¿Por qué aplaudir el paso de un convoy de militares?


Por Viridiana Villegas Hernández, publicado en El Financiero

“El periodismo de investigación sobre narcotráfico, duele”, afirma Sanjuana Martínez, autora de La frontera del narco, libro compuesto por diversos textos recopilados entre 2009 y la primera mitad de 2011, lapso en el que recorrió diversos puntos del norte de México para conocer algunas de las historias de aquellos afectados por la guerra contra el narcotráfico. En esta ocasión, la periodista nos acerca a las narraciones que van más allá de las frías cifras de muertos, heridos, huérfanos, desplazados y desaparecidos que existen en un territorio donde la violencia pareciera no tener fin.

-Hay una estela de dolor generada por la guerra contra el narcotráfico -asegura Sanjuana Martínez con pesadumbre en la mirada… después de unos segundos, continúa-: tenemos un inquilino en Los Pinos aferrado a la elaboración de un combate delirante que, como consecuencia, han pagado caro los habitantes cercanos a la frontera con Estados Unidos. Y es que, como decía Miguel de Unamuno, “la patria duele”, y México duele muchísimo en este momento.

Después de 20 años de trabajar en el extranjero, al llegar a Monterrey hace cinco años, se fue percatando de que la tierra de su infancia y adolescencia se había convertido en el epicentro de la guerra contra el narcotráfico: “Mientras hice el recorrido por los dos mil 300 kilómetros que dividen a México de Estados Unidos, comencé a recuperar historias que yacían sólo como un número más dentro de las estadísticas; como periodista pienso que es preciso rescatar las vidas de la gente que se ha visto afectada por esta ola de violencia, pues hoy no hay familia en el norte de la República que no haya sido trastocada por esta guerra”.

La frontera del narco (Planeta) pareciera ser un diario de viaje en el que todas las estampas se parecen: los terribles acontecimientos y las desoladoras escenas se repiten de igual manera en Nuevo León con Los Zetas que en Tamaulipas con el cártel del Golfo, o que en Coahuila con la intervención de otros grupos del crimen organizado. Cuando Sanjuana Martínez comenzó a escribir sobre los sucesos del narcotráfico pensó que sería un asunto temporal en su agenda; ella volvió a México en 2006, justo antes de los comicios para elegir nuevo primer mandatario, pues, “se suponía, habría un cambio democrático y deseaba estar aquí presente y votar; sin embargo, cuando el sistema se burló de la voluntad popular decidí no abandonar mi nación bajo ese contexto, pues a pesar de que durante mucho tiempo cubrí conflictos bélicos fuera del país y me sentía implicada y me dolía el dolor humano, no se compara con el sentimiento que me han causado las penas de mi gente, de mis paisanos”.

El silencio que los periodistas guardan en México sobre los asuntos del narcotráfico y el Estado le parece ominoso y cómplice; sostiene que, “cuando alguien deja de escribir sobre un tema como éste, puede provocar hasta una muerte. Quienes no formamos parte de este silencio (lleno de tristeza y desolación) cargamos el estigma de ser traidores a la patria: hoy en día ser reportero que cubre la barbarie desatada por los integrantes de los diversos cárteles, está muy bien visto; en cambio, si narras también la violencia del Estado, es decir los desmanes del ejército y las aberraciones de la Marina (que desaparece, ejecuta y tortura), e incluso si expones los crímenes de la policía federal, te tachan de apátrida”.

Las amenazas que ha sufrido la periodista han sido latentes, al grado de que ella misma señala que “estar viva es un milagro, ya que en el norte del país la vida de un periodista es considerada carne de cañón. Por supuesto que tengo miedo; sin embargo, es un temor que no me paraliza sino me envalentona para denunciar lo que ocurre; pues, ¿por qué he de aplaudir cuando circula un convoy de militares por las calles, cuando sé que ellos han cometido más de cinco mil violaciones a los derechos humanos?”

-En los últimos meses Televisa y TV Azteca han lanzado promocionales de agradecimiento a las labores que lleva la Marina Armada de México…

-Lo que hay que agradecerles es el incremento de violencia: ellos también son responsables. Es claro que estas acciones de ambas televisoras forman parte de la propaganda bélica de Felipe Calderón en su delirio de emperador débil: él cree que rodeándose de un ejército de matones y de ladrones (porque en eso han convertido a la Marina y al Ejército) se va a salvar y va a perpetuarse como uno de los mejores presidentes, cuando en realidad va a pasar a la historia como uno de los peores mandatarios que ha padecido México, pues sólo nos dejará una democracia más débil de como la encontró.

Sanjuana Martínez señala en su libro que Monterrey es el mayor símbolo del fracaso de la guerra de Felipe Calderón y que la caída de esta ciudad es también la caída de México: en la charla agrega aquella sentencia “y Monterrey ya cayó hace rato”:

-Calderón Hinojosa se encuentra en los estertores de su sexenio, así que aún nos faltan cosas por ver: por ejemplo, que a través de sus tics autoritarios logre instaurar un régimen policiaco militarizado (como lo pretende a través de la Ley de Seguridad Nacional) para espiarnos.

La tesis que propone la periodista regiomontana en La frontera del narco es que la violencia experimentada en las entidades al norte del territorio nacional no es otra cosa sino la factura que el tiempo le está cobrando a México debido a su gran desigualdad social: “Mientras haya 70 millones de personas en situación de pobreza habrá un ejército para Los Zetas, para La Familia Michoacana o para el cártel del Golfo; estas organizaciones delictivas poseen en sus filas una enorme cantidad de pobres generados por los gobiernos panistas y priistas”.

Sanjuana Martínez también expone en su libro la llamada “migración dorada”, es decir la partida de las familias millonarias hacia Estados Unidos, como la de Rodrigo Medina, gobernador de Nuevo León, y la de Fernando Larrazabal, alcalde de Monterrey. 

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