Sinaloa: El dictador, la prensa y la democracia (editorial Sin embargo/México)


Editorial institucional Sin embargo

Quizás sea bueno decir primero que el Gobernador Mario López Valdez está de pleito con la prensa crítica de Sinaloa. Le molesta. Le turba. Le aplica castigos con el presupuesto para publicidad, por ejemplo, o de plano persigue a sus periodistas. Es el caso de Noroeste, que ha sufrido una campaña de agresiones que llegó, de plano, hasta su director general. Un balazo, nada menos. Un asalto, supuestamente. Nadie lo creyó.

Ahora, el Congreso del Estado aprobó reformas a la Ley Orgánica de la Procu­raduría General de Justicia del Estado en las que limita el trabajo de los medios, que no tendrán ac­ceso a la información de las investigaciones y por ley, ahora, sólo podrán “reportear” con boletines de prensa. Y esos boletines de prensa los debe entregar otro órgano, no dependencia alguna: el de acceso a la información pública. Y siempre y cuando que se cumplan con los requi­sitos marcados por las leyes en materia de transparencia. Es decir: hasta los boletines deberán requerir un trámite burocrático. Los periodistas no tendrán ingreso a los lugares de los hechos, la toma de au­dio, video o fotografía a las personas involucradas en un evento delictivo, ni al mane­jo de información relaciona­da con la seguridad pública o la procuración de justicia. Así. Ningún funcionario de la PGJ podrá dar informes a los medios de comunicación sin autorización expresa del Procurador General de Jus­ticia del Estado o de la uni­dad de acceso. Así.No es una broma. No es Irak o Iran; no es China o Corea del Norte. Es Sinaloa.

El Gobernador Mario López Valdez ha sido a acusado de tener nexos con una parte del crimen organizado. Sus policías han sido acusadas de manipular evidencia y fabricar culpables. Su administración ha sido señalada de agresora de periodistas. Poco se ha aclarado de todo esto. En cambio, en respuesta, llega esta ley.

Los periodistas somos parte de los mecanismos de una democracia. El acceso a la información es una garantía para que esos resortes, la prensa libre, se activen. Ahora los periodistas de Sinaloa deberán esperar boletines en sus oficinas, o caerán en desacato y podrán ir a dar a la cárcel. Mario López Valdez ha construido, para él y para los suyos, un castillo oscuro. Lo habitarán a su antojo. Harán lo que quiera dentro de él. Como un rey, no: como un dictador. Malos tiempos vive Sinaloa. Malos tiempos vive su democracia.

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