El presupuesto para la guerra se ha incrementado de modo pavoroso


Por Daniel Cisneros, publicado en El Financiero

Existe un país muy peculiar donde se puede disfrutar de un bar, una fiesta familiar o un paseo, aunque a riesgo de ser levantado o abatido por una descarga de plomo. Ahí abundan las narcofosas y hasta se encuentran sepultados autobuses con pasajeros. Aquel sitio también es famoso por los secuestros, ejecuciones o extorsiones de inmigrantes.

Y, curiosamente, su lenguaje ha agregado un variado repertorio de palabras con el prefijo “narco”. Esa nación soberana ha recurrido a la asesoría colombiana y a la presencia de organismos estadounidenses de seguridad. Asimismo ha instalado múltiples retenes militares, sólo que existe la probabilidad de ser confundido con un criminal y morir. ¿Qué país es ése? Lamentablemente, querido lector, se llama México.

Estos casos de desaparecidos, fabricación de culpables, entierros clandestinos y, además, abusos, corrupción e ineficacia de las autoridades son docu- mentados por José Reveles en su más reciente libro: Levantones, narcofosas y falsos positivos (Grijalbo):

-En nombre de una guerra contra la delincuencia organizada se están cometiendo más violaciones que nunca a los derechos humanos -dice en entrevista el también reportero de EL FINANCIERO y autor de Las historias más negras de narco, impunidad y corrupción, El cártel incómodo y Narcoméxico.

-¿De qué forma las narcofosas de Tamaulipas y Durango prendieron los focos rojos sobre los entierros clandestinos del país?

-Desgraciadamente ni siquiera encendieron los focos rojos, porque los cadáveres andaban turisteando -responde Reveles-. O sea: no hay capacidad en las morgues de Tamaulipas y, en San Fernando, mataron al agente del Ministerio Público que estaba investigando el caso de los 72 inmigrantes asesinados. Entonces transportaron los cuerpos al DF y, al dar una vuelta, se les cayeron. Es una pena. De los muertos de Durango y San Fernando sólo han reconocido a 32. Aún quedan 450 sin identificar.

-A propósito, usted asegura que en San Fernando se han encontrado “autobuses sepultados con todo y pasajeros”…

-Sí, al toparme con esta información me pareció casi increíble. Me lo dijeron agentes federales que habían estado allá. Tenían un miedo terrible porque ellos también pueden ser liquidados si hablan. Sé que puede resultar muy escandaloso citar autobuses enterrados, pero es más escandaloso un señor de 22 años apodado El Guache que es un desertor del ejército al que le adjudican 300 asesinatos.

-¿Qué ha llevado al gobierno a ignorar las advertencias del sacerdote Ale- jandro Solalinde sobre las narcofosas de Veracruz?

-No le hacen caso como no le hacen caso a las víctimas que van con Javier Sicilia. Pero sus advertencias se hicieron evidentes ahora que aparecieron los 35 cuerpos en un puente de Veracruz. Realmente es una tragedia humana. Solalinde lo sabe por testimonios y comenta que son sitios donde extorsionan, torturan y matan a la gente. Además, dice, tienen instrumentos como motosierras y ácidos para deshacerlos.

-¿A qué se debe que, curiosamente, el gobierno infle las cifras de víctimas más que los medios de comunicación?

-Habría dos razones: una se basa en La doctrina del shock, un libro de Naomi Klein donde se sostiene que los gobiernos aprovechan las desgracias natu- rales para hacer negocios; pero, trasladado a lo social, sería el pánico generado a través de la violencia para tomar decisiones contrarias al interés popular (hablamos de cuestiones como, por ejemplo, la Ley del Trabajo o la Ley de Seguridad Nacional); y el otro motivo es más ramplón, pero existe: en Vietnam los gringos presentaban aldeanos como si fueran guerrilleros y eso les producía dividendos, porque con más muertos convencían a su pueblo y al congreso para obtener más dinero. Y, en México, pienso que también pasa eso, ya que los presupuestos para la guerra contra el narco se han incrementado de una manera pavorosa.

-Escribe en su libro que en México hay presencia de la DEA, la CIA y de los “boinas verdes” de Estados Unidos?

-Sí, ya que el reportaje de la periodista Thompson publicado en The New York Times revela que hay 16 agen- cias de inteligencia con gente de Estados Unidos en México. Asimismo, ella sostiene que ya están en una zona militar. Ahora sabemos que es en Nuevo León.

-¿Cuál es la intención?

-Generar más control a cambio de una ayuda de mil 400 millones de dólares al año. Que es una miseria para un país como el nuestro.

-También afirma que nuestro país ha adoptado el modelo colombiano de los “falsos positivos”?

-Claro, pues recordemos que en Colombia daban incentivos económicos y ascensos militares por matar más guerrilleros. Y cuando a los militares se les acaba el negocio al no tener tantos enfrentamientos empiezan a levantar gente inocente para matarla y vestirla como guerrillera. Eso es el “falso positivo”. Y lo que está pasando en México es que nos están presentando a personas inocentes como si fueran delincuentes… Es decir: el gobierno fabrica a los criminales.

-¿Por qué a pesar de la militarización en algunos estados del país la violencia va en aumento?

-Peor que eso: adonde llegan los militares se incrementa la violencia. Por ejemplo: la violencia en Ciudad Juárez, está comprobado estadísticamente, empezó a crecer a partir de que llegó el ejército en 2008. Porque en 2007 las ejecuciones eran más o menos de 160 por año. Y, al arribar los militares, se dispararon a mil 600.

-¿Cuál es el camino a seguir ante la creciente espiral violenta del país?

-La solución es a largo plazo. No puedes resolver el problema del narco, el de la trata de personas, el de la extorsiones, el de los secuestros y torturas de la noche a la mañana. Tienes que generar condiciones de empleo, salud y educación. Miguel Ángel Granados Chapa lo dijo en su último artículo: “Quiero que sea la cultura la que nos mueva y no la violencia”. 

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Una respuesta a “El presupuesto para la guerra se ha incrementado de modo pavoroso

  1. Heidi Reynoso Ramirez

    esta bien que intercambien información con otros países, pero no se quieran colgar medallas que no les corresponden, se las merecen las fuerzas federales, policía federal, ejercito y marina, han combatido la delincuencia organizada.

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