino Royale.

Me encontraba de vacaciones en otra ciudad y, desconectado de Facebook, Twitter y de mi correo electrónico, me enteré de la tragedia a través de un mensaje de texto de Uno Noticias: “Ataque a casino en Monterrey deja al menos 10 muertos”. El reporte me llegó a las 19:46 horas, varias horas después del crimen y ya cuando la noticia estaba dando la vuelta al mundo a través de diversas agencias internacionales.

Al día siguiente, en mi comentario habitual en “Pulso de la Mañana”, de Radio Educación, retomé lo dicho a CNN por José Luis Piñeyro, colega profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana: el ataque es uno de los crímenes más impactantes del sexenio, así como un desafío de la delincuencia organizada a la sociedad y a la estrategia anticrimen del gobierno federal.

Y coincidí en ello, porque en términos de impacto emocional y mediático se logró voluntaria o involuntariamente el objetivo de atraer a la prensa nacional e internacional, pero al mismo tiempo provocar terror entre la población, hacer terrorismo. No es, como se ha documentado, la primera vez que los ataques son dirigidos a población civil. En el mismo Monterrey, apenas el pasado 8 de julio, 20 personas murieron por el ataque de un grupo armado en el bar Sabino Gordo, ubicado en el centro de la capital.

En Monterrey, ciudad que conozco bien, y en sus municipios conurbados, la población se siente insegura en lugares públicos, desde restaurantes familiares hasta casinos. Esta sensación no es nueva.

Con mi familia, hace ya como cinco años, fuimos testigos de cómo un comando armado entró a un restaurante en el que nos encontrábamos cientos de personas para hacer un “levantón”. Lograron su objetivo en menos de tres minutos. Los medios informaron del hecho. Fue una noticia más, pero el impacto emocional fue fuerte. Desde entonces, no sólo por este “levantón”, sino por muchos otros actos delictivos, hemos dejado de visitar algunos sitios, entre ellos los comercios de la carretera nacional o los centros de municipios como Santiago, Allende y Montemorelos.

¿Qué deben hacer los medios de comunicación ante esta situación? Informar, en principio, de la manera más apegada a los hechos, sin sensacionalismo ni amarillismo ni protagonismo. Hay criterios establecidos y procedimientos para ello, al igual que códigos de ética periodística y acuerdos entre los medios de comunicación para su difusión.

Falta aún evaluar de una manera más amplia el papel de los medios de comunicación en torno al ataque al casino Royale. Por lo pronto, Álvaro Cueva, en su leída columna sobre televisión (Milenio Diario), cuestionó la poca importancia que le dieron al asunto las grandes televisoras.

“Por menos de la mitad del horror que Monterrey vivió la tarde del jueves pasado, los medios de Londres o Buenos Aires se hubieran paralizado. Aquí no sólo no se paralizaron, se han dedicado a presumir su silencio con el paquete de justificaciones más absurdo que la humanidad entera hubiera escuchado a lo largo de su historia. La televisión abierta de este país ya ni siquiera nos está tratando como tontos, nos está agrediendo y, lo más delicado de todo, se está convirtiendo en cómplice de este terror”.

Así de fuerte y no es para menos, si recordamos, por ejemplo, la cobertura de Televisa y Televisión Azteca al ataque terrorista a Estados Unidos, hace casi una década, en septiembre de 2001, y a otro tipo de coberturas, muchísimo menos trascendentes, como la comida anual de los mismos radiodifusores con el presidente en turno, en la que los discursos de elogios mutuos se transmiten en cadena nacional, sin falta, desde hace muchos años, o a espectáculos tan polémicos como el de Iniciativa México.

Ante los avances tecnológicos, producto de la digitalización, los recursos y experiencia de las televisoras, siempre se espera más del medio de comunicación con mayor cobertura e influencia en el país. Por eso Cueva lamenta que a diferencia de lo que Televisa o Azteca llegaron a hacer en otros años ante las grandes noticias de México y el mundo, pareciera que “en Monterrey no estaba pasando nada”.

La televisión local de Monterrey, como Multimedios, tuvo un papel relevante, dijo Cueva. De ahí la importancia de crear y fortalecer los medios electrónicos locales, públicos y comerciales.

Por otra parte, desde hace tiempo los medios de comunicación locales y algunos nacionales han denunciado (me incluyo) la proliferación de casinos y casas de apuestas en México, donde el estado de Nuevo León encabeza la lista, con 57 establecimientos legales e ilegales. De igual manera se ha destacado el crecimiento de la ludopotía en el país y su impacto en la sociedad y en la familia. Sin embargo, poco o nada hicieron al respecto las autoridades federales y estatales. Hasta hoy toman cartas en el asunto y se justifican las críticas y cuestionamientos severos que se han ganado en los mismos medios.

Lo sucedido en Monterrey tiene, como vemos, diferentes aristas, que merecen analizarse con mayor profundidad. En todo caso, un país pobre, con cada vez más casas de apuestas exitosas, problemas crecientes de ludopatía, bajo un clima de extrema violencia, de guerra entre carteles y contra las autoridades, son un pésimo diagnóstico y, por lo tanto, tienen razón quienes promueven un cambio en la estrategias de seguridad, de abatimiento de la pobreza y hasta de las coberturas informativas sobre estos y otros temas de la agenda nacional.

Los comentarios y la información generada desde las redes sociales y los portales de diarios como El Universal es otro tema por comentar. ¿Cuál es su diagnóstico? ¿cuál debe ser y debió haber sido la labor informativa de las televisoras? ¿de qué manera se enteró de lo ocurrido y de dónde obtuvo más detalles? ¿de qué manera informar sobre los hechos de violencia, narcomensajes y actos de terrorismo? Este espacio, como siempre, es suyo. Opinemos.

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