Duarte, el villano favorito de la prensa: Juan Bustillos (Impacto)


Por Juan Bustillos, publicado en Impacto

Lo confieso: Hace tiempo perdí la pista a Javier Duarte; no tengo excusa ni explicación; simplemente perdí interés periodístico en el gobernador de Veracruz.

Quizás se deba a que quedó en medio de un pleito de apellidos famosos de políticos que disputan, con ferocidad, el poder en aquella entidad: Herrera Beltrán, Yunes (en todas sus ramas, familiares y partidistas), etcétera, y como todos son cómplices de lo mismo, y pelean, entre sí, por lo mismo, resulta ocioso ocuparse de ellos.

Lo cierto es que a lo largo de su mandato no ha dejado de ser uno de los villanos favoritos del sexenio por su supuesta traición a su antecesor y creador, Fidel Herrera Beltrán; el adéndum a la Reforma Política por ciertos o falsos manejos de programas asistenciales para ganar votos para el PRI, en complicidad con Rosario Robles; el transporte de 25 millones de pesos en avión para uso político (o periodístico, ¿por qué no?); los asesinatos de periodistas a lo largo y ancho de la entidad por las razones que se quiera, incluso por el trabajo informativo, y, el último caso, el fotoperiodista asesinado en la colonia Narvarte. Falta endosarle el de Orizaba.

Lo vi, muy de cerca, en vísperas de que el PRI lo enviara a gobernar Veracruz y parecía que la entidad y él tendrían un gran futuro, pero de pronto, el mundo, por lo menos el mediático, se le vino encima en cuestión de seguridad; la Marina tomó control de la situación, aunque en justicia debemos decir que Veracruz no es la única entidad en donde las Fuerzas Armadas han suplido a la policía.

Javier Duarte es un buen tema cuando la fauna periodística, llámense columnistas, opinadores, articulistas, intelectuales o lo que sea, carecemos de tema para llenar espacio; le sobra cuerpo para golpearlo, y como no mete las manos, la dificultad es menor.

El problema es que la prensa mundial achaca a Veracruz la mayor cantidad de periodistas asesinados en el país por cualquier razón, en especial el crimen organizado. Se habla de él, y de su gobierno, como si su deporte favorito fuese la caza de periodistas comprometidos en la lucha contra el narco.

Pero como, más allá de las denuncias periodísticas, no hay elementos para asegurar que Duarte sea un asesino de reporteros, lo sano es dejar las investigaciones en manos de la autoridad competente.

Por ejemplo, en la Colonia Narvarte de la capital de la República ocurrió una ejecución múltiple; una de las víctimas fue un fotógrafo de periódico veracruzano y, por esa razón, una legión de organismos preocupados por la seguridad de los periodistas y por los defensores de los derechos humanos volteó la mirada hacia el gobernador, pues, según sus dichos, el periodista abandonó la entidad porque se sentía perseguido, no obstante que nunca interpuso la denuncia correspondiente.

El asunto ha sido tan manoseado que a estas alturas no sabemos si agentes del gobierno veracruzano o sicarios a su servicio ejecutaron a las 5 personas que convivían en el departamento; ignoramos si la escena del crimen era una casa de citas o si los amigos llegaban, se marchaban, regresaban y seguían conviviendo; si las amistades o los clientes aprovecharon la ocasión para robar a la anfitriona y, por alguna razón desconocida, decidieron asesinar a todos los presentes; si estos consumían drogas o sólo platicaban y fumaban un cigarrillo, no mariguana necesariamente; si las víctimas del sexo femenino tenían residuos de semen o no, etcétera.

Nada, sólo la opinión generalizada de que el gobernador Duarte de algo es culpable, no sabemos de qué, pero culpable al fin.

Ayer, Duarte se declaró víctima de un linchamiento “en el que participaron reconocidos escritores e intelectuales”; negó con vehemencia haber asesinado o ordenado la ejecución del fotoperiodista Rubén Espinosa y el de la activista Nadia Vera, o el de las otras personas, incluida la señora de la limpieza que, conforme a las declaraciones de uno de los detenidos, solía decir: “El que ya cogió que se vaya”.

Hasta donde es posible deducir, a partir de los dichos de la Procuraduría del Distrito Federal, el gobernador tiene razón, y lo ocurrido en el departamento de Narvarte no tiene que ver con lo escrito por “reconocidos escritores e intelectuales”.

Pero, por las dudas, el jefe de Gobierno, Miguel Mancera, ya prometió que los periodistas tendremos su protección.

Desde luego que a esos “reconocidos” intelectuales y escritores no les gustará nada la autodefensa de Duarte, pero hasta donde es posible saber, el fotógrafo de prensa Rubén Espinosa no perdió la vida en Narvarte por causas relacionadas con el gobierno veracruzano.

Lo que sigue es que el gobernador emplazara en tribunales a sus linchadores, pero difícilmente lo hará.

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