Un diez para la PGJDF


Por Rubén Cortés, publicado en La Razón

No engrandece al medio que la difusión de la captura de los asesinos de dos colegas de la revista Contralínea haya sido notoriamente pobre en relación con la del crimen, registrado de manera artera contra Ana María Yarce y Rocío González Trápaga el 1 de septiembre pasado.

El asesinato provocó una profunda tristeza, pero también justificada indignación y una contundente exigencia a las autoridades para su esclarecimiento. Cientos de reporteros marcharon en la capital para reclamar justicia y el fin de la impunidad en otros crímenes a periodistas.

Bajo el lema “El peor crimen es el silencio” y “Basta de cubrir de sangre el suelo nacional”, los manifestantes (profesionales, defensores de derechos humanos y simpatizantes de estos grupos) alzaron sus voces a lo largo del Paseo de la Reforma.

Miguel Mancera, procurador del Distrito Federal, se comprometió a esclarecer el asesinato, y lo cumplió en sólo un mes. Sin embargo, ha faltado reconocimiento a su excelente trabajo, que le permitió encerrar a los asesinos Óscar Yahir, de 29 años, y Lázaro Hernández, de 26.

Yahir cayó por una huella dactilar encontrada en un objeto de una de las víctimas, y Hernández por una llamada telefónica. Ambos estrangularon y dispararon contra las víctimas en un parque de Iztapalapa.

Se puede aducir (y no faltaría razón, por supuesto) que para eso le pagan los ciudadanos a Mancera, en su calidad de servidor público: para que garantice su seguridad y resuelva los asesinatos inmediatamente. Es cierto, sólo que lo realizado por Mancera es único a nivel nacional.

Porque la captura y el encarcelamiento de los homicidas de Ana María y Rocío son los únicos, relacionados con crímenes a periodistas, que se registran en México durante los últimos seis años.

No es algo menor, pues desde 2005 fueron asesinados 71 periodistas en el país (y 13 “desaparecidos”) y antes del arresto realizado por Mancera sólo había un detenido por todos esos casos, a tal grado que Freedom House pone a México como un lugar “no libre” para el ejercicio periodístico.

La impunidad en el asesinato y la desaparición de periodistas, así como la falta de protección del gobierno y las empresas, convirtió al gremio en un blanco fácil para diferentes sectores de poder. Es decir: parece muy fácil agredir, desaparecer y asesinar a periodistas.

En este contexto, la rapidez y la eficacia del trabajo de Mancera en el caso de las colegas de Contralínea, deberían ser más reconocidas, pues demuestran que en el DF no existe la impunidad que campea en Oaxaca, Guerrero, Michoacán, Baja California y otras entidades del norte del país.

Vamos, no se trata ahora de repetir la marcha de la denuncia del crimen para festejar la captura.

¡Pero corresponder enaltece!

ruben.cortes@razon.com.mx

Twitter: @ruben_cortes

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