Ataques mediáticos sospechosos

Por Carlos Ramírez, publicado en El Financiero

Chihuahua se ha convertido en un laboratorio de la nueva estrategia del crimen organizado para minar las bases del Estado: movilizar a grupos sociales contra el Ejército, a fin de sacarlo de la entidad y con ello entregar la plaza al narco y quebrar la soberanía del Estado.

Asimismo, Chihuahua estaría evidenciando el uso de tácticas de la guerrilla para la lucha política o la guerra de posiciones por parte del crimen organizado para deslegitimar la autoridad del Estado: atacar la presencia del ejército en la lucha contra el narco por la bandera de los derechos humanos.

Pero la salida del ejército de Chihuahua y sobre todo de Ciudad Juárez representaría la derrota del Estado para mantener el control de la República o para ejercer el monopolio de la fuerza o para defender la soberanía del Estado. Lo extraño es que las protestas contra el ejército se centran en unos casos, pero nada dicen de la acción violenta del crimen organizado contra la sociedad. El mensaje es brutal: grupos sociales prefieren vivir con el narco.

Lo que falta por aclarar es si el crimen organizado ha decidido leer y procesar políticamente las estrategias de la guerrilla o si el país se enfrenta a una peligrosa alianza de la guerrilla y el narcotráfico, un hecho evidente que ocurrió en Colombia y que comienza a manifestarse en algunas zonas de la República.

Ante las evidencias de una penetración de las policías por el crimen organizado y del acotamiento de la acción policiaca contra las rebeliones sociales -de Oaxaca a Atenco, pasando por la decidida paralización policiaca en el DF-, la intención de atarle las manos al Estado tendría el objetivo de permitir la consolidación de las actividades de grupos ilegales, desde narcos hasta delincuentes comunes, pasando por los grupos guerrilleros.

No se trata de una tesis policiaca sino de un objetivo de lucha política, por ejemplo, del EPR, el principal grupo guerrillero activo, responsable de dos atentados terroristas contra instalaciones petroleras y víctima de la desaparición de dos de sus comandantes por el conflicto de la APPO en Oaxaca en 2006. En su documento Nuestra estrategia y táctica militar. Las enseñanzas del marxismo, de julio de 2001, el EPR establece con claridad lo siguiente:

“Para derrotar política y militarmente a la burguesía mexicana, es necesario destruir su columna vertebral, el ejército mexicano, para imponerle la voluntad popular. La toma del poder político está ligada a la confrontación militar, dado que la burguesía mexicana no está dispuesta a dejar el poder que detenta.”

Además, en el Programa Político del Partido Revolucionario Popular Revolucionario, de enero de 2000, el EPR plantea otra meta:

“Cese a la militarización del país, no a la injerencia del ejército en la vida civil y (no) al control policiaco militar de la población -razzias, retenes, filmaciones, cateos, puestos de control, curp, cédula de identidad-, así como el retorno del ejército a sus cuarteles.”

Y en su “Estrategia de Masas. Historia de la Lucha Popular”, de enero de 2001, el EPR fija otros objetivos:

“11.- Denunciar la represión sistemática en contra de los luchadores sociales y pueblo inconforme. 12.- Denunciar la represión y militarización por parte del ejército en las zonas donde existe. 13.- Ir creando brigadas de autodefensa en el seno de las movilizaciones de las masas. 14.- Difundir las movilizaciones de los diferentes sectores populares y apoyarlos en función de la unidad. 15.- Difundir a nivel nacional los movimientos de huelgas, tomas de tierras, así como movimientos de inconformidad y el espíritu revolucionario de los diferentes sectores y de la juventud. 17.- Apoyar la lucha revolucionaria, denunciando la guerra de baja intensidad en su contra y difundiendo el objetivo final de nuestra lucha: el socialismo.”

Esta estrategia se podría caracterizar, a decir de expertos en asuntos de seguridad nacional, como “ataques mediáticos” en contra de la policía y el ejército para paralizar la acción del Estado contra grupos rebelados contra el Estado y su fuerza institucional. En este escenario también se puede incluir la acción de grupos sociales que acusan al ejército de violar los derechos humanos en la lucha contra el crimen organizado, pero dejando a la sociedad sin capacidad de defensa ante la ola de violencia criminal. Si el ejército sale de Ciudad Juárez y de Chihuahua, esa plaza quedará bajo control de los grupos del crimen organizado. La existencia de narco y de picaderos en Ciudad Juárez y las amenazas contra la policía municipal son delitos más graves porque destruyen las bases de la sociedad.

Las movilizaciones sociales contra el ejército -los Tapados en Monterrey o las quejas contra los militares que luchan contra el crimen organizado en otras ciudades- se localizan en el contexto de la estrategia de lucha guerrillera para destruir al Estado. Lo que aún no queda claro es si en las organizaciones del narco existen cuadros intelectuales que estén trasladando las tácticas en su beneficio o se realmente existe una alianza orgánica entre alguna guerrilla con el narco porque al final sus objetivos son similares, como ocurrió en Colombia con la narcoguerrilla de las FARC.

Al final de cuentas, el enemigo de la sociedad no es el Ejército que lucha contra el crimen organizado sino las bandas de narcotraficantes que idiotizan a las personas con su droga.

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Periodistas reprueban actuación de fiscalía

Por Jorge Alejandro Medellín, publicado en El Universal

Los periodistas Darío Ramírez, Sanjuana Martínez y Javier Solórzano presentaron el informe Discurso sin resultados, (www.libertad-expresion.org.mx), en el que se revisa la actuación de la Fiscalía Especial para la Atención de Delitos Cometidos contra Periodistas (FEADP), a la que ubican como ineficiente, con una estructura orgánica muy limitada, carente de recursos materiales y humanos, y constreñida por la inexistencia en los códigos penales del delito de “atentados a la libertad de expresión”.

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Atentado

Héctor Aguilar Camín, Milenio

 

Todo el que conoce algo de las guerras del narco colombiano contra sus gobiernos sabe que la secuencia fue progresiva. Dispararon primero a policías y soldados, luego a jueces, luego a periodistas locales, luego a procuradores, luego a dueños de grandes medios de difusión, luego a candidatos presidenciales.

El atentado contra Televisa Monterrey atribuido al narco parecería un peldaño de esa escalera. La historia de ejecuciones de periodistas y de atentados contra diarios dista de ser trivial. Cito un recuento de Leo Zuckermann: Sigue leyendo “Atentado”

López Dóriga critica falta de solidaridad ante la muerte de Alejandro Fonseca. (Entrevista)

Joaquín López Dóriga (R. Fórmula) lamentó que hasta este jueves no haya escuchado muchas reacciones por el asesinato de Alejandro Fonseca. Consideró que la forma en que murió este locutor demuestra una cosa: Que sólo el crimen organizado puede colocar mantas sobre la violencia en México, punto. Es su exclusiva. El que se atreve se muere. Sigue leyendo “López Dóriga critica falta de solidaridad ante la muerte de Alejandro Fonseca. (Entrevista)”