El periodismo con escoltas en las zonas prohibidas del “narco”… (Milenio)


Por Doble Fondo de Juan Pablo Becerra-Acosta, publicado en Milenio

¿Cuántas veces, en los últimos años, reporteros de todos los medios de comunicación no hemos podido realizar nuestro trabajo? ¿Cuántas veces, debido a los riesgos que implica ir a regiones asoladas por criminales, no hemos podido reportear? La delincuencia organizada ha instaurado un régimen de terror en muchas zonas del país, un Estado paralelo donde no hay libertad de tránsito ni de expresión. O, dicho de otro modo: si se atreve, puede usted transitar por ahí y procurar reportear, pero a ver cómo le va…

Los colegas que viven y trabajan en estados y municipios sometidos por narcotraficantes han dejado de acudir a decenas de poblaciones. Ellos son los que han llevado la peor parte. Los periodistas que vivimos en el Distrito Federal a veces podemos viajar, entrar a un sitio peligroso, intentar reportear, salir velozmente de ahí, y volver a nuestro lugar de origen. Ellos no. Ellos se quedan ahí y, si osan abordar temas que enfurecen a los narcos, pagan las consecuencias. Si les va “bien”, los amedrentan. Si les va mal, los levantan, golpean, aterrorizan, y luego los sueltan. Si les va muy mal, pueden acabar desaparecidos o asesinados.

La CNDH ha contabilizado 82 ejecuciones de periodistas desde el año 2000 hasta junio de 2012. Al menos seis por año, en promedio. La CNDH también tiene documentada la desaparición de 16 reporteros.

Al revisar la lista de los nombres de los colegas ejecutados se constata que la violencia ocurre por todos lados. Si se divide el país en dos, en norte y sur, han caído en ambas zonas: Tamaulipas, Chihuahua, Coahuila, Durango, Baja California, Sinaloa, Sonora y Nuevo León han sido las entidades donde han sido asesinados en la región norteña; Estado de México, Veracruz, Guerrero, Oaxaca, Jalisco, Michoacán, Chiapas, Tabasco, Quintana Roo y Campeche, en el área sureña. Dieciocho estados. Más de la mitad del país.

Y las zonas prohibidas del narco crecen: cada vez son más los puntos a los que es sumamente riesgoso ir. En el último año varias veces me vi yendo a reportear, junto con otros compañeros (fotógrafos y camarógrafos)… con escoltas: no había manera de ingresar a ciertos lugares si no era con la protección de militares, marinos, o policías federales y estatales fuertemente armados. Se les agradece, sin matices, que arriesguen la vida por nosotros. Al convivir con ellos queda claro que son efectivos realmente valiosos y entregados al Estado.

Pero vivimos en un país en el cual el narco ha impuesto, también sin matices, dónde podemos o no reportear. En qué lugares la gente puede narrar sus sufrimientos o no. Y a dónde tenemos que ir fuertemente custodiados con armas largas para tratar de convencer a los pobladores que cuenten cómo los asuelan. Qué cosa…

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Una respuesta a “El periodismo con escoltas en las zonas prohibidas del “narco”… (Milenio)

  1. Llama la atención el hecho de que personas para cumplir con su trabajo tengan que hacerse apoyar de militares o policías, fuertemente armados contra el poder que tiene la delincuencia organizada que controla “N” poblaciones del país.
    Recordé un párrafo de un libro de filosofía de Federico Nietszche, el cual más o menos decía que habemos dos tipos de humanos: los humanos libres; es decir, aquellos que aceptamos la responsabilidad de nuestras acciones con una tendencia siempre a la perfección, no importa cuán doloroso sea el camino para lograrlo; y los humanos gregarios, que tenemos voluntad de rebaño y que necesitamos el apoyo de otros porque no somos capaces de enfrentar nuestra situación.
    Es así como en México nos hemos vuelto gregarios desde más de setenta años, porque en ese periodo nos acostumbramos a que papá gobierno nos resolviera todos nuestros problemas. Papá gobierno creó el INFONAVIT, el IMSS, el ISSSTE, la SEP, para la educación gratuita, etc. Todo ellos está bien, lo que no está bien es que nos volvió inútiles como pueblo. ¿Cómo es posible que el crimen se organice y los ciudadanos no?
    ¿Para qué organizarnos si tenemos policía que nos cuide? La realidad es que como ciudadanos somos muy irresponsables, muy inconscientes de nuestra actuación como personas. Nos sentimos extraños en nuestra propia calle, y muchas veces con dificultad saludamos a nuestro vecino.
    No es de extrañarse que el crimen organizado ya se haya apoderado de más de medio país. Que de extraño hay en que tengamos gobiernos mediocres en todos los niveles. Es triste reconocerlo pero el crimen organizado ha crecido gracias a nuestra apatía e indolencia. No somos pues ciudadanos, somos seres gregarios y la historia es muy dura en este tema, primero dominados por españoles, luego por norteamericanos y ahora por españoles, norteamericanos y por narcotraficantes.

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