¿No informar sobre violencia? Malentendidos sobre Periodismo de Paz : Mauricio Meschoulam (El Universal)


El Universal, Mauricio Meschoulam

El dejar de informar acerca de la violencia de manera completa, veraz y oportuna, no forma parte de la construcción de paz ni del periodismo que la favorece. Nuestras propuestas desde hace ya muchos meses han sido sumamente claras al respecto. El problema es que el tema no ha sido completamente comprendido. Se ha llegado a pensar que periodismo de paz consiste en solo dar “buenas noticias”, o que la comunicación oficial debiera mejor ocultar sucesos e incidentes de violencia que ocurren en el país. Por eso, dedico el espacio de hoy a explicar con más detalle en qué consistiría un periodismo y comunicación que contribuyan a la construcción de paz para México.

Informar puntualmente acerca de los sucesos de violencia

La ciudadanía merece y necesita recibir la información completa de lo que está sucediendo en el país. Dejar de hablar de la violencia no la desaparece. Un periodismo serio que sustente sus datos en fuentes confiables y que reporte las cosas que suceden, cuando éstas ocurren, es lo menos que podemos esperar en una sociedad democrática. De igual modo, lo peor que pueden hacer las dependencias del Estado es ocultar u omitir información, por más dura o trágica que ésta sea. Eso, lo hemos puesto muy en claro, según estudios conducidos en diversos países, no hace sino generar vacíos de información que en lugar de contribuir a disminuir el estrés de la población, lo incrementa. Entender la construcción de paz como el eliminar la violencia de la comunicación oficial es un grave error que termina revirtiéndose sobre quien la omite.

Abordar la violencia en su verdadera complejidad

La labor en realidad consiste en que además (no en vez) de hablar de los incidentes violentos, se necesita dedicar espacio a abordar la problemática con una mirada más compleja, apuntando hacia la construcción de paz desde la raíz. La propuesta por tanto, incluye el enfocar no únicamente la sangre, las balas y los cuerpos mutilados, sino también el conflicto subyacente (todo lo que hay detrás, lo que produce y reproduce las circunstancias de violencia) así como las potenciales soluciones a su complejidad (Galtung, Lynch y Mc. Goldrick, 2006). Para lograrlo, entre otras muchas cosas, es indispensable ayudar a los periodistas a atender los efectos psicosociales que la violencia les genera por cubrirla. Muchos periodistas mexicanos, como muestran las investigaciones (Flores, 2011; Feinstein, 2012), ya padecen efectos de estrés postraumático asociados a los temas que tratan.

El periodismo de paz se orienta a informar de manera profunda a las audiencias para que no sólo se piense en los cadáveres que se apilan a montones -lo que naturalmente angustia a una sociedad que se siente desamparada ante la impotencia- sino que se discuta también acerca de las circunstancias históricas, políticas, económicas, sociales y culturales que desembocan en la falta de paz y acerca de todo lo que tendríamos que estar haciendo como país para resolver de raíz esa serie de factores que nos han llevado a donde estamos, pero que si fuesen dirigidos de manera seria y contundente, podrían paulatinamente ir produciendo una colectividad más pacífica (actualmente, según el Índice Global de Paz somos la nación 135 menos pacífica de 158 medidas). Se trataría de auxiliar a la población a recuperarse de la serie de conmociones que le traumatizan una y otra vez mediante contribuir con el debate sobre las vías de salida.

Un periodismo de paz serio es el que consigue producir reportajes, artículos de fondo, mesas de discusión, en donde participan las y los más importantes expertos nacionales e internacionales en la materia, que pongan a contraste, por ejemplo, alternativas distintas para enfrentar la criminalidad y desactivar la violencia generalizada, pero también para producir condiciones de paz de raíz. Se abordan casos en el mundo de características no idénticas, pero similares a las nuestras, se habla de lo que ha funcionado en otras partes y lo que no. Se sugiere qué sería adaptable a nuestro caso y porqué. Seguramente no estaríamos todos de acuerdo en estas estrategias alternativas, pero ya estaríamos poniendo el foco en la discusión acerca de las soluciones y no únicamente en la sangre derramada.

Se dedica tiempo y espacio para describir las medidas de prevención, protocolos de intervención y post-vención para el manejo de crisis, y el papel de los medios de comunicación en dichas crisis. Se tocan temas hondos como los programas de reinserción delincuencial que requerimos, investigando acerca de los que han funcionado en otros países y acerca de los que ya se están poniendo en marcha en el nuestro. Se habla por ejemplo, del estrés post-traumático, las consecuencias psicológicas que la violencia tiene no solo en el presente, sino en el futuro, en aquellos niños que han visto morir a sus familiares o que han padecido la violencia en carne propia, y se discuten los mecanismos y estrategias para enfrentar esa severa problemática, así como para atenuar sus efectos. Se habla de temas como la reconciliación, y se debaten las acciones que debieran implementarse desde ahora para conseguirla hacia el mañana.

En fin, no hay una receta, lo que hay es imaginación y hay que usarla.

La lógica del rating

Siempre que exponemos estos asuntos surge la cuestión de la lógica del rating y lo comercial que resultan los temas de violencia, razones por las cuales las propuestas arriba mencionadas no tienen viabilidad.

Sin embargo, hay estudios internacionales que demuestran una situación muy distinta (v.g. Brandon y Silke, 2007). Existe una curva de atracción-habituación-evasión acerca de la violencia. En un principio, efectivamente los temas violentos jalan la atención de las audiencias. A medida que éstos se mantienen en la agenda sin ceder, una buena parte de la sociedad comienza a habituarse a ellos. Si estos temas persisten, paulatinamente la gente tiende a evitarlos o evadirlos. Esto se explica por lo que ya hemos documentado. El estudio que hicimos, en concordancia con la investigación internacional al respecto, demuestra que el principal mecanismo de transmisión de estrés asociado a la violencia son los medios de comunicación. Por consiguiente, si el mirar la televisión o escuchar determinado noticiero me estresa, llegará un punto en el que elija otro programa, otro canal, u otro noticiero que me produzca menos ansiedad. Por lo tanto este tema, además de ser ética y socialmente crucial, tiene efectos comerciales de trascendencia.

En esencia, en México no estamos ante un problema exclusivamente de seguridad o lucha anti-narco, sino de falta de paz estructural. Dejar de hablar de la violencia no es opción. Pero no hablar de la paz y los factores que la construyen, tampoco lo es.

¿Usted qué piensa?

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3 Respuestas a “¿No informar sobre violencia? Malentendidos sobre Periodismo de Paz : Mauricio Meschoulam (El Universal)

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