Terrorismo contra El Siglo de Torreón


Por Mauricio Meschoulam, Publicado en El Universal

Sí lo entiendo, lo prometo. La problemática de emplear el término y todo lo demás. En este post y en este otro, he explicado con todo detalle el debate existente acerca de la utilización de terminología tan cargada como la palabra terrorismo, y sobre todo las implicaciones que puede tener tanto en materia de política interna como internacional, el uso de vocablos de esa naturaleza. Pero ni modo. Cuando el fenómeno se manifiesta, no pide permiso ni a Bush, ni a Clinton, ni a Calderón para hacerse presente. Y el atentado en contra del periódico El Siglo de Torreón ocurrido el 15 de noviembre en la madrugada es un acto terrorista por donde se le quiera ver. Anteriormente he colocado una lista de definiciones de lo que se entiende por terrorismo, y principalmente he puesto énfasis en la evolución que estas definiciones han tenido a lo largo de 23 años. El factor ideológico, por ejemplo, ya no es considerado como una de las claves que determina la naturaleza del terrorismo. Lo es en cambio su empleo como estrategia racional, es decir, una forma de violencia que reporta beneficios a los perpetradores (desde su percepción) para el cumplimiento de ciertos objetivos con costos relativamente bajos.

La gravedad de no reconocer este fenómeno cuando sí se presenta, es que su utilización como estrategia se vuelve más racional, dado que dejamos de enfrentar sus efectos.

1) El atentado en contra de El Siglo de Torreón es un acto terrorista pues es violencia, en este caso con fuego, perpetrada en contra de civiles o no combatientes (el que existan muertos o no, no determina si un acto es o no es terrorista), con el objeto de producir un mensaje de terror para que luego sea retransmitido hacia amplios sectores de la población. Esta población incluye a periodistas de ese y otros diarios, pero el impacto de esa retransmisión abarca a la ciudadanía en general.

2) El acto violento es cometido no con el fin estratégico-militar de atacar cierta posición o base de combate, sino con el propósito de producir un efecto psicológico a través de manipular opiniones, actitudes y conductas en determinada dirección. Gracias al mensaje generado, y que es reproducido a todo lo largo y ancho del país, la sociedad es emocionalmente afectada (lo que incluye a periodistas, por supuesto) y toma decisiones a partir de este estado de temor inducido.

3) En el estudio de casos internacionales, los medios de comunicación son particularmente vulnerables a este tipo de ataques puesto que son los canales tradicionales a través de los cuales la sociedad se informa y aprehende la situación de violencia que se vive. Por lo tanto, resulta racional el envío de mensajes de pánico a través de emplear estrategias que les involucren. Desafortunadamente se convierten en el vehículo ideal para retransmitir el terror a toda la sociedad.

4) Condenar este tipo de actos no solamente es válido, sino necesario, en una sociedad que aspira a la democracia. Pero desgraciadamente la racionalidad del uso de tácticas terroristas navega por canales distintos que no hacen caso a las condenas. En la medida en que la cuidadanía se niegue a reconocer que el terrorismo está siendo utilizado en ciertas instancias como una estrategia que reporta eficacia, en esa medida la sociedad deja de atender sus efectos y diseñar métodos para contrarrestar la manifestación. Por lo tanto, se exhibe nuestra vulnerabilidad a flor de piel, y se da pie a que este tipo de incidentes continúen ocurriendo irremediablemente.

5) Enfrentar el terrorismo requiere primero que nada comprender su naturaleza como guerra psicológica. Ese tipo de guerras no se pelea con tanques ni soldados, sino en el campo de la mente colectiva. La clave para su combate es des-racionalizar la estrategia. Para lograrlo, necesitamos capacitarnos como ciudadanía en las mecánicas de su funcionamiento, y en idear estrategias para prevenirlo y atenderlo cuando sucede. No somos la primera ni la única sociedad a la que la sucedido una situación similar.

Coincido en que al mismo tiempo debemos cuidarnos de que los políticos no nos secuestren este discurso y lo empleen para avanzar determinadas agendas. Pero ante un atentado como el que sucedió en contra de El Siglo de Torreón, evadir el tema tampoco es la solución. A veces hay que llamar a las cosas por su nombre y asumir las consecuencias de hacerlo.

¿Usted qué piensa?

Twitter @maurimm 

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