Hace falta un discurso sólido contra la violencia (Sergio Aguayo en la mesa de análisis de Aristegui/MVS).


Omcim considera relevante la reflexión de Sergio Aguayo sobre la necesidad de una cultura de la no violencia, así que reproduce su comentario en la mesa de análisis del programa de Carmen Aristegui en MVS. Bienvenidos los comentarios.

 En la mesa de análisis de Carmen Aristegui, la intervención de Sergio Aguayo señaló que el gobierno de Peña Nieto está a punto de alcanzar una victoria militar sobre los Templarios gracias a la audacia política de haber incorporado a las autodefensas a la estrategia gubernamental. Sin embargo, identificó fallas en la estrategia de comunicación gubernamental. Puso énfasis en que el gobierno debe ganar no sólo en la parte militar, sino la batalla cultural. Dijo que no es sólo un asunto del gobierno, sino que la sociedad, “los que nos interesamos en la cultura en los diferentes niveles entendamos que al día de hoy no hay discurso alternativo, coherente, sólido, en contra de la violencia”.

 Sergio Aguayo señaló:

 En el revoltijo de hechos que observamos en Michoacán hay tres lecturas que se pueden hacer. La primera es reconocer la buena fortuna de Enrique Peña Nieto, o más bien del Presidente, porque estaba siguiendo la misma política hacia Michoacán que el gobierno de Felipe Calderón, con lo militar y lo policiaco, hasta que aparecen las autodefensas, y tiene la capacidad, la audacia de dar un paso inédito en América Latina de incorporarlas a su estrategia. A partir de ahí viene la victoria militar.

 Creo que estamos cerca del desmantelamiento, del descabezamiento, de la fragmentación de los Caballeros Templarios. No del fin de las drogas, de la economía ligada a eso, eso no. Pero sí… (“De este cártel”, irrumpió Aristegui) de este cártel, de este grupo criminal.

 Ahora bien, esta victoria tiene sus consecuencias. Menciono dos para hablar luego de una ausencia bien importante. La primera es algo que comentamos durante una pausa Carmen y yo sobre los indicios de que hay disensos al interior del gobierno de Enrique Peña Nieto porque alguien debió haber pasado el expediente de El Abuelo a Reforma.

 Generalmente sabemos que la fuente tiene su propia agenda; es decir, filtran documentos por su propia agenda, lo cual forma parte de las reglas del juego. Alguien que no está de acuerdo o se siente desplazado le entregó o le hizo accesible o le permitió el acceso a ese documento demoledor sobre que una persona ligada al crimen organizado estuvo presente en esa reunión (en Tepalcatepec entre Alfredo Castillo, autodefensas y jefes de fuerzas armadas).

 No es casual, por otro lado, por el lado de las consecuencias de que cuando ya se husmea la victoria venga el disenso entre las autodefensas que se construye rápidamente entre sus liderazgos a partir de la valentía y el carisma personal pero no de un proceso institucional. Por tanto no debe sorprender que ahora venga una disputa para ver quién es el vocero o quién va a ser el comandante que se imponga en el terreno: El Comandante Cinco, por ejemplo, Hipólito Mora o Mireles. Y aquí vamos a ver todavía un proceso de reajuste, no sé si de descomposición, es muy pronto, pero sí de reajuste en las autodefensas.

 Ahora, un último apunte tiene que ver con el surrealismo de la guerra que ilustra al mismo tiempo la falta de estrategia del gobierno de Enrique Peña Nieto. El lunes 3 de febrero, hace exactamente una semana el Presidente estuvo en Morelia, donde anunció los 45 mil millones de pesos y todo lo que estamos comentando ahora.

 Un día antes, en un auditorio propiedad del gobierno del estado, el Pabellón Don Vasco, hubo un festival de 10 horas en el cual se hizo una apología de la violencia. Estuvo ahí, por ejemplo, el famoso Commander, el jefe del corrido alterado que, con la protección de la policía estatal y municipal se lanzó el siguiente grito: “Si me mochan la cabeza me vale madre, compadre, ¡Puros Caballeros Templarios!”. Esto lo gritó en un auditorio del gobierno del estado, protegido por policías estatales y municipales 12 horas antes de que aterrizara el Presidente Peña Nieto para anunciar una campaña, la guerra a los Caballeros Templarios.

 No sólo es surrealismo. Podría detenerme en el descuido, falta de gobierno o la irrelevancia de los gobernantes locales. Es algo más profundo y espero que sigamos profundizando: es la ausencia de una política cultural para enfrentar la cultura de la violencia porque algo que nos resistimos a contemplar es que lo que exalta a la violencia, al crimen organizado, a los descabezados, es adoptada, incorporada por buena parte de la sociedad michoacana o mexicana. En ese pabellón durante 10 horas seis mil personas gritando, coreando a los de la A que, por ejemplo, si alguien se mete a ver sus corridos en internet verá cómo es una exaltación continua de los Caballeros Templarios, de la coca, de la mota, de la greña de mota. Es decir, es inconcebible, y no quiero verme puritano, señalar cómo no podemos seguir ignorando y pasando por alto que una guerra es integral y que no solamente se gana en el terreno militar y con cuernos de chivo y tanquetas…

“¿Es una batalla cultural, también?”, vuelve a irrumpir Aristegui.

“Es una batalla cultural. Y en esta batalla cultural no propongo que el gobierno instituya un Ministerio de Propaganda, sino que la sociedad, los que nos interesamos en la cultura en los diferentes niveles entendamos que al día de hoy no hay discurso alternativo, coherente, sólido, en contra de la violencia”.

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