Del silencio a la desinformación en Tamaulipas


Por Darío Ramírez y Ricardo González, publicado en El Universal

La grave situación que guarda la libertad de expresión en Tamaulipas no es un fenómeno de generación espontánea. La acción y omisión de diversos actores involucrados en el libre flujo de ideas y opiniones, han hecho que este derecho humano se encuentre gravemente amenazado. El vacío generado por el silencio impuesto a la prensa por parte de los grupos criminales y las autoridades está siendo ocupado a través de internet por todo tipo de información proveniente de diferentes fuentes. Ante la escasez de información oportuna y confiable resultado de la violencia, abunda la desinformación producto de la propaganda de los grupos criminales y autoridades, pero existen también voces ciudadanas que buscan romper el silencio.

ARTÍCULO19 ha recogido testimonios de periodistas que dan cuenta de la situación de vulnerabilidad y desprotección en la que trabajan. Llamadas constantes de presuntos integrantes de grupos del crimen organizado para avisar qué se puede publicar y qué no. Amenazas y secuestros a los periodistas que no siguen las instrucciones de la agenda informativa paralela que les imponen, la cual no sólo abarca temas relacionados con seguridad pública o información policiaca. A medida de que la esfera de intereses e influencia de los grupos criminales continúa expandiéndose, también ha crecido la lista de temas que no deben ser reportados.

Anteriormente se le exigía a la prensa guardar silencio, ahora las mesas de redacción son obligadas a publicar información específica y muchas veces tendenciosa.

“Incluso en una ocasión recibimos la instrucción de difundir información sobre la fiesta de cumpleaños del hijo de uno de los encargados de prensa de los grupos [del crimen organizado]”, explica una de las personas entrevistadas por ARTÍCULO19.

Sin embargo, los efectos del patrón de violencia e intimidación en contra de la prensa en Tamaulipas trascienden la esfera gremial ya que las amenazas parecen dirigirse ahora no sólo a quienes ejercen la libertad de prensa, sino a quienes ejercen la libertad de expresión.

El día de ayer un sitio de noticias de Tamaulipas dio a conocer que apareció el cuerpo decapitado en el monumento a Cristóbal Colón en la ciudad de Nuevo Laredo con un mensaje dirigido a quienes hacen denuncias ciudadanas a través de internet. Ésta es la tercera ocasión en la que aparecen mensajes semejantes, el primero fue dejado junto a dos cuerpos que colgaban de un puente. Una semana después apareció el cuerpo de María Elizabeth Macías Castro también con un mensaje de advertencia a usuarios de las plataformas de comunicación basadas en internet.

Elizabeth Macías participaba como moderadora en Nuevo Laredo en Vivo, un sitio que ofrece foros para denuncias ciudadanas y alertas de seguridad, bajo el seudónimo “NenadeLaredo”. De acuerdo con la escasa información disponible, el cuerpo que fue encontrado el día de ayer (en el mismo lugar en donde fue encontrado el de Elizabeth Macías, corresponde a otro moderador del mismo sitio que participaba bajo el pseudónimo de “rascatripas”.

El hermetismo de las autoridades de Tamaulipas alrededor de las cuatro personas asesinadas ha dado pie a la proliferación de rumores. Hasta el momento sólo se ha podido confirmar la identidad de María Elizabeth Macías. De confirmarse la identidad y circunstancias de las víctimas habría evidencia suficiente para señalar un nuevo elemento en la espiral de violencia, censura y desinformación que afecta a Tamaulipas.

Más allá de que los responsables y las circunstancias alrededor de estos crímenes sean identificados, prevalecerá el mensaje amedrentador para todos los usuarios de las redes sociales y plataformas de comunicación basadas en internet. Una vez más, el Estado mexicano fracasa en garantizar los derechos e integridad física y psicológica de las personas bajo su jurisdicción.

La situación que impera en Tamaulipas se ha ido construyendo al calor del incremento de la violencia y la consolidación del poder de los grupos de crimen organizado, pero de manera especial gracias a la inacción del Estado mexicano en su conjunto. Por lo que no debemos perder de vista que lo que hoy pasa en Tamaulipas puede extenderse a otras regiones del país. 

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