Federico Reyes Heroles sobre Acuerdo de Medios


Por Federico Reyes Heroles, publicado en Reforma

¿Terrorismo en México? La palabra desconcierta, más aún cuando viene de un gobernante. Los gobernantes normalmente niegan las malas nuevas. Recordemos el 94 y la aparición de la guerrilla. La discusión sorda ha estado ahí por lo menos tres años. El horror provocado en Monterrey la vuelve ineludible. Mucho ha cambiado desde el 2006, más de lo digerido. México había sufrido actos aislados de terror pero no un encadenamiento de acciones encaminadas a generalizarlo: terror, terrorismo. Hoy son innegables. Sin embargo, el terrorismo que vive México tiene sus peculiaridades. No hay un objetivo político, religioso o racial expreso. No puede haberlo pues se trata de debilitar a la autoridad, al Estado. No hay una organización que, en exclusiva, reivindique el terror como mecanismo de lucha. No les interesa. Pero el ánimo es también su objetivo.

Cuerpos regados, decapitaciones y otras atrocidades con el afán de conseguir espectacularidad; lugares públicos como vitrinas del horror, de las calles de Morelia, a las playas, carreteras en cualquier parte. Hay una intención y una mecánica. No se busca eliminar a alguien y ocultar el hecho, sino todo lo contrario, darlo a conocer con firma de autor y magnificarlo tanto como sea posible. Además de un ajuste de cuentas posiblemente por extorsión, la masacre del casino buscó sembrar terror. Es terrorismo: “Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”. Lo primero es leerlo y aceptarlo. La posible solución comienza por el diagnóstico realista.

Precisamente porque sí es terrorismo los medios juegan un papel central, no son meros espectadores, reflejo de lo que ocurre, son actores. De ahí la relevancia del Acuerdo entre los medios para establecer protocolos individuales en el tratamiento de la violencia. Todos estamos aprendiendo, es una experiencia inédita para ciudadanos, gobernantes y periodistas. La disyuntiva para los medios -sobre todo en plazas muy activas del narco- es atroz: o informas lo que nosotros queremos y tal y como lo queremos o te silenciamos, entiéndase por silenciar amenaza o muerte. De ahí la importancia de una estrategia en conjunto de defensa del acto de informar. La muerte de H. Millán Salazar es uno más de los terribles actos que llevaron a Freedom House a calificar a México como carente de libertad plena.

Discutir cómo llegamos aquí sólo tiene sentido para buscar una salida, no para avivar inútiles reclamos fundamentalistas. Calderón tenía que enfrentar al narco. Pero también es cierto que buscó un uso político que hoy paga carísimo. Lo que no procede es que hoy el Presidente reclame a los gobernadores por la inseguridad, como si ellos fueran los responsables de una violencia que, simplemente, no existía hace cinco años. Esa nueva violencia y multiplicación de las bandas criminales (ver E. Guerrero, Nexos, # 395 y 402) es consecuencia de la “guerra”. No hay cómo evadirse. Los golpes a los grandes capos multiplican las bandas. Los pleitos por las plazas llevaron a muchas organizaciones locales a transitar a otras vertientes del delito como secuestro, chantaje, extorsión, muchos locales. Ahí están las demoledoras cifras de México Evalúa. Las autoridades locales no estaban ni remotamente preparadas para contender con la nueva violencia. Ya estaban en falta, pues en la mayoría de las entidades la inversión en seguridad y justicia es ridícula, de capacitación mejor no hablar. Pero la sucesión de hechos no debe ser alterada.

Ahora viene lo que más subleva. Según el informe de Causa en Común ni las autoridades locales ni las federales han cumplido con los compromisos surgidos del Acuerdo de hace tres años. Esta insultante displicencia de las autoridades muestra la brutal incomprensión del grado de enojo, hartazgo y desesperación de millones de ciudadanos cuya vida ha sido alterada en lo fundamental: la seguridad. Los “indignados” mexicanos han marchado muchas veces, para quien los quiera ver. La demanda es clarísima: póngase de acuerdo y controlen el crimen sin bridas. La evaluación de personal federal va a paso de tortuga, por lo cual el Centro Nacional de Certificación sigue siendo un membrete. Ello impide consolidar los centros estatales. Causa en Común desnudó la ineficiencia pero también el cinismo de gobernantes sin palabra de todos los colores.

El horror del Casino Royal pareciera ser una mezcla de todo lo anterior: bandas poderosas, autoridades débiles, ineficientes y amedrentadas, opacidad, corruptelas y terrorismo. Calderón apuntó a Estados Unidos. Consumo insaciable, mayor vendedor de armas del mundo, “si están decididos y resignados a consumir droga… busquen alternativas de mercado que cancelen las estratosféricas ganancias… establezcan puntos de acceso claros”. Sus palabras son la aceptación de que la criminalidad local es también consecuencia de la “guerra”. Pero entre el origen y la violencia generalizada que vivimos está la responsabilidad de las autoridades mexicanas, la nuestra.

 

 

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