La ‘Tutateca’ y la cultura de la colusión; José Carreño Carlón (El Universal)


Por José Carreño Carlón, publicado en El Universal

De lo que se hablaba en la más reciente grabación de Servando Gómez, el delincuente más buscado y más conocido por su apodo: ‘La Tuta’, esta vez en diálogo con un par de periodistas, era de las dificultades para que una empresa informativa publicara una entrevista con el líder criminal, es decir, de los problemas que enfrentaba el fugitivo para definir la agenda de los medios de comunicación.

Y eso es precisamente lo que sí logró esa conversación grabada por el propio criminal, una vez puesta en manos de la conductora de una corporación mediática, inducida por un mensaje del remitente que la estimulaba a publicar el material para dañar a otra empresa, con la que la primera mantiene una antigua rivalidad.

Quien haya sido ese remitente: el propio señor Tuta o quien esté administrado su acervo videográfico –la ‘Tutateca’ como la llamó aquí graciosamente, ayer, Denise Maerker– conoce bien los medios mexicanos y sabe activar los resortes adecuados para colocar mensajes en sus espacios, es decir, conoce el nombre del juego: establecer la agenda de los medios, con miras a definir la agenda pública: los temas de las conversaciones y las discusiones del público, con sus respectivos efectos en las actitudes y los comportamientos de las audiencias.

Poderes mediáticos

Hay aquí varias particularidades a destacar sobre la evolución de las relaciones de los medios mexicanos con los poderes, empezando por el cada vez más claro papel de las empresas mediáticas como poderes, ellas mismas, y ya no sólo como los campos de batalla más o menos ‘neutrales’ en que los poderes dirimen sus intereses y diferencias, a la manera de las llamadas sociedades democráticas de mercado.

Lo que hemos visto en este episodio es un juego más complicado: un medio que utiliza su espacio contra otro medio, azuzado por un definidor primario de la agenda pública, que le envía un material originado en la estrategia de un líder criminal y fabricado en un territorio bajo su control. No hay aquí una investigación periodística, ni una competencia con la empresa rival en el plano informativo: sólo la iniciativa de un poder externo que funge como definidor primario. Y no contra otro actor externo a los medios, sino contra otro medio.

Todo indicaría aquí que estamos ante otra contrahechura de nuestra transición política, complicada por la irrupción de los poderes criminales tanto en los procesos del sistema político mediático. Para decirlo esquemáticamente: en unas cuantas décadas transitamos de un virtual monopolio del poder político, que ejerció un virtual monopolio de la definición de la agenda pública –a través de estructuras materiales de subordinación o colusión con los medio– al desmantelamiento de esas estructuras materiales de colusión que acompañó a las privatizaciones y al achicamiento de la actividad económica del Estado.

Dónde estamos

William Orme fecha este tránsito a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa del siglo pasado, con el agregado de este analista de que a esas estructuras les sobrevivió ‘una cultura de colusión’, título de su libro, publicado en 1995.

Con la transición llegó enseguida la fragmentación del poder político y la concentración del poder en un puñado de grupos empresariales. Y en este trance la cultura de colusión de los medios dejó de asociarse a un solo poder: el poder político cohesionado del viejo régimen, y se abrió a la diversidad de poderes con capacidad de colusión con los medios, surgida en estos años.

Pero todavía faltaba la irrupción de los poderes criminales, con sus propias estrategias de comunicación: dictado brutal de la agenda de los medios en territorios plenamente bajo su control. Y, donde no, técnicas más refinadas de fabricación de parque para batallas informativas, como esta ‘Tutateca’ para ajustes de cuentas en el sistema político-mediático, oportunamente activada en esta temporada de definiciones de poder local y de recomposición corporativa de los grandes poderes de las telecomunicaciones.

Director general del Fondo de Cultura Económica

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