¿Terrorismo en México? El debate continúa


Por Mauricio Meschoulam, publicado en El Universal

La discusión es necesaria porque el tema no es claro. Estamos viviendo circunstancias que nunca antes habíamos experimentado. Existen al menos dos peligros por malentender el tema: El primero, permitir que se utilice discursiva y políticamente para avanzar intereses determinados o que se nombre como terrorismo a un acto que no lo es (ejemplo, caso Veracruz). El segundo, no reconocerlo, evadirlo o ignorarlo cuando el fenómeno sí se manifiesta. Acá coloco algunos de los elementos más importantes al respecto.

Hace más de un año que comencé a abordar el tópico del terrorismo en este mismo diario. Desde entonces expliqué que la primera necesidad es comprender los mecanismos a través de los cuales esta manifestación impacta la mente colectiva para entonces poder comenzar a diseñar estrategias de combate a los efectos psicosociales que se generan de manera masiva. Un año después, la cuestión ha sido retomada por diversos medios y actores. Unos apoyan la utilización de esta terminología para describir algunos de los incidentes violentos en el país. Otros se oponen fervientemente a la introducción de este lenguaje. En un post en mi blog personal elaboré una lista de las definiciones de terrorismo. Lo hice principalmente para mostrar cómo esta terminología ha ido evolucionando a fin de centrar el debate dado que muchos estaban utilizando definiciones ya bastante superadas en la literatura especializada.

Podemos decir que el terrorismo es en esencia una categoría específica de la violencia. Lo que distingue al terrorismo de otras clases de violencia es que el ataque es perpetrado como instrumento de manipulación psicológica para impactar en una serie de victimas indirectas a través de la propagación del terror. El acto violento siempre es premeditado e intencional. El propósito de cometerlo no es el daño generado en las víctimas directas, sino propagar el terror con el objeto de inducir cambios en las actitudes, opiniones y conductas de una amplia audiencia que atestigua el suceso a través de los medios o por el contacto de boca en boca. A veces esta estrategia violenta se utiliza con fines políticos, pero no siempre. Autores varios han evolucionado en sus definiciones para incluir en ocasiones objetivos económicos o sociales. Hay especialistas que indican que el término sólo se refiere a actores sub-estatales; otros sí hablan de terrorismo de estado. En todo caso, las condiciones anteriores deben cumplirse pues no toda la violencia perpetrada por actores estatales puede ser considerada como terrorismo, sino solamente esa que es empleada específicamente para inducir un estado de shock y terror en la población con el objeto de provocar cambios de conducta, de percepción o de opinión. El miedo en todos los casos es utilizado al servicio de los objetivos últimos del perpetrador.

Algunos riesgos por emplear el término

La palabra terrorismo es un vocablo sumamente cargado. La experiencia internacional nos ha mostrado cómo los actores políticos tienden a secuestrar este discurso para promover determinados intereses. El terrorismo se ha usado incansablemente para nombrar enemigos y fomentar las guerras “justas”. Se ha empleado para justificar legislaciones que sacrifican libertades a favor de la seguridad. Zimbardo (2007) incluso demuestra que este tema se usó con fines electorales en la campaña de Bush del 2004. Se utiliza para colocar etiquetas y definir “ejes del mal”. Cada vez que el Departamento de Estado de EEUU habla de terrorismo, más de un analista busca el sentido del discurso en términos de la colocación de presupuesto o de tropas y operaciones.

El riesgo de la evasión

Sin embargo, el hecho de decir que el fenómeno no existe cuando sí se manifiesta conlleva riesgos importantes. Podríamos encontrarnos frente a la evasión con tal de no tener que utilizar un lenguaje que nos resulta incómodo (aún si esta incomodidad es comprensible). Más allá de la necesidad de actualizar nuestra legislación con base en la literatura especializada, desde la perspectiva social, cuando una colectividad se reconoce frente a la amenaza del terrorismo, comienza a activar en el diseño de estrategias de prevención, intervención y post-vención. Independientemente de las discusiones, lo que parece evidente es que ya estamos padeciendo importantes efectos psicosociales en amplias capas de la sociedad. Y esos hay que combatirlos. Comprender la mecánica de funcionamiento de la manifestación, nos permite atacar el tema desde el ámbito psicológico, el mundo de las ideas, percepciones, actitudes y conductas, que es en donde el tema mayormente nos está golpeando.

El siguiente riesgo es que al no definir con precisión los incidentes que sí son y los que no son terroristas, pueden llegar a darse situaciones como la de los tuiteros de Veracruz en la que dos personas son acusadas de este crimen por esparcir rumores o contribuir a la propagación del terror, como si cualquier retransmisión de pánico pudiese ser incluida en la categoría.

La propuesta

1) Concentrémonos en los fenómenos independientemente de los actores que secuestren el discurso. El terrorismo puede estar frente a nuestras narices aunque Calderón o Hillary Clinton lo utilicen en su lenguaje para avanzar determinadas agendas. Pero si se presenta, y no lo reconocemos, éste tiene mucha mayor capacidad de afectarnos.

2) Evitemos las etiquetas. No se trata de “actores terroristas”, sino de agentes que pueden emplear en una sola o más ocasiones específicas la estrategia terrorista, aunque no sean Al Qaeda, la Jihad Islámica o la ETA. Explotar una granada en un zócalo es un ejemplo. Un coche bomba en una estación de policía es otro. El envío de videos de torturas a militares a medios masivos de comunicación es otro caso. Son hechos de terrorismo, más que “grupos terroristas”.

3) Lo que define la existencia del fenómeno es el móvil del acto violento en cuestión. Hay que identificarlo. Si la violencia es ejecutada como instrumento de propagación de pánico masivo y retransmisión de mensajes que busquen incidir sobre conductas, actitudes u opiniones de amplias capas de la población, hay terrorismo al menos de manera parcial. Algunos hechos de los que estamos viviendo en México pueden ser híbridos en donde hay al mismo tiempo intencionalidad de afectar a víctimas de manera directa, y objetivos de propagación de mensajes de terror en poblaciones más amplias de manera indirecta.

4) Reconocer la existencia de este tipo de actos nos permite como sociedad pasar al siguiente nivel: el diseño de estrategias para contrarrestar sus efectos psicosociales. Pero ese será ya tema de otra entrega.

En este punto dejo abierta la discusión para que emita usted su visión. ¿Es o no es conveniente usar la palabra terrorismo y por qué? ¿Han ocurrido actos terroristas en México en los últimos tiempos? ¿Usted percibe que han cambiado sus opiniones, actitudes o conductas como consecuencia de alguno de ellos? 

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