‘No quiero el perdón de Duarte’


Por Rolando Herrera, publicado en Reforma

Boca del Río,  Veracruz.- Luego de recobrar su libertad el miércoles, María de Jesús Bravo Pagola, encarcelada durante casi un mes acusada de terrorismo y sabotaje por escribir en Facebook sobre la violencia del crimen organizado, no acepta haber sido perdonada por el Gobierno estatal de Javier Duarte, cuya Procuraduría desistió de continuar con el juicio.

“Agradezco el que se haya hecho justicia, pero no acepto el perdón.

¿Cómo voy a aceptar el perdón? Golpearon a mi hija. A mí me apandaron. Tengo mi casa toda destrozada. ¿De qué me perdonaron? ¿De ejercer mi libertad de expresión?

“No quiero ese perdón. Sería una humillación peor a todas las que recibí en el penal”, señaló en entrevista con REFORMA.

La mujer, de 57 años, dijo que el Gobierno de Duarte le ofreció una beca en España para que estudie lo que quiera.

Sin embargo, aseguró que continuará viviendo en esta ciudad y ejerciendo su libertad de expresión.

“Yo me voy a quedar aquí. Desde luego, a quien le moleste se puede ir. Yo no me voy”, afirmó.

En su primera noche en el penal de Pacho Viejo, la cocinera, que se había sentido delatada, le arrojó a María de Jesús Bravo Pagola la comida al suelo.

“Perra traidora, por tu culpa me regañaron”, le espetó en la entrada de su celda al tiempo que arrojaba al piso los frijoles con epazote que llevaba y le vertía el café de olla sobre la manos.

Unos minutos antes, una custodia le había preguntado si ya le habían dado de comer, y ella le dijo, sin ánimo de reclamo, que todavía no, respuesta que enfureció a la cocinera.

“Yo tenía mi comida en el suelo y mis manos quemadas, en ese momento yo sentí que ya había perdido toda la dignidad. Soy honesta, yo sentí que era como un cerdo o como un perro a quienes les van a ir a aventar las cosas y que están en medio de excremento, de comida tirada en el piso”, recuerda.

María de Jesús había sido detenida el 26 de agosto acusada de terrorismos y sabotaje. La Procuraduría de Justicia de Veracruz la había responsabilizado, junto con Gilberto Martínez Vera, de haber causado una psicosis colectiva en la ciudad por difundir a través de Facebook y Twitter que el crimen organizado había llevado a cabo ataques contra escuelas.

Fue detenida en su casa de Boca del Río y, según su versión, golpeada y amenazada por elementos de la Agencia Veracruzana de Investigación (AVI), trasladada por helicóptero a Xalapa y obligada a firmar una declaración que no decía lo que ella había sostenido ante el Ministerio Público.

De la noche a la mañana estaba en una realidad distinta a la suya. Maestra jubilada que vive de su pensión y del alquiler de varios inmuebles, amante de la literatura y del arte, premiada en su juventud por un libro de poesía, pensó que su situación era kafkiana.

Más tarde, cuando comenzó a conocer la vida carcelaria, llegó a la conclusión que Franz Kafka, famoso por lo irreal y absurdo de su obra, sería un escritor de lo cotidiano en ese mundo paralelo.

“Te juro que Kafka dentro del penal sería un escritor costumbrista, pero no sólo dentro del penal, creo que en todo Veracruz”, asegura.

Flor de Azalea

Antes de conocer a la directora del penal, Bravo Pagola conoció a una mujer apodada “La Encargada”. Una joven de unos 25 años, de piel apiñonada, medianamente atractiva, que vestía de manera casual y siempre estaba custodiada por tres internos varones.

“Yo soy Flor de Azalea”, le dijo la joven al recibirla en el penal.

“Después me voy dando cuenta que esa muchacha tenía un rango muy elevado. Yo pensé que era custodia, pero luego me di cuenta que era una interna más. Es la encargada del crimen organizado dentro del penal”, señala.

“Flor de Azalea”, recuerda Bravo Pagola, se encargaba de disciplinar a las internas, les imponía premios o castigos y coordinaba la venta de drogas dentro de la cárcel en complicidad con un hombre que también se presentó ante ella y dijo ser el “Comandante Tetos”.

A base de gritos, las custodias fueron enseñándole a Bravo Pagola cómo debía comportarse dentro del penal. Confinada en lo que es una celda de castigo, tenía prohibido convivir con las demás internas y le prohibieron saludar a cualquier persona.

“No me dejaron hablarle a mi hijo el día de su cumpleaños. El poco tiempo que me sacaban al jurídico o al locutorio, me prohibían decir buenos días, buenas tardes, con permiso. ‘Cállate’, me gritaban. Pero yo veía cómo las demás internas tenían teléfono.

“Después me di cuenta de que ellas eran privilegiadas porque servían como prostitutas de los jefes del crimen organizado que están en el penal. Escuchaba cómo se ponían de acuerdo para pagarles operaciones en las chichis, en las nalgas. ‘El Tetos’ pasaba de repente y decía: ‘Estás vestida o desvestida, chiquita mamey'”, señala.

Huele a cárcel

Un día, la directora del penal, Cecilia Tejeda Ortega, llegó hasta la celda de Bravo Pagola. La invitó a caminar por el patio del penal. Durante el deambular, cortó un nopal tierno con la mano, le quitó las espinas y comenzó a masticarlo.

Entonces le explicó que estaba en la última celda, utilizada por lo regular como área de castigo, pues se trata de un espacio de un metro 10 centímetros de ancho por dos metros y medio de fondo, para que estuviera más segura, y le recomendó que no tuviera contacto con las demás internas.

“Ella me recomendó eso porque sabía lo que pasaba ahí adentro y sabía que en determinado momento podría surgir algo que la podía rebasar, cuando yo le hablaba de ‘Flor de Azalea’, me preguntaba ‘¿Cuál Flor de Azalea?’, lo mismo del Tetos”, dice.

En esa ocasión, ya con un poco más de confianza, Bravo Pagola se defendió ante la directora, le dijo que ella no había cometido ningún delito por haber escrito en su muro sobre la violencia en Veracruz.

“A causa de lo que yo hice no hubo un muerto, no hubo un herido. Nadie ha perdido su patrimonio, posesiones o derechos por lo que yo dije. Entonces, yo no tengo víctima, si yo no tengo víctima no hay delito y no tengo por qué estar aquí. Pero ustedes están cometiendo muchos delitos de abuso de autoridad”, le argumentó.

También se quejó de las condiciones insalubres en la que estaba: su celda no tenía agua, tenía que acarrearla, y permanentemente olía mal.

“Le dije: ‘Mire, estoy en condiciones insalubres, no me traen agua, no tengo las mínimas condiciones, huela’. Y me contestó ella: ‘huele a cárcel’. O sea, no le busques. Entonces acepté que tal vez era el olor al que tenía que acostumbrarme”, indica.

‘Felicidades, eres terrorista’

El 25 de agosto, Bravo Pagola fue al banco a realizar varios pagos, lo hizo en el que está frente a la escuela “Ilustre Instituto Veracruzano”. Era ya casi medido día cuando salió de la sucursal y vio que varios estudiantes se alejaban a tropel del plantel.

“Le pregunté a uno de los muchachos que qué pasa y entonces me dijo: ‘Hay balazos y evacuaron la escuela’. Escuche cuatro detonaciones y me fui a mi casa”, señala.

Llegando a su domicilio, se encontró a un vecino que iba con su hijo de la mano y el niño le contó que hombres armados habían realizado disparos desde un helicóptero.

De inmediato prendió su computadora y vio que había una efervescencia en las redes sociales sobre ataques a distintas escuelas por parte del crimen organizado, entonces escribió lo que había visto y le habían contado.

“Escribí lo que estaba pasando, lo que todo mundo sabe. Ahora me han comparado hasta con Orson Welles, en ‘La guerra de los mundos’, es un honor para mí, pero no soy tanto. Puse mi sentir, lo que la gente me dijo y transmitía”, asegura.

El Facebook y el Twitter en Veracruz, considera, han servido como redes de protección entre los propios ciudadanos, pues las autoridades han pretendido ocultar la violencia que todos los días se registra en el estado, al grado que han negado la existencia de las balaceras y de los muertos.

“En mí no había la intencionalidad de generar violencia sino de denunciar a la violencia, exactamente lo contrario. No había la intención de desestabilizar, sino de estabilizar. Que no se diga que los veracruzano somos paranoicos, porque ontológicamente no lo somos, somos abiertos, calurosos, dicharacheros, ¿por qué negar una realidad que ahí está?”, cuestiona.

Debido a la presión nacional e internacional que se dio para que Bravo Pagola y Martínez Vera fueran liberados, el 21 de septiembre la Procuraduría General de Justicia del Estado se desistió de su acusación y ese día los dos cibernautas dejaron el penal.

Una vez notificada en el área de juzgados, Bravo Pagola regresó a su celda para recoger sus cosas. “Usted ya está libre, ya no puede ingresar aquí”, le grito una custodia. Aun así, llegó a su celda y sacó las pocas pertenencias que tenía.

“Delito por el que estuvo presa”, le preguntó el último custodio antes de la salida para rellenar su formulario.

“Terrorismo y sabotaje”, le contestó.

“La felicito señora, en 30 años que tengo aquí, es la primera persona que conozco que acusan de terrorismo”, le dijo el guardia.

Sprint final

Desde el principio, Bravo Pagola confió en que podría salir pronto de la cárcel; sin embargo, también flaqueó muchas veces y creyó que no volvería a disfrutar de la libertad.

Durante esos momentos sintió que lo mejor sería suicidarse que pasar el resto de sus días en una minicelda que le estaba alterando ya los sentidos.

“Los últimos días yo ya había perdido la dimensión de los espacios más abiertos. Cuando salía de la celda e iba por un pasillo, si tenía que dar vuelta, doblaba antes de llegar a la esquina, y era algo recurrente. Entonces yo empecé a preocuparme porque yo no medía, no dimensionaba, porque mi espacio era muy reducido, era realmente un apando”, recuerda.

En los días previos a que se diera su liberación ocurrió algo que consideró extraño. De manera inusual se presentó personal del reclusorio y le dijeron que lavarían su celda. La asearon, pero el lugar quedó impregnado con un olor como de éter.

“No podría describirte con precisión el olor, pero era persistente. Esa noche me desperté porque no podía respirar, de inmediato me invadió una situación catastrofista, comencé a pensar que le podían pasar cosa malas a mis hijos, a mi esposo, imaginé que algo no estaba bien, me asomé por una ventana y comencé a respirar hasta que me calmé”, rememora.

Al siguiente día le contó lo que le pasó a uno de los psicólogos del penal y éste le dijo que tuviera cuidado, que eso que le había pasado era producto del químico que habían rociado en su celda.

Ese aroma, dice, estuvo presente los demás días, pero ya no de manera tan intensa, debido a que fue rociado sobre el pasillo.

“Me querían ocasionar un trastorno psicótico, por eso también difundieron un rumor vía Twitter de que me habían trasladado a un hospital psiquiátrico. Era su última carta antes de que decidieran desistirse, porque por esos días se iba a resolver el amparo que tramitamos y todo indicaba que nos lo iban a conceder.

“Entonces me dije, tienes que resistir, tienes que ser fuerte, no puedes dejar que esto te venza, que te hagan parecer una loca. Me hice de fuerza, me convencí de que era el sprint final”, señala.

Libertad responsable

Bravo Pagola tiene 57 años, dos hijos, un nieto y un hombre que la ha hecho fuerte en los momentos más difíciles de su vida.

Desde que salió de la cárcel no ha entrado a su cuenta de Facebok, ni ha navegado en las redes sociales. Esto último porque las autoridades le robaron sus computadoras, el módem y el cableado de conexión, y también porque se quiere dar un respiro.

Mujer robusta, aún tiene hinchados los tobillos por la mala circulación que tuvo durante su estancia en la prisión, en donde además tuvo alteraciones en la presión arterial y los 25 días de animadversión de la cocinera le dejaron durante ese tiempo una diarrea continua.

Sabe de los simpatías que su causa y la de Martínez Vera despertaron no sólo en México sino en el mundo entero, desde donde le han escrito cartas en varios idiomas y el interés personal que sobre ella tuvo el representante de Amnistía Internacional para México, Rupert Knox.

“Siento la satisfacción de haber coadyuvado a un triunfo de la libertad de expresión que pienso que puede ser trascendente. Creo que pude haber ayudado a que muchos dejen de tener temor a la represión, al autoritarismo. Creo que debo de ser muy responsable, pero muy libre, porque yo conquisté la libertad y la voy a ejercer, pero no como caballo loco.

“Esta es la primera entrevista que doy a un medio impreso, pienso dar más, pienso seguir en Facebook, quizá los primero que ponga sea la canción de Los Gavilanes ‘Mi aldea, cuánto mi alma se recrea al volverte a contemplar…’, es una zarzuela”, señala.

 

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