De la culpa a la responsabilidad: Marco Lara Klahr( La Silla Rota)


Mexicali.- Entrevistado para Radio Fórmula por Joaquín López Dóriga, en agosto de 2010 el presidente Felipe Calderón dijo refiriéndose al crimen organizado: «Y su locura es terriblemente peligrosa. Y por lo mismo… no me canso de decir que es una razón más, y poderosa además, para seguirlos combatiendo… enfrentarlos y erradicarlos; no puedo decir como presidente ‘a como de lugar’, pero me dan muchas ganas de decirlo».

La Silla Rota, Marco Lara Klahr

Así, el presidente de México se erigió una vez más en psiquiatra, inquisidor y verdugo de aquellos de sus gobernados que, según él y las ineficientes y corruptas instituciones cuasimedievales implicadas en la política criminal de su gobierno, son responsables de violar un conjunto de leyes penales produciendo al hacerlo gran alarma social.

 

¿Y qué dijo del Poder Judicial, que es el facultado constitucionalmente para administrar justicia? Nada. Ni el entrevistador se lo preguntó. En cambio, con sumisión, este hizo por tranquilizarlo, absolviéndolo ante la audiencia cual confesor: «[…] yo debo de decirle, señor Presidente, que no hay duda que la percepción generalizada de los mexicanos es de: ‘los enemigos son ellos’».

 

Dos años después, entrevistado por Carlos Marín, director editorial de Grupo Milenio, el presidente volvió a exhibir lo que para él vale su responsabilidad constitucional de cumplir y hacer cumplir la ley y rendir cuentas, de ceñirse a la legalidad y al escrutinio público: «Puedo dar cuentas ante el juez que no es tramposo», respondió aludiendo a las consecuencias atroces de su política de seguridad y justicia, descalificando y denigrando una vez más al Poder Judicial, y eludiendo absolutamente su responsabilidad por la inepta conducción de la política criminal.

 

En este caso, a juzgar por lo publicado, el obsequioso entrevistador optó por dejar pasar el asunto, como si el irrespeto presidencial al Poder Judicial fuera algo menor, redirigiendo la charla a temas frívolos del tipo de hasta qué edad querría vivir, la relación con su esposa y en qué se ocupará cuando ya no sea presidente.

 

El mayor problema es que el régimen de Calderón se ha caracterizado, como ninguno, por matar antes que proveer justicia a las víctimas y a las personas acusadas de delinquir, y los medios corporativos líderes a nivel nacional, regional o local, lo han avalado.

 

 

No significa que algunos de ellos no critiquen su violenta política de Estado, sino que todos, sin distinción, han buscado lucrar profusamente con su autoritario discurso guerrerista y con las sangrientas secuelas de su pretendida «guerra». Ninguno se ha abstenido de reproducir su vociferante discurso apologético de la violencia y el exterminio de personas; de publicar imágenes basurizantes de víctimas -al margen de su estatus ante la ley penal-; de consumar los «tribunales paralelos», o de denigrar con apodos y toda suerte de expresiones discriminatorias a ciudadanos detenidos, encausados judicialmente o ejecutados extrajudicialmente por las fuerzas de seguridad del Estado.

 

Al cabo, la oferta noticiosa sobre el delito, el conflicto y la violencia en los medios noticiosos industriales es pura «violencia simbólica» normalizadora, legitimadora y exaltadora de la violencia real, y polarizante de las relaciones sociales: es cosa de ver el ofensivo tratamiento dado al supuesto cadáver de Heriberto Lazcano Lazcano.

 

¿Y dónde estamos los periodistas? Subyugados entre la violencia a la que nos someten funcionarios asociados con criminales sobre todo en estados como Veracruz, Michoacán, Guerrero, Chiapas, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas; la precariedad laboral en la que nos mantienen esas mismas empresas de noticias; la dependencia de las fuentes, y la indolencia profesional, todo lo cual en muchos casos nos ha ganado la desconfianza e inquina de nuestras comunidades.

 

Por eso no representamos un frente profesional digno, inteligente y respetable que ejerza contrapeso dentro de los corporativos mediáticos y al mismo tiempo se sume a su comunidad en la consecución de sus derechos a la seguridad, la justicia y la paz.

 

Cuando a principios de la semana anterior, durante un taller con comunicadores institucionales en Mexicali, hablaba de cómo las formas de comunicar en las instituciones embonan con el trabajo que hacemos los periodistas y los medios explotando los miedos sociales y vulnerando la legalidad y los derechos, uno de lo participantes me sorprendió: «Pero entonces, ¿qué hacemos, cómo cambiamos todo eso? ¿O nos quedamos nada más con la culpabilidad?».

 

A mí me pareció una inquietud valiosa y esperanzadora, y así se lo dije, añadiendo que más que culpabilidad, lo que tenemos que asumir es nuestra corresponsabilidad en todo esto. Enseguida trabajamos ahí mismo basados en las once «Pautas» que propongo en mi nuevo ¡Son los derechos! Manual para periodistas sobre el sistema penal acusatorio [Programa de Apoyo en Seguridad y Justicia-USAID México, 2012].

 

En los próximos días circulará ya la versión del Manual en línea y podré compartir tales «Pautas», que considero un principio propositivo, realista, sencillo y práctico para iniciar el cambio. Por lo pronto, mañana [octubre 16, 2012] lo presentaremos en Chihuahua, gracias a la hospitalidad de mis colegas de la Red Libre de Periodismo. Nos vemos allá.

http://www.lasillarota.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=51691:de-la-culpa-a-la-responsabilidad&Itemid=184

 

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