Periodismo (Milenio)


Por Adriana Malvido, publicado en Milenio

En este oficio cada día se comienza de nuevo. Recibir el Premio Nacional de Periodismo, luego de 33 años de ejercerlo, es motivo de júbilo y de gratitud. Recibirlo por la entrevista a un filósofo profundo como Rob Riemen, es doblemente celebratorio. Y su publicación en Laberinto, uno de los pocos suplementos culturales que sobreviven en México es, además, una señal para la esperanza.

Mientras escribo, me entero del asesinato de Jaime Guadalupe Domínguez, un periodista más, en Chihuahua. Y resulta todo un reto combinar la alegría con la indignación porque este, “el oficio más bello del mundo” en palabras de Gabriel García Márquez, se ejerce en buena parte del país bajo la oscura nube del miedo, la intimidación, la amenaza de muerte, la impunidad, la indolencia de las autoridades y todo eso junto que conduce a la autocensura como medio de supervivencia.

Nuestras páginas y pantallas suelen vestirse de duelo, por la muerte, la desaparición o la frecuente agresión a periodistas y medios de comunicación. Reporteros de Veracruz, Morelos, Sinaloa, Coahuila, Chihuahua, Durango, Tamaulipas, Estado de México, Guerrero, Zacatecas y Oaxaca han tenido que desplazarse y cambiar de oficio para sobrevivir.

La gente, ya inmune a la frialdad de las cifras, y ávida de una narrativa comprensible, merece más que la vertiginosa circulación cotidiana de datos e imágenes de violencia, más que el salto de un escándalo a otro difundido en formato de entretenimiento, un periodismo más humano y rico en elementos para digerir la información. Necesitamos libertad y una gran dosis de ética y creatividad para que la vida, en todas sus expresiones, le gane espacio a la muerte, la reflexión y el diálogo se abran paso entre el ruido y la gente recupere su lugar y su voz en el centro del escenario.

Dice Rob Riemen que son el lenguaje, la imaginación y una naturaleza espiritual lo que nos hace únicos. Lo que nos permite escapar de la adaptación al horror y la injusticia. “La cosa se pone peligrosa cuando la mayoría se adapta”, advierte el filósofo, y toca a los periodistas, a los creadores, a los maestros y editores estar alertas para mantener encendido el espíritu crítico y fomentarlo con la cultura y el diálogo. Y, agregaría yo, para poderle asegurar a los jóvenes con vocación, que todavía hay espacio para un periodismo donde caben las ideas, la poesía y la imaginación, que apasionarse por este oficio vale la pena y que ejercerlo con libertad es un derecho que debemos defender a diario. Tanto como la alegría.

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