¿Con derecho a informar o derecho a morir?


 

Por Andy Novell F., publicado en El Arsenal.net

Este fin de semana acudí al Instituto Superior de Estudios Prospectivos a dar una ponencia sobre medios de comunicación y libertad de expresión a los alumnos de maestría; uno me preguntó ¿Cuál es la diferencia entre la libertad de expresión y la censura? Mi respuesta fue simple, una bala en la cabeza.

Esa es la diferencia, la pequeña diferencia de hacer excelentemente el trabajo dentro del periodismo o simplemente informar a medias. En la actualidad, sobre todo en las plazas más calientes del país, en esos estados donde el crimen organizado cobra sus propios impuestos, la censura que se dá es meramente del narcotráfico.

La censura gubernamental que sigue y seguirá existiendo, se camuflajea con pagos de publicidad, principalmente con los medios estatales de comunicación; aquí el problema no es la censura gubernamental, sino esa censura que con base en sangre y fuego se está extendiendo entre el gremio periodístico.

La muerte de Regina Martínez, corresponsal de la revista Proceso en Veracruz, ha causado una rabia entre todos los periodistas por distintas razones, una de las más importantes es que seguimos a merced de aquellos políticos, personas e incluso grupos del crimen organizado que ven con preocupación que pueden ser exhibidos en un medio de comunicación.

Una muestra de lo que se vive en el país, fue publicado el pasado 20 de marzo, cuando la organización Artículo 19, ubicó a Veracruz como la entidad más peligrosa para ejercer el periodismo, mientras que Chihuahua fue identificada como el lugar con el mayor número de trabajadores de los medios de comunicación asesinados o desaparecidos.

Aquí lo escribimos en el momento que los legisladores de la Cámara de Diputados echaban las campanas al aire con la aprobación de la Ley de Protección a los trabajadores de los medios de comunicación, “las leyes no sirven para frenar una bala”. La prueba se dio en Veracruz con la muerte de Regina.

Los reflectores han volteado a Veracruz, primero fue por los embates del crimen organizado, ahora las cifras que no son tomadas en cuenta por los gobiernos estatales y federal. Y es que tan sólo en el 2011, 13 periodistas salieron del estado por los riesgos para su seguridad y uno más, Gabriel Manuel Fonseca, desapareció sin que hasta ahora se conozca su paradero.

¿La libertad de informar debe convertirse en la libertad para morir? La pregunta es por qué muchas personas exigen que los medios de comunicación digan la verdad, pero cuál verdad. La verdad de ellos o la que los periodistas vemos. Son dos visiones distintas que pueden dividir grupo o simplemente pueden costar la vida.

¿Hasta dónde llega la libertad de informar? ¿Hasta dónde debe de llegar la libertad de vivir? Los que escribimos a diario, los que a diario estamos en el ajo, como se le llama popularmente al estar en el lugar de los hechos, sabemos de los riesgos de la profesión y lo hacemos con amor.

Ahora las autoridades deben hacer su trabajo, encontrar a los delincuentes de la muerte de la compañera. Hasta el momento de todos los que han muerto por ser comunicadores no han tenido justicia. ¿Hasta cuándo la tendremos?

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