Colombia Acuerdo para la Discreción 4nov1999

Medios de comunicación y gobernabilidad

Germán Ortiz Leiva *

El preocupante y cada vez más penetrante escepticismo hacia los medios masivos de comunicación de Colombia, unido a una aparente desestimación de los diversos sectores sociales por considerar las empresas informativas como reproductoras e incluso causantes de una violencia social desbordada, ha impulsado a diversas instancias del país, como en el caso de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de La Sabana, a fortalecer espacios de estudio y análisis para conocer cómo laboran y qué rutinas periodísticas manejan los comunicadores al interior de salas de redacción de periódicos y estaciones de radio y televisión, para entender el efecto mediático político y social, y sus consecuencias en la guía democrática de la comunidad.

Las crisis diversas que se aluden al interior de los medios, se evidencian entre otras formas por ejemplo, cuando el país ocupa por octava vez consecutiva el primer lugar en el número de periodistas asesinados en el mundo. Cuatro de ellos fueron abatidos en 1998 en el ejercicio de su profesión o por sus opiniones, y tres más asesinados sin que se conozcan aún las razones. En diez años en Colombia han sido asesinados cuarenta y siete periodistas. Por lo general, la responsabilidad de estos crímenes incumbe a las guerrillas, a los grupos paramilitares o a agentes ilegítimos en nombre del Estado.

Por otro lado, y en diversos estudios de opinión pública, se denota una crítica a la calidad de la información que en general presentan todas las empresas informativas del país y en particular cuando se trata de violencia y terrorismo. Al respecto y con relación al proceso de paz llevado a cabo con las guerrillas de comienzos de los años ochenta, ya se reconocía que en lo referente al desarme de los espíritus como deber primordial de la prensa y en el momento señalado, se consideraba que su contribución no siempre se vio alinderada en el costado de los defensores del proceso.

Son apenas algunos elementos que matizan un viejo debate que no es exclusivo de Colombia, pero que indudablemente afecta a un país como el nuestro, en donde el libre ejercicio de informar en torno de sus problemáticas, se convierten en imprescindibles por cuanto su sistema democrático se sustenta precisamente en el conocerse y conocer sus asuntos al interior de la sociedad y en el ver cómo se intentan resolver por cuenta de los dirigentes con la anuencia de la participación del ciudadano corriente.

En este sentido, la comunidad académica de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de La Sabana, está convencida de la urgente necesidad de entrar a pensar diversas opciones para mejorar los estándares informativos y la calidad profesional de directores de medios, redactores y reporteros quienes tienen la obligación profesional de informar sobre lo que está pasando. Por eso, desde el cuatro de noviembre del año pasado, convocó a los directores de medios a firmar un acuerdo que de alguna manera recogía distintos principios, para tenerse en cuenta en las informaciones generadas alrededor de la guerra que se libra en Colombia.

Este pacto denominado Acuerdo por la Discreción, fue el resultado de una propuesta base hecha por el cuerpo de profesores de la Facultad a los distintos medios, para que al interior de ellos la reflexión final dejara plasmado un convenio, con el compromiso de cumplirse en procura de mejorar la calidad informativa y la credibilidad en la tarea profesional del periodismo colombiano.

Comunicación y violencia: dos términos en contraposición

Viejo es el debate acerca del papel socializador de los medios de comunicación, el cual se equipara en importancia al que cumplen de igual manera la familia y la escuela. De ahí que se afirme que los medios masivos de comunicación antes que informadores de los hechos, son formadores de opinión pública, lo que admite un alto compromiso social.

Conscientes de la rudeza que envuelve los hechos de violencia en Colombia y la incidencia que ello supone en el manejo de los contenidos periodísticos, hemos decidido trabajar de manera permanente desde la Academia, en la consolidación de la llamada responsabilidad y objetividad periodísticas, entendidas en primer lugar como la información como valor social y público cuya responsabilidad radica directamente en la tarea del informador, y la segunda no sólo como la transmisión de hechos y opiniones de los actores involucrados en el conflicto, sino también como el interés del periodismo por desarrollar un contexto que desborde la simple facticidad de la compleja realidad nacional colombiana.

De ahí que la Constitución Política colombiana reconozca en su capítulo de derechos fundamentales, el de informar y recibir información, veraz e imparcialmente. Se alude también al de la responsabilidad social en el oficio, al mismo tiempo que se aclara que no hará censura. En gran medida se conserva la idea de la constitución anterior de 1886 en el principio constitucional de que la libertad de prensa coexiste con el sentido de responsabilidad.

En este punto vale la pena recordar la recomendación más importante de la Comisión Hutchins sobre la Libertad de Prensa creada en los Estados Unidos en 1947: “ya no es bastante informar verdaderamente sobre el hecho. Ahora es necesario informar sobre la verdad del hecho”. En Colombia desgraciadamente por el afán por mantener audiencia, se ha conducido a medios y periodistas a ser víctimas directas del “síndrome de la chiva”. En muchas ocasiones el tiempo para emitir la información dentro del medio es tan corto e inaplazable, que no hay espacio para su reflexión y medición del posible impacto al interior de la comunidad. De ahí que rumores e informaciones infundadas llevadas al conocimiento de la opinión pública, vayan en detrimento del buen funcionamiento profesional de las empresas informativas colombianas y de la propia calidad de vida de los colombianos.

En un momento como el que vive hoy el país, con uno de los índices más altos de violencia ciudadana sobre el planeta, el papel de los medios de comunicación como moderadores o exacerbadores de los estados de ánimo, es fundamental. Por eso es necesario para directores de medios y reporteros, tener criterios claros y profesionales sobre las transmisiones en directo, en particular las relacionadas con orden público, porque el tremendismo que puede desatar la propia naturaleza de los hechos, origina mayor desconcierto y confusión, de una opinión muy vulnerable a las acciones violentas y a la incapacidad del Estado por contenerlas.

En particular muchos de los actos llevados a cabo por los actores armados, son realizados para llamar la atención de los distintos sectores de la opinión pública. En este sentido, los medios de comunicación en determinado momento, se convierten en el más efectivo canal de propaganda de quienes desafían abiertamente la presencia del Estado y su uso legítimo de la fuerza.

La interrupción de las emisiones regulares para dar boletines de última hora con informaciones “blandas” con la idea de convertirlas en noticias “duras”, alimenta la incertidumbre que se percibe en el ciudadano agobiado por la cantidad de información en muchos casos violenta, que se genera en el país.

Por su parte, la permanente sobredimensión de los hechos, que conforman parte de la espiral de noticias negativas que envuelven de manera diaria a los colombianos, afecta negativamente el propio compromiso de los medios por informar. El suceso de hoy, es más grave que el de la semana pasada, y quizás menos que el de los próximos días. Esto oculta paradójicamente la gravedad misma de los hechos y produce, un efecto contrapuesto al compromiso de la sociedad por resolver sus asuntos. De esta manera, los hechos periodísticos caen corrientemente, en algo así como en una “consciencia de olvido”.

Un Observatorio de Medios para Colombia

Nadie pone en duda la importancia que tienen los medios de comunicación en las sociedades contemporáneas. A través de ellos se adquiere la mayoría de la información que conforma el conocimiento, recurso básico en la sociedad contemporánea. Es por su conducto que se realizan hoy las grandes operaciones económicas; y, en periodos de crisis de las instituciones sociales tradicionales básicas, ellos aparecen en no pocas ocasiones como centro de la sociedad, pues la información se presenta en la actualidad como rectora de las decisiones en casi todas las esferas sociales.

Lo anterior, aunado a la acumulación de nuevas técnicas de almacenamiento y distribución de informaciones, ha multiplicado el consumo de los medios de comunicación para toda clase de usuarios, que de manera gradual evolucionan de receptores masivos a espectadores individuales que eligen particularmente los servicios. Una correcta elección, en medio del diluvio informativo, es consecuencia de diversos factores, pero entre ellos puede ser determinante la guía que ofrezcan los resultados de un atento y cuidadoso seguimiento evaluativo del trabajo de los medios de comunicación, como el que efectúa un observatorio precisamente de medios.

Los medios pertenecen mayoritariamente a empresas privadas cuyas decisiones responden de modo legítimo a los designios de sus accionistas o representantes. No obstante, los medios, en su función informativa, constituyen un servicio público, con garantías y privilegios específicos previstos en varios artículos de la Constitución, que presuponen imperiosas contrapartidas en materia de deberes y responsabilidades de los comunicadores y de las empresas informativas.

El Observatorio busca contribuir a establecer parámetros que sirvan para verificar el cumplimiento de esos deberes periodísticos que incentivan la convivencia ciudadana y el funcionamiento de la sociedad dentro de un orden conveniente. En una democracia participativa, es decir, aquella que integra un conjunto de organizaciones y comunidades con el fin de incidir en la toma de decisiones y en la definición y el control de las políticas públicas, el Observatorio puede constituirse en un auténtico mediador entre medios y sociedad, aumentando un espacio social, hasta ahora prácticamente vacío, pues la ciudadanía ha sido convertida en un conjunto de consumidores representados de modo ficticio por sondeos de opinión que emplean muchas veces metodologías cuantitivas, necesariamente reduccionistas, y con matices que muchas veces no representan los valores sociales más importantes de la comunidad.

Construir la gobernabilidad a través de los medios

Aunque no es el objeto de este ensayo tratar de manera directa el asunto de la gobernabilidad y sus implicaciones, en las decisiones políticas de gobernantes y líderes sociales, es necesario aludir a varios aspectos que comprometen el papel y la función social de los Mass Media.

Hasta hace unas décadas a los medios masivos de comunicación acaso se les reconocía un papel intermediador entre realidad social y comunidad. Sin embargo, y con el paso de las diversas investigaciones sobre fenómenos de masas, ese papel se ha desplazado hasta el punto de darle a los mismos, una tarea de gran relevancia social, porque son ellos quienes actúan en el marco del sistema social, como reguladores e intermediadores de la información que se necesita para el funcionamiento del sistema en general. En otras palabras, cambios y transformaciones sistémicas, solo se pueden dar a través de un flujo claro y sin ruidos de la información, llámese del conocimiento, del reconocimiento, que los medios masivos de comunicación social puedan hacer de su propia comunidad.

Si ha comienzos de los años ochenta en Europa se inician los estudios de gobernabilidad para repensar el tamaño y la función del estado benefactor clásico, y de esta manera mejorar su capacidad de guía y liderazgo al interior de sus sociedades políticas, hoy se hace necesario ver cómo los medios reproducen y en muchos casos generan espacios de convivencia distintos, en los cuales la legitimidad y aceptabilidad de la comunidad serán necesarias para el buen funcionamiento del régimen y el logro de metas que beneficien a la mayor cantidad de ciudadanos.

Es un asunto que apenas comienza a tener sentido para los académicos en muchos lugares del mundo. Es la verdadera dimensión de lo que se ha dado a llamar la Sociedad de la Información. En la cual y para una complejidad de entendimiento mayor, la noción de comunicación abarca una multitud de sentidos. La proliferación de las tecnologías y la profesionalización de las prácticas no han hecho sino sumar nuevas voces a esta polifonía en un final de siglo que hace de la comunicación la figura emblemática de las sociedades del tercer milenio.

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ACUERDO POR LA DISCRECION

(Fue firmado en su momento por 35 directores de medios de todo el país, en Santafé de Bogotá, noviembre 4 de 1999.)

Sobre la difusión de hechos violentos

Conscientes de la responsabilidad social de nuestro oficio, los profesionales de los Medios de Comunicación de Colombia nos comprometemos con este Acuerdo por la Discreción, porque queremos contribuir al logro de la paz, al respeto de la vida y a la búsqueda del bien común.

El cubrimiento informativo de actos violentos – ataques contra las poblaciones, masacres, secuestros y combates entre los bandos- será veraz, responsable y equilibrado. Para cumplir con este propósito, cada medio definirá normas de actuación profesional que fomenten el periodismo de calidad y beneficien a su público.

No presentaremos rumores como si fueran hechos. La exactitud, que implica ponerlos en contexto, debe primar sobre la rapidez.

Fijaremos criterios claros sobre las transmisiones en directo, con el fin de mejorar la calidad de esa información y evitar que el medio sea manipulado por los violentos.

Por razones éticas y de responsabilidad social no presionaremos periodísticamente a los familiares de las víctimas de hechos violentos.

Estableceremos criterios de difusión y publicación de imágenes y fotografías que puedan generar repulsión en el público, contagio con la violencia o indiferencia ante ésta.

Respetaremos y fomentaremos el pluralismo ideológico, doctrinario y político. Utilizaremos expresiones que contribuyan a la convivencia entre los colombianos.

Preferimos perder una noticia antes que una vida

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