Un reto para México y el mundo: ¿Cómo informar sobre violencia? (Regina Santiago especial para @omcim)


Por Regina Santiago Núñez*

<La censura no sólo la ejercen los gobiernos; la censura también la ejercen las organizaciones criminales>. Con esa frase cerré la charla con un alumno de la Universidad Iberoamericana que me entrevistó para nuestra revista Adrede. Reflexión, lamento e impotencia. Dolor al recordar los relatos, algunos publicados, otros que recorren apenas en forma de susurro los pasillos de muchas redacciones no sólo del pequeño diario local, sino también de medios que alguna vez creímos intocables. Hoy en México y en demasiadas partes de Latinoamérica y el mundo, el periodismo duele.

<Quiero que hablemos sobre la política de comunicación del nuevo gobierno que parece que quiere desaparecer por decreto la información sobre los hechos de violencia, aunque la violencia en sí no haya disminuido>. Mi entrevistador hizo una breve pausa apenas para respirar y decir más fuerte: < ¿Vuelven las prácticas de censura a la usanza del viejo PRI?>.

Las palabras pronunciadas al otro lado de la línea telefónica sonaban más a una contundente afirmación que a una pregunta. La idea de que ha desaparecido la información sobre violencia ha cobrado fuerza entre algunos sectores en redes sociales. Pienso esto mientras miro la portada de Milenio con su “ejecutómetro” y aquellas notas que mezclan cifras de muertos en riñas de cantina con muertos por crímenes pasionales y así logra aumentar el número total de “ejecutados” en un fin de semana en el DF. Percibo entonces las mismas fallas de siempre en el enfoque para reportar la información sobre violencia. Fallas de los gobiernos; fallas de los medios.

Pero la idea de que el PRI ha regresado con el añejo anhelo de controlar y manipular la información se sigue alimentando. Esa es la idea que soltó la hermana del ex presidente Calderón en tono de ríspido aunque desarticulado reclamo en sendas entrevistas radiofónicas en las que la llamada telefónica, como la del alumno, se interrumpía  en las partes más vehementes de la conversación.

A Cocoa la escuchaban entre sorprendidos e indignados Denisse Maerker y Joaquín López Dóriga con quienes platicó la tarde del jueves 17 de enero de un recién estrenado 2013. Quien fuera candidata al gobierno de Michoacán utilizaba el mismo tono autoritario de aquellos no tan lejanos días de la ilusión del pleno ejercicio del poder familiar; aquel tono que usó desde su cuenta de Twitter para impulsar la creación de un movimiento #YoSoy133 de corte panista, que trataría de arrebatar banderas a #132 y ganar para su causa los reclamos que los estudiantes de la Ibero hicieran al entonces candidato Peña Nieto. El mismo tono de la cuenta de Twitter que había divulgado encuestas falsas distribuidas por perfiles apócrifos con los que también pretendió inundar las redes el consultor español, Antonio Sola.

Las palabras del alumno que me entrevistó me han hecho evocar los hallazgos del ejercicio de observación electoral que realizó el OMCIM en 2012 y sus llamados a impedir que la tuitósfera se viera desbordada por discursos de odio fabricados en los gabinetes de profesionales. Pienso también en la mirada triste e indignada de algunos de mis alumnos cuando escucharon a Darío Ramírez, director de la organización Artículo 19, hablando de México como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo debido a la impunidad en que también han quedado amenazas y crímenes contra ellos; recuerdo también algún texto publicado en nuestro blog del curso pidiendo que la sociedad no deje solos a los periodistas que están arriesgándolo todo por defender su derecho a informar y nuestro derecho a saber; pienso en los debates que OMCIM ha sostenido en Twitter para denunciar las estrategias de propaganda criminal.

<El terror es un mecanismo de control que los criminales utilizan para generar desánimo social y desconfianza que paraliza>. Para eso se han utilizado las fotografías de cuerpos colgados y decapitados con sus mensajes siniestros. Pienso en el académico Mauricio Meschoulam y sus esfuerzos por articular un movimiento que nos ayude a transitar hacia un México con Paz que aprenda a sumar no sólo números, sino también voluntades. Pero qué difícil es tratar de construir un México con actitud incluyente, que no considere el disenso como una afrenta; que valore la crítica y construya venciendo resistencias.

–Entonces en su opinión Peña no busca controlar los medios–, concluyó mi entrevistador.

–Yo creo que el deseo oculto de todo político es controlar no sólo a los medios, sino a los públicos; ordenarle a las personas lo que deben pensar y de creer. Esos son los deseos, pero también creo que muchos están conscientes de que el control absoluto es imposible aunque haya quienes nunca dejen de intentarlo.

–Entonces para usted no hay un afán de minimizar la información sobre violencia, afirmó.

— Yo creo que hay una estrategia política general que se aparta de lo que se hizo en el gobierno anterior. Peña ha buscado colocar temas como el Pacto por México, la reforma educativa, la reforma energética, la reforma hacendaria. Ha diversificado la agenda pero eso no quiere decir que tenga todo bajo control. El contraste con el gobierno de Calderón es que en ese entonces los criminales imponían los temas de su propaganda del terror con mensajes al lado de cabezas humanas y cuerpos colgados y la propaganda gubernamental no se salía del tema de la violencia, cuantificando sus logros en función de capturas o muertes de líderes criminales. El propio gobierno tenía casi como tema único el de la violencia, pero luego el Presidente recriminaba a sus colaboradores –e incluso lo hizo con la candidata del PAN—que no hubieran difundido suficientemente los logros de su gobierno.

–Entonces para usted no es malo que la violencia haya desaparecido, insistió el alumno que me entrevistaba.

–Yo creo que el gran reto no sólo para el gobierno de Peña, sino para todos los niveles de gobierno es aprender a informar sobre la violencia. Hacerlo de manera profesional sin buscar protagonismos ni dejar vacíos. El reto es no caer en el juego de la propaganda del terror pero sin que esto implique dejar de informar. Es un reto que no sólo enfrenta México, sino que se comparte a nivel internacional. Sólo recuerda que la censura no sólo la ejercen los gobiernos; la censura también la ejercen las organizaciones criminales.

— Lo tengo, dijo mi entrevistador. No deje de buscar el próximo número de Adrede.

— Ten la seguridad de que lo buscaré.

 

 

*             Regina Santiago Núñez es profesora de periodismo en la Universidad Iberoamericana. Coordina el observatorio ciudadano de medios OMCIM,A.C., proyecto vinculado a dicha universidad.

Este texto puede ser retomado sin modificarlo y citando la fuente.

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