Fuegos en Monterrey: Diego Petersen Farah (La Silla rota)


 

Publicado en La Silla rota

Monterrey está que arde. Una sucesión de atentados incendiarios han puesto de cabeza al gobierno del priista Rodrigo Medina. No hay ningún elemento que permita vincular la balacera fuera del casino Revolución el viernes pasado, con el incendio provocado en una de las oficinas de El Norte, con la de Soriana o con el incendio de una distribuidora de revistas. No se puede decir, a pesar de que hay dos incendios que tienen que ver con asuntos de prensa, que se trate de un “atentado a  la libertad de expresión”. El hecho de que haya un Soriana involucrado tampoco significa que sea un asunto postelectoral, al menos no hay ninguna prueba de ello. El único elemento realmente en común ha sido la inoperancia de las autoridades estatales y municipales, priistas y panistas, para resolver el asunto.

En ninguno de los atentados ha habido muertos o heridos. Pareciera que claramente su objeto no es lastimar a nadie, más bien han cuidado no hacerlo, sino llamar la atención y generar incertidumbre.  Como efecto secundario, y no me atrevería decir que deseado, lo que ha provocado esta serie de atentados es exhibir al gobernador Medina que a estas alturas ya no pide queso sino salir de la ratonera.

El signo del gobierno de Medina en Nuevo León ha sido la debilidad. Pocos estados han sido tan golpeados por el narcotráfico en los últimos cinco años como Nuevo León, con una clara tendencia a empeorar. El prospero estado del Norte y en especial la zona conurbada de Monterrey se convirtieron en el campo de batalla favorito de dos bandas hiperviolentas y enfrentadas, el cártel del Golfo y los Zetas. Pero los fuegos reales son incluso menos peligrosos que los fuegos amigos en el gobierno de Medina.

Los resultados de la elección en Nuevo León dejaron al gobierno de Medina en la peor de las condiciones: perdió el Congreso, perdió la capital Monterrey y perdió la elección presidencial. En medio de esa crisis política regresaron la ejecuciones, que venían a la baja, y surgió el escándalo de la placas: 175 mil pares de placas perdidas que, más allá de lo que implica en términos de seguridad tener ese número de placas circulando sin control, la forma en que se dio la filtración de esa información evidencia ya una descomposición institucional mayor.

Nuevo León es un caso paradigmático de cómo la violencia y el crimen organizado repercuten en la debilidad institucional. Los incendios en las calles de Monterrey son muy delicados, pero vinculados a los incendios del gobierno de Medina el resultado puede ser muy grave. Antes Monterrey era el espejo para ver lo que debemos imitar, hoy lo es para ver lo que debemos evitar.

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