La misma impunidad: Marco Lara Klahr (La Silla Rota)


  Taxco.? Decenas de colegas de las siete zonas de Guerrero ?de la Costa Chica a Tierra Caliente? vinieron a la X Convención Estatal de Periodistas [octubre 19-20, 2012], cuya primera actividad fue el workshop a mi cargo, titulado «Periodismo de Paz».

La Silla Rota, Marco Lara Klahr

Ya por el clima, la pésima ventilación o el temperamento del trópico, desde el principio el ambiente estaba caldeado, lo cual es habitual también cuando se debate sobre nuestra profesión en un sistema de medios tan premoderno como el mexicano.

 

Hice saber a mis colegas guerrerenses que el Periodismo de Paz no es un conjunto bondadoso de valores, sino una filosofía, un método y una técnica periodísticas, y que, de acuerdo con su fundador Johan Galtung, propone la resignificación del periodista; que este remonte el papel al que lo confina una industria noticiosa global basada en la espectacularización, trivialización, sobrevisibilización y venta de tragedias.

 

El «periodista de paz» no es un pacifista ni cree que la violencia no ha de existir, sino que: a) esta es consecuencia de un conflicto no resuelto; b) tal conflicto obedece a la afectación de derechos básicos; c) mientras el origen del conflicto no se atienda habrá violencia latente o real; d) el conflicto no desaparece, sino que gracias a la acción colectiva puede ser encausado por vías pacíficas; e) la industria noticiosa predominante es funcional, en cambio, a quienes proponen la violencia como recurso primordial ante el conflicto, y en ese sentido, f) favorece la violencia y a quienes se benefician de ella.

 

Como podrá constatarse en Reporteando conflictos: Una introducción al periodismo de paz (Montiel&Soriano Editores, 2006), de Galtung y otros autores, esta corriente ofrece herramientas pragmáticas que desafían al periodista deseoso de liberarse, al menos mentalmente, del yugo de la industria informativa maquiladora.

 

En la mayoría de los colegas participantes en el workshop sentí una rara mezcla de introspección, frustración, enojo e interés por cambiar. Calculo que intervinieron unos 30 colegas con comentarios, inquietudes, objeciones y dudas expresados de formas emocionales muy variadas, aunque predominó una dura valoración de sus propios medios locales, regionales, estatales o producidos en el Distrito Federal.

 

En el actual contexto de violencia contra periodistas, el discurso de las empresas mediáticas pretende que gobernantes y criminales que atentan contra la libre expresión afectan a medios y periodistas por igual; así, dichas empresas han ido construyéndose una imagen de mártires, capitalizando los asesinatos y desapariciones de periodistas.

 

 

No es que no haya violencia contra medios, sino que esta industria impone políticas editoriales sometidas a poderes fácticos y es funcional a la reproducción de la violencia contra el ciudadano, legitimándola, lo que, entre otras cosas, amplía las fuentes de violencia contra los periodistas. En este sentido, las políticas editoriales de los medios constituyen una amenaza para la seguridad de los periodistas, que se exacerba con políticas laborales que precarizan el ejercicio de nuestra profesión.

 

Esto quedó patente durante el workshop, en comentarios de mis colegas como los siguientes, referidos a sus medios: a) subsisten de la publicidad gubernamental y la corrupción, lo cual los mantiene sometidos; b) suelen priorizar boletines y versiones de ruedas de prensa emitidos por las instituciones sobre los contenidos producidos por sus periodistas; c) imponen a sus periodistas reproducir la información de las instituciones policiales y judiciales sin límites que protejan los derechos de los actores de las noticias; d) les exigen reproducir información que, al cabo, afecta los derechos a la presunción de inocencia, la no discriminación, la dignidad, la intimidad y la protección de datos personales de víctimas e imputados de delito; e) carecen de estándares y mecanismos editoriales para que estos derechos queden protegidos; f) no protegen a sus periodistas ni amparan a sus familias si aquellos sufren agresiones.

 

Apenas el martes anterior, en una reunión con colegas de Chihuahua antes de presentarse ¡Son los derechos! Manual para periodistas sobre el sistema penal acusatorio [Programa de Apoyo en Seguridad y Justicia, 2012], la corresponsal de un diario del DF resumió todo esto al lamentarse porque «nuestros medios nos tienen con la bota en el cuello».

 

Por otra parte, basta ver la noticia «Hallan a menor de edad encadenada por el cuello» publicada por Milenio [octubre 5, 2012], para constatar la misma realidad en tan solo una foto; cómo una cadena de corresponsabilidades lleva al atropello contra una adolescente víctima y a la indignidad del fotorreportero, con o contra su voluntad.

 

El Artículo 20 constitucional establece como derecho de los menores de 18 años y las víctimas de secuestro el «resguardo de su identidad»: las autoridades que permitieron que la imagen fuera captada y que personas ajenas accedieran a la escena, tanto como el fotorreportero, el editor y el medio al publicar una imagen que permite la identificación de la adolescente, violaron la Constitución. Pero no habrá consecuencias, pues todos suelen beneficiarse de la misma impunidad, aunque algunos ?los medios? digan denunciarla.

http://www.lasillarota.com/index.php?option=com_k2&view=item&id=52211:la-misma-impunidad&Itemid=184

 

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